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Hallaron gliptodonte gigante en cementerio prehistórico

Un paleontólogo realizó en Cerro Largo un nuevo hallazgo de restos de un gliptodonte, un animal de gran porte que vivió en la zona hace unos 10.000 años.

Hay huellas de que en la prehistoria corría un río que concentraba a los animales. Foto: N. Araújo.
Hay huellas de que en la prehistoria corría un río que concentraba a los animales. Foto: N. Araújo.
Expertos estiman que junto a este río, animales de la prehistoria habitaban el lugar.
Expertos estiman que junto a este río, animales de la prehistoria habitaban el lugar.
Foto: N. Araújo .
Foto: N. Araújo .
Foto: Néstor Araújo.
Foto: Néstor Araújo.
Los gliptodontes fueron mamíferos que vivieron en América, parecidos a tatúes, pero gigantes.
Los gliptodontes fueron mamíferos que vivieron en América, parecidos a tatúes, pero gigantes.
Foto: Néstor Araújo.
Foto: Néstor Araújo.
Ya se hallaron varias especies de animales que habitaron en la prehistoria. Foto: N. Araújo.
Ya se hallaron varias especies de animales que habitaron en la prehistoria. Foto: N. Araújo.

Se trata de un mamífero prehistórico de gran tamaño y con el cuerpo protegido por grandes placas óseas fusionadas. Por sus características, se lo reconoce como un antepasado de la mulita, que vivió en América a fines de la era terciaria y a principios de la cuaternaria.

Con apoyo de la Intendencia de Cerro Largo, un equipo de especialistas viene trabajando en el lugar del hallazgo cerca de Aceguá, sobre la frontera con Brasil. Consideran que en la zona habitó una megafauna, por la gran cantidad de fósiles que han sido encontrados en los últimos años.

Fue el paleontólogo Marcos Sosa Cantera quien, luego de concurrir con un grupo de maestras al lugar para hacer una prueba de campo, se encontró con la caparazón y otros huesos del gliptodonte. Se trata de piezas óseas de especímenes de megafauna, animales que superaban los tres metros de largo y los 1.000 kilogramos. Según el experto, son varios los restos que han aparecido en este lugar en el que corría un río que era motivo de concentración de los animales.

De acuerdo a los datos primarios aportados por Sosa Cantera, hay "hasta el momento, en el departamento de Cerro Largo, un hallazgo de restos del extinto Lestodonte". Sin embargo en las últimas horas la sorpresa fue grande al encontrarse con el caparazón de un gliptodonte.

Un equipo acampó en el lugar para la extracción de la pieza y se estima que debajo de la carcasa podría estar la cabeza y el resto de los huesos, lo que lo transformaría en el principal hallazgo de su tipo en el departamento.

Los restos fueron hallados en barrancas fosilíferas, en un campo de Cerro Largo, donde al parecer habitó una megafauna de animales de estas características. El gliptodonte fue un mamífero prehistórico del mismo orden que el armadillo y el perezoso, de gran tamaño y con el cuerpo protegido por un caparazón, que se alimentaba de vegetales e insectos.

"En tiempos de mucha lluvia, el agua va lavando las barrancas de las cañadas. En sus sedimentos encontramos varios restos fósiles, entre ellos, de Toxodon, Glyptodon y de mylodontidos", dijo Marcos Sosa, quien está trabajando cercanías de Aceguá desde hace una semana.

"Logramos encontrar una rama mandibular superior derecha de un perezoso fallecido a temprana edad. Es el ejemplar más joven de este género que habitó estos suelos hace alrededor de diez mil años", sostuvo, agregando que "encontramos además un gran número de restos fósiles, entre ellos de lestodonte".

Antecedentes.

En junio del año 2007, en la misma zona de los hallazgos de Cerro Largo, otro trabajador de un establecimiento rural encontró por casualidad varios fragmentos de mamíferos prehistóricos que desaparecieron hace 10.000 años.

El hallazgo ocurrió cuando el obrero reparaba una represa desbordada por las lluvias que habían caído. Sosa señalo en esa oportunidad que se trataba de restos de gliptodontes y de milodones, entre otros animales extintos.

Fueron las mismas precipitaciones las que provocaron que un barranco cercano a la represa se erosionara y sacara a la superficie una serie de restos prehistóricos de animales que poblaron la zona en la antigüedad.

Pero no fue el único hallazgo. El año pasado, dos niñas encontraron restos de un gliptodonte en las inmediaciones de una cañada ubicada en la localidad de El Tala, en Soriano. El descubrimiento no fue algo nuevo para la zona. Cuatro años antes se había encontrado un caparazón casi completo en la zona de Sacachispas, también en Soriano.

Mamíferos herbívoros de una tonelada y unos tres metros de largo.


Los gliptodontes eran mamíferos parecidos a los tatúes, de tamaño mucho mayor, que vivieron en el continente americano. El nombre científico es: Glyptodon-Panochthus-Doedicurus. Medían entre 2 y 3 metros de largo y pesaban más de una tonelada Los fósiles que se han encontrado en Uruguay permiten estimar que se extinguieron hace al menos 10.000 años. Hay yacimientos de gliptodontes en Uruguay, Brasil, Argentina y EE.UU.

En el Museo Paleontológico "Alejandro Berro" de Mercedes, Soriano, hay un caparazón de gliptodonte de 1,70 metros de longitud, hallado en 2010. Está ubicado en el antiguo casco de la estancia de Irineo Evangelista de Sousa (Barón de Mauá) y depende de la Intendencia de Soriano. Fue encontrado por un niño de 9 años mientras jugaba en una barranca del arroyo Perico Flaco, en la zona de Sacachispas, a casi 60 kilómetros de Mercedes.

Debido a la estructura de sus dientes se considera que los gliptodontes eran animales herbívoros. Tenían la cabeza muy baja para poder acceder al agua y a las hierbas. Probablemente tenían el cuerpo cubierto de pelo y se desplazaban con mucha lentitud.

Su caparazón estaba formado por placas óseas circulares e irregulares. Las diferentes especies se distinguen por los tipos de caparazones, que servían de defensa contra los depredadores.

En el año 2005 también se encontró un caparazón y una cola de gliptodonte en el arroyo Vejiga, ubicado en la localidad de San Ramón, Canelones. El hallazgo correspondió a Andrés Sánchez, un joven aficionado a la paleontología que llegó a armar a lo largo de los años una colección de 800 piezas, fruto de sus búsquedas en el terreno. El caparazón, de 600 kilos, estaba entero y se consideró entonces el mejor conservado del país.

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