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Hartos de las balas y del miedo

Mauricio G. manejaba un camión de una empresa de distribución de agua mineral. En el último mes fue asaltado tres veces en el barrio Maracaná por rapiñeros en motos. En dos asaltos le colocaron una pistola en la cabeza.

Foto: Ariel Colmegna
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Manifestación de FOEB frente al Parlamento. Foto: Ariel Colmegna
Manifestación de FOEB frente al Parlamento. Foto: Ariel Colmegna
Movilización del sindicato de la bebida por más seguridad. Foto: Ariel Colmegna
Movilización del sindicato de la bebida por más seguridad. Foto: Ariel Colmegna
La bebida es de los sectores más castigados por la delincuencia. Foto: F. Flores
La bebida es de los sectores más castigados por la delincuencia. Foto: F. Flores

Mauricio habló con su señora sobre las rapiñas. Ésta le dijo que, tarde o temprano, iba a terminar con un tiro en la cabeza y que debía pensar en que tenía hijos pequeños. Mauricio renunció a su trabajo.

El chofer Luis Caballero, de una empresa que reparte refrescos y cervezas, se detuvo en la esquina de Pasteur y Lucrecio (Barrio Peñarol) porque se había pasado de un cliente. Antes de que pudiera hacer cualquier maniobra, lo interceptó una moto. El acompañante de la moto le apuntó a la cabeza a él y a su acompañante. "Nos hizo bajar del camión y tirarnos al piso. Como no había mucha plata, me tiró un tiro", dijo Caballero. Desde el suelo, el chofer le entregó la riñonera con más dinero al asaltante. En ese momento Caballero descubrió que el disparo había impactado en la riñonera y que, por poco, no le dio en el abdomen.

Hace dos semanas, Roberto Brasesco, chofer de un reparto de bebidas, estacionó frente a un comercio en el barrio La Teja. De repente, dos asaltantes en moto lo apuntaron con un arma. Uno de los rapiñeros obligó al acompañante de Brasesco a que se tirara al piso. Luego lo apretó contra el suelo con el revólver apuntándole a la cabeza. "Salí corriendo del camión y les grité que tenía la plata. Fue una locura, pero yo quería que dejaran tranquilo al pibe", dijo Brasesco. El delincuente le advirtió: "Si corrés te tiro, viejo". Uno de los rapiñeros se acercó y Brasesco le dio el fajo de dinero.

Diego Montegirfo, fletero de una empresa que distribuye refrescos, cree que el asalto que sufrió fue entregado por un comerciante del barrio Peñarol. "Él siempre compraba tres cajones y ese día compró 15", dijo. La historia de Montegirfo es muy similar a otros atracos: dos individuos se acercaron en moto y el acompañante lo apuntó con un arma. Luego le dijo: "Dame toda la plata".

Los cuatro repartidores de bebidas consultados participaron ayer de una concentración en el Palacio Legislativo de camiones distribuidores de cervezas y refrescos en reclamo de más seguridad en el sector. Los asaltos que sufrieron se repiten casi como un calco en las calles montevideanas.

La movilización, que fue acompañada de un paro decretado por la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida, contó con una parte discursiva donde el dirigente de dicho gremio, Richard Read, criticó a las fábricas de bebidas por no adoptar medidas que protejan a los trabajadores. En el sector, en los últimos 40 días, hubo 22 asaltos, una de las últimas rapiñas fue con cruce de balas entre los delincuentes y un guardia, dijo Read.

Estrategias.

La gran mayoría de los distribuidores de bebidas sufrieron un asalto o les robaron fundas cuando se detuvieron frente a un semáforo o se encontraban detenidos ante un comercio ubicado en una "zona roja" de Montevideo.

Todos ellos saben que los delincuentes utilizan motos para emboscar a los camiones y luego huir con mayor facilidad. Por eso los repartidores adoptan estrategias cuando ven que son seguidos por motos: no se detienen frente al cliente, dan la vuelta a la manzana o doblan en la primera esquina.

Después de años en las calles, los repartidores de cervezas y refrescos también saben cuáles son los horarios en que pueden entrar con menor riesgos a las zonas rojas. Generalmente los repartos de bebidas se efectúan entre las 8 de la mañana y las 14 horas.

"Después de esa hora, el riesgo de ser asaltado crece. Los chorros se despiertan y salen desesperados a robar lo que pueden", dijo Rodolfo Martín, chofer de un camión que reparte cervezas. "Si no encuentran un camión cerca de donde viven, salen a recorrer todo Montevideo hasta concretar un asalto", agregó el repartidor.

Algunas empresas decidieron colocar un guardia de seguridad que acompañe al chofer y a los dos peones en los recorridos que incluyan "zonas rojas". Sin embargo, los rapiñeros realizan trabajos de "inteligencia" y no asaltan aquellos camiones que se desplazan con cuatro personas en las cabinas y sí lo hacen cuando ven que son tres los repartidores. Las estrategias de los repartidores pueden evitar algunos atracos. Pero no logran calmar el temor y la ansiedad ante el riesgo de sufrir un nuevo asalto cada vez que comienzan su jornada laboral. Inseguridad, distribuidores de bebidas, concentración en Palacio Legislativo, rapiñas

Read: "Se está militarizando el reparto".

El presidente de la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida, Richard Read, llamó ayer a las empresas fabricantes de bebidas a que adopten medidas para sacar el dinero de los camiones distribuidores.

En un discurso efectuado durante una concentración de camiones alrededor del Palacio Legislativo, el gremialista dijo: "Vivimos en una sociedad violenta. Hoy el chorro saca, tira y mata por $ 50. También hay una responsabilidad del Estado en otorgar seguridad pública".

Señaló que el trabajo del chofer y de sus dos acompañantes son cargar cajones de bebidas y "no esquivar balas". Llamó a las empresas a invertir "una ínfima parte" de dinero que destina a publicitar sus marcas, a buscar una medida que quite el dinero de arriba del camión. "Eso es lo que atrae al delincuente", dijo."No queremos contar muertos. Si tenemos uno, vamos a denunciar a la empresa donde éste trabajaba", dijo.

En una entrevista concedida ayer a El País TV, Read dijo que "se está militarizando el reparto porque el otro día (un guarida) repelió una rapiña a tiros".

OPINANLOS FLETEROS.

Fernando Viera."Ves a una moto cerca y prestás mucha atención.

"Me asaltaron hace dos años en Nuevo París. Fue a mano armada. Yo estaba con un acompañante frente a un comercio de un cliente. Uno de los delincuentes me pidió el dinero mientras me apuntaba con un revólver. Luego que se fueron salimos corriendo hacia dentro del comercio. Ellos quedaron rondando y teníamos miedo de que volvieran. Después de eso, se sale con miedo a trabajar. Ves a las motos y te ponés atento. Capaz que son personas trabajadoras. Pero los rapiñeros siempre usan motos y eso es lo que te hace tomar medidas. La inseguridad lleva a que te subas al camión y te pongas nervioso".

"Roberto Brasesco."Se escaparon a toda velocidad".

"Vi que pasaron dos parejas en dos motos. Dejaron a las mujeres y volvieron. Los dos tenían armas. Sabían que no teníamos un guardia porque solo éramos tres. Uno de ellos apuntó a mi acompañante y el otro a mí. A mi compañero, que es un botija joven, lo hicieron tirarse al suelo. Salí corriendo y les mostré que la plata estaba en mi bolsillo. Yo palmeaba el bolsillo. Ellos entendieron la seña y dejaron al botija. Entonces les di el dinero. Después los vimos pasar a alta velocidad por Carlos María Ramírez".

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