CARLOS JULIO PEREYRA

"Hay un clima de intolerancia de parte del gobierno que preocupa"

El ex senador y candidato presidencial blanco Carlos Julio Pereyra se alinea claramente con Luis Lacalle Pou, quisiera reconstruir el Movimiento de Rocha y reivindica el rol de los partidos fuertes y de los políticos.

Considera que las crisis políticas y económicas se pueden superar, pero que resulta difícil superar la crisis de valores que percibe. En el apartamento de Pocitos en el que vive desde hace más de 40 años repasó episodios de su extensa trayectoria y analizó la situación del país que sigue atentamente. Cuestiona al gobierno, pero asegura que un eventual gobierno blanco será pragmático y no cambiará todo lo que reciba.

—¿ Cuál es el recuerdo más lindo de su carrera política? ¿La fundación del Movimiento de Rocha, la campaña de 1971?

—El momento más lindo fue la campaña electoral de 1971, con Wilson Ferreira, porque en aquel momento se despertó en el partido un hálito de renovación y de esperanza.

—¿Cómo surgió la idea de que usted acompañara a Wilson?

—Fue una decisión de Wilson. No hubo un pacto expreso. Se había formado un clima favorable a la unión de nuestros dos nombres a raíz de las interpelaciones que habíamos llevado a cabo en las que habíamos coincidido en los planteamientos. A Wilson se le había sugerido por parte de sus allegados que lo mejor era una fórmula en la cual el vicepresidente viniera del sector herrerista. Tanto Wilson como yo habíamos nacido en el nacionalismo independiente. A Wilson no le pareció que una fórmula así hubiera tenido tanta fuerza frente al clima que se había creado. No me dio mayores explicaciones. En el corredor del Palacio (Legislativo) me encontró caminando y me dijo: "tengo que decirte algo y como no soy amigo de protocolos, te planteo que quiero que seas mi candidato a la vicepresidencia". Lo trasladé a mis amigos políticos y se materializó.

—¿Usted cree que hubo fraude en 1971?

—Nunca quedó totalmente demostrado. Quedaron indicios para sospechar algo de eso. En el momento en que en el departamento de Canelones y en algunos circuitos de Montevideo aparecen más votos que votantes... Nunca se contaron. Es imposible decir si hubo fraude en tal o cual mesa. A nuestro juicio, la Corte Electoral no investigó suficientemente.

—¿Sintió miedo por su integridad durante la dictadura?

—Sí. Cuando a mi casa llamaban por teléfono y teníamos la certeza de que nos grababan las conversaciones. Cuando teníamos la vigilancia en la puerta de nuestra casa y en los lugares a los que acostumbrábamos a ir. Cuando éramos detenidos a raíz de conversaciones políticas que teníamos en pequeñas ruedas de compañeros. El Uruguay todo tenía miedo.

—¿Cómo recuerda el episodio de las botellas de vino envenenado que causó la muerte de Cecilia Fontana de Heber (madre del senador Luis Heber)?

—Fue un hecho totalmente imprevisto que solo se encuentra en aquellos asesinatos que planeaban los Borgia en el siglo XV. Nunca pensamos que las botellas tuvieran veneno. Si usted recibe una botella de vino, quiere saber quién se le manda. Si se la mandaban en forma anónima, en aquella época usted sospechaba y más con una leyenda, de tipo político, que decía "para celebrar la iniciación de una nueva etapa en el país"... Pero éramos bastante ingenuos. Había aquí esa noche que entregaron las botellas, en este apartamento, una reunión con 10 o 12 dirigentes. Empezamos a pensar qué sentido tenía un regalo anónimo. Alguien sugirió tomarla pero no daba la cantidad. Todos tomamos la decisión de no abrir la botella. ¿Quién podía creer en Uruguay, a pesar de que existía una dictadura, que contra tres ciudadanos políticos, que no tenían una actitud de violencia, se iba a utilizar un instrumento tan deleznable? La señora de Mario Heber evidentemente no creyó.

—32 años después: ¿cómo evalúa el pacto del Club Naval?

—Evidentemente era imposible concurrir a un acuerdo con representantes de un gobierno que tenía preso al principal dirigente del partido. Lo digo con respeto, pero creo que ahí se habló del perdón para los excesos que se habían cometido que dio origen a que el presidente (Julio) Sanguinetti enviara un proyecto de amnistía que no fue aprobado. El Partido Nacional presentó luego un proyecto distinto y finalmente aparece la ley llamada de Caducidad. En una discusión que hubo en la Casa de Gobierno, presidida por Sanguinetti, a la que asistieron los tres comandantes en jefe y todos los partidos políticos, surgió que los militares reclamaban protección para su gente. No hubo una respuesta. Se preguntó. "¿Eso no fue tratado en el Club Naval?" Sanguinetti dijo que, si bien había estado presente de alguna manera en las conversaciones, no se había pactado nada, cosa que ratificó el general Líber Seregni. El general Hugo Medina dijo que efectivamente no se había pactado, pero que ellos habían sobre entendido que habría una "protección para nuestra gente", que fue la expresión que usó. Terminó su presentación con esta expresión que recuerdo textualmente "nadie entrega todo contra nada". Lo cual me hace pensar que quedó sobre entendido.

—¿Cómo quedó su relación con Wilson tras la ley de Caducidad, que usted no acompañó y él sí?

—Apenas terminó la reunión en el Directorio le transmití a Wilson que no iba a votar. No hubo una reacción dura de Wilson. Lo único que me dijo fue que "yo creo que este voto separado le hace mal al partido". Y nada más. No hubo ninguna ruptura de relación. Wilson propuso que yo fuera vicepresidente del Directorio.

—Cuando el Partido Nacional ganó, su sector quedó en minoría y triunfó otro más liberal en lo económico. ¿Qué evaluación hace del gobierno de Luis Alberto Lacalle?

—Habíamos tenido distintas posiciones pero habíamos votado bajo el lema Partido Nacional. Si yo me había amparado en el lema no podía restarle apoyo. Hubiera sido un acto de traición. Discutimos los cinco años. Yo iba todos los martes a Casa de Gobierno con Gonzalo Aguirre y allí conversábamos. En algunos aspectos fue bueno. Una muestra clarísima fue la importancia que adquirió el puerto de Montevideo, con la Ley de Puertos. La iniciativa de dar participación a los privados en la financiación de las empresas públicas hoy lo está pregonando el Frente Amplio, cuando antes se opuso tenazmente.

— ¿Qué necesita el Partido Nacional para alcanzar la Presidencia en las elecciones de 2019?

—Yo creo que está en condiciones de ganar. Lo que necesita es evitar los enfrentamientos entre los dirigentes importantes. Y si es posible evitar la lucha dura en la interna, que desgasta mucho.

— ¿Qué le preocupa del Uruguay hoy?

—Todo. Me preocupa que haya gobernantes que digan que el fin justifica los medios y que lo político está sobre lo jurídico, porque es desconocer el espíritu de la democracia. Cuando alguien quiere controlar, se dice que se atenta contra la estabilidad institucional. Las funciones de contralor están claramente fijadas por la Constitución. (...) Hay un clima de intolerancia que parte del gobierno, que me preocupa porque la tolerancia es esencial para la paz social. (...) La enseñanza no puede dogmatizar. El estudiante va a actuar mañana. Hay que prepararlo para que tenga los instrumentos necesarios para que encuentre la solución por sí mismo. Los partidos totalitarios dan el problema resuelto (...) Los actuales gobernantes creen que el Estado puede, planificarlo todo, hacerlo todo. Eso sabemos que termina por mellar las libertades. Es un camino peligroso. El Partido Nacional es un partido de evolución. Si llega al gobierno no va a deshacer todo lo hecho. Tendrá pragmatismo.

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