REFUGIADO DE GUANTÁNAMO

Gobierno le da segunda oportunidad a sirio Diyab

Cancillería le ofrece traer a su familia; Turquía, Qatar y Líbano rechazaron recibir al refugiado.

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Diyab ocupa un amplio departamento, los médicos del Maciel lo vieron bien. Foto: M. Bonjour

El refugiado sirio Jihad Diyab pasó su primera tarde en Montevideo, tras regresar de Venezuela, recluido en el primer piso de un apartamento en pleno centro de Montevideo. Diyab se reunió durante 45 minutos con Christian Mirza, el interlocutor que el gobierno nombró para tratar con los refugiados que llegaron de Guantánamo en diciembre de 2014. Al salir del edificio, Mirza se limitó a decir que Diyab se encontraba bien y que la Cancillería informaría con más detalle en los próximos días sobre su situación. Y pidió a los periodistas que no perturbaran al refugiado. "No hagan guardia, que no es la forma de ayudarlo", señaló.

Más tarde, un hombre llamado Jorge llamó por el portero eléctrico al apartamento en el que se encuentra Diyab, pero como no le respondían se fue y regresó al rato. Volvió a llamar por el portero eléctrico y, como no le respondían, comenzó a alejarse. En ese momento, se abrió una de las tres ventanas del apartamento y un joven alto, de barba y de lentes le arrojó una llave con la que el hombre ingresó al edificio. Permaneció una hora y al irse le dijo a los periodistas: "Muchachos, no molesten, no sean malos, parecen aves de carroña". El hombre se alejó acompañado del joven que tapó su rostro con una bufanda.

El apartamento de Diyab tiene tres ventanas y está en un primer piso. Dos de ellas tenían las persianas bajas y la restante estaba cubierta con varias sábanas. En determinado momento, El País pudo ingresar al edificio y golpear la puerta del apartamento pero nadie abrió. Se trata de un apartamento amplio, con dos baños y cuatro dormitorios.

Diyab regresó a Uruguay en un avión de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) pasadas las cuatro de la mañana de ayer martes. Fue trasladado al hospital Maciel donde se le realizaron chequeos integrales que indicaron que no tiene problemas serios de salud.

El canciller Rodolfo Nin Novoa dijo a Montevideo Portal que el gobierno hará gestiones para traer a la familia del refugiado si este está interesado. "Vino comiendo en el avión, yo no le he visto pero me han informado", agregó.

El canciller señaló que Turquía dejó claro a Uruguay que no quiere recibir a Diyab y que tampoco tuvieron éxito gestiones realizadas ante el emirato de Qatar. Andrés Conteris, un activista amigo de Diyab, había señalado que se intentó lo mismo con Líbano, donde Diyab nació aunque tiene nacionalidad siria. Jon Eisenberg, abogado del refugiado, intentará contactarse con él a la brevedad.

Diyab llegó ayer al apartamento del centro de Montevideo con muletas. Al aterrizar en la madrugada en la base aérea número 1, fue recibido por Belela Herrera, exvicecanciller, quien siempre ha estado muy cerca de los refugiados que llegaron procedentes de Guantánamo.

Herrera le dijo a la agencia rusa Sputnik que Diyab no aceptó una silla de ruedas que se le ofreció y que lo notó físicamente mejor de lo que esperaba. También fue recibido por la subdirectora de Derechos Humanos de la Cancillería, Silvana Lesca.

El canciller Nin Novoa había dicho que Diyab actuó como un "malagradecido" cuando se fue a Venezuela porque el Estado había puesto a su disposición un amplio apartamento para que pudiese recibir a su familia.

Ahora se abre otro capítulo en la azarosa vida de Diyab, que nació el 10 de julio de 1971 en Líbano y que estuvo doce años encerrado en Guantánamo en duras condiciones de reclusión. Tras ser chofer del ejército sirio, se fue de Siria con su familia a Kabul, capital de Afganistán. En 2002 fue entregado por fuerzas pakistaníes a Estados Unidos, acusado de ser un militante jihadista especializado en la falsificación de documentos. Poco después fue trasladado a la cárcel de la bahía de Guantánamo donde permaneció hasta diciembre de 2014, cuando llegó a Uruguay con otros cinco excautivos.

El día que llegó mostró por la ventana de la casa en la que fue instalado el mameluco naranja que debió utilizar durante su largo cautiverio. Mientras estaba preso en Guantánamo, un hijo suyo murió, víctima de la guerra civil siria, que ya provocó 400.000 muertes. Su esposa y tres hijas se fueron a Ankara, la capital de Turquía. Cuando Diyab decidió irse a Venezuela, vía Brasil, el gobierno estaba gestionando con la Cruz Roja la llegada de su familia a Uruguay.

Según su amigo Conteris, Diyab se sentía en un "callejón sin salida" porque no habla español y siente que no podría sustentar a su familia si viniese a Uruguay. Quizás por eso se fue a Venezuela, confiando en que el gobierno de ese país, por su postura antiestadounidense, lo ayudaría, algo que no ocurrió. De hecho, estuvo un mes detenido en la sede de la inteligencia venezolana en Caracas.

Cinco están más integrados

Dos de los seis refugiados que llegaron provenientes de Guantánamo trabajan a escasa distancia de la Intendencia de Montevideo. Dos de ellos han debido portar tobilleras electrónicas debido a episodios de violencia doméstica en los que se han visto involucrados con sus cónyuges. Diyab ha sido, de los seis refugiados, el que en todo momento mostró más dificultades para integrarse y no aprendió español, a diferencia de los otros. Sí puede expresarse en inglés.

Aún quedan 61 cautivos en Guantánamo

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se comprometió al comenzar su primer mandato a cerrar la cárcel de Guantánamo. Pero todavía quedan allí 61 prisioneros, provenientes de 14 países. Trece de ellos fueron declarados como "liberables". Siete son de Yemen, dos de Afganistán, uno de Mauritania, uno de Marruecos, uno de Argelia y otro de Rusia.

A Uruguay llegaron en 2014 cuatro sirios, un palestino y un tunecino. Otros 19 presos, tras la revisión periódica que hacen las autoridades estadounidenses, son considerados demasiado peligrosos como para ser liberados.

Hasta el pasado 14 de agosto, 30 países habían aceptado exprisioneros de Guantánamo. El cautivo de mayor edad tiene 69 años y el más joven 30. Se calcula que nueve murieron en cautiverio.

Hay unos 2.200 militares custodiando la base y el personal médico llega a las 137 personas.

La administración Obama ha liberado 177 prisioneros. En julio de 2003 se llegó al máximo de detenidos: 677 hombres. Hoy, la mayor parte de los cautivos provienen de Yemen, un empobrecido país en el sur de la península arábiga donde se libra una prolongada guerra civil.

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