CONTRA LOS KILOS Y EL BAJÓN.

El furor de las escuelas de baile

Los programas de Tinelli, psicólogos y médicos ayudan a imponer la danza en la ciudad.

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No hay un registro pero sobran indicios de que año tras año abren más salones. Foto: F. Ponzetto

Ya nadie enseña a bailar rock’n roll, o mejor dicho, no hay demanda de alumnos en las escuelas de danza. Tampoco están de moda el boogie-woogie, el charlestón o el fox trot.

Corren tiempos de ritmos latinos mientras en Montevideo cada año abren sus puertas más academias, en donde puede aprenderse, por ejemplo, la bachata. Esta es un derivado del bolero mezclado con son, una especie de paréntesis al merengue más rápido que surgió en Santo Domingo por la década de 1950.

En esa época explotaba también el mambo, muy emparentado con la rumba cubana y con ingredientes del swing, perdurable hasta que lo opacaron la salsa y el merengue. Raíces africanas y españolas están en la base de varios de estos bailes caribeños, calientes, lascivos según los más pudorosos.

Para establecer una escuela de baile en Montevideo no hay demasiados requisitos más que los aportes al BPS y la DGI por parte de los docentes. La inscripción en el Ministerio de Educación y Cultura es opcional, aunque llega a exonerar del pago a la Impositiva en caso de que el interesado acredite documentación suficiente acerca de su currículum. A la Intendencia solo se le deberá lo correspondiente a la cartelería que se instale en la fachada del local o en las veredas.

Esta realidad, es decir la falta de un registro, sumada a que muchas escuelas son invisibles al transeúnte y funcionan gracias a recomendaciones particulares, hace difícil establecer la cantidad exacta que existe en la capital del país.

Pero no hay un barrio en donde no funcione por lo menos un par, a veces con el mismo nombre, ya que se trata de un salón matriz y una sucursal. Además de dar los primeros pasos de la bachata, en ellas es posible aprender salsa, ballet, danza árabe, hip hop o reggaeton. Y casi en ninguna faltan las clases de zumba, una mixtura de salsa, merengue, flamenco y bachata con ejercicios aeróbicos. Esta rutina para perder peso comienza a convocar en octubre a muchos que ya piensan en las próximas vacaciones veraniegas.

William Merlo, al frente de la escuela Salsa & Company ubicada en la calle Constituyente desde hace 6 años, cuenta que allí concurre gente de hasta 60 años. Con su esposa Karen Vázquez llegaron a implementar promociones 2x1 para varones, debido a que la asistencia era mayoritariamente de féminas, algo que ahora se está revirtiendo paulatinamente.

"Hay hombres que vienen porque se han separado o por terapia. Hay de todo, chiquilines y gente joven. Hoy en día es impresionante la cantidad de academias que hay y de a poco la gente se está animando, porque como que Uruguay no es muy del baile", dice William.

Junto a la salsa cubana o la bachata, el hip hop, el reggaeton y los ritmos brasileños, la escuela tiene en su menú una propuesta más exótica, el baile kizomba, que comenzó a componerse a fines de la década de 1970 en Angola.

Una de las formas de acompañar la promoción de las escuelas se puede apreciar en cada fin de año, cuando presentan exhibiciones de coreografías en salas teatrales. No pocos de los espectadores que van a ver bailar a los amigos deciden tomar sus primeras clases. En los grupos de salsa y bachata se congregan hasta 30 personas. Los picos se dan entre las 18:30 y las 20:30.

Foto. Fernando Ponzetto
Foto. Fernando Ponzetto

Costos y motivos.

En el mercado del baile los costos para educarse tienen variaciones, pero hay valores promedio. Un pase libre, de lunes a domingo, cuesta $ 1.500; un curso de salsa, por ejemplo, que dura dos meses vale $ 2.600. Por clase se paga $ 120 o $ 130. Hay cuponeras de 4 clases a $ 250, 8 clases a $ 700 u $ 800, o 12 a $ 1.090. En algunos casos puede abonarse con tarjeta de débito.

En la esquina de Cabrera casi ex Propios, a dos cuadras de 8 de Octubre, desde el 1° de julio de 2009 funciona Loki Dance. En ese lugar hubo durante décadas un baldío y después se construyeron cocheras individuales que no tuvieron demasiado rédito. Recién el sitio pasó a tener identidad, en la tarde y a la noche, de 16:00 a 22:00 horas, cuando irrumpió la danza.

Las clases de adultos de salsa y bachata también son las preferidas por los alumnos.

"Vienen más mujeres, pero los varones se van animando; la mayoría de los adultos viene dos veces por semana", confirma Natalia, coordinadora y docente de Loki Dance.

Mientras los niños y adolescentes tienen cursos mensuales de ballet, coreografía y hip hop, los más grandes pueden pagar por clase o con cuponeras.

Quienes conducen las escuelas coinciden en sostener que Tinelli y sus programas televisivos de baile son un gran motivador, pero hay otras razones del boom. "La mayoría viene y te dice que se lo recomendó el médico o que necesita distraerse. El adulto no llega tanto para aprender sino para distraerse, porque se lo manda el psicólogo o acaba de divorciarse", afirma Natalia.

La época de la mujer fierrera, que optaba por el gimnasio, parece haber pasado. Para los ejercicios se busca que esté presente la música y la diversión. Eso ocurre en todas las escuelas. Por ejemplo también en Fussion, que está en Malvín, en la calle Almería; ya cumplió 10 años y desde 2016 tiene otra sala abierta en Pocitos, en Rivera y Julio César.

"En las academias en general predomina la zumba, pero en la nuestra no. Aquí el fuerte son el reggaeton y el hip hop. Sobre todo vienen mujeres a aprender a bailar y también para adelgazar", afirma Santiago, al frente de Fussion.

Marzo, abril y mayo, y septiembre, octubre y noviembre son los dos trimestres en que más trabajo tienen las academias de baile, al igual que los gimnasios.

Fiestas y trabajo.

Una actividad en paralelo con la enseñanza que llevan adelante algunas escuelas de baile como Fussion es la animación de fiestas. También hay futuras quinceañeras que pretenden lucirse en su cumpleaños y toman clases para participar en coreografías especiales. Y más allá de los amateurs, las academias reciben a bailarines que desean convertirse en instructores de ritmos variados. Estos cursos son de nueve meses.

Del mismo modo que Shakira puso de moda la danza árabe o del vientre por 2003, Santiago dice que Tinelli "le dio despegue a todo" lo que está pasando en Montevideo, "aunque aquí no hay mercado, no hay compañías que paguen un sueldo, no hay lugares para bailar, como las revistas de los teatros de Buenos Aires. Sin embargo muchas chicas quieren bailar y piensan en dar clases".

"Hoy si no tenés el zumba, no existís".

Ignacio "Nacho" Cardozo dirige junto a Rafael Pence su academia de baile desde hace 20 años, en la calle Maldonado. Allí se imparten clases de diferentes estilos y niveles, de interpretación y de comedia musical.

"Hemos formado a mucha gente y algunos profesores que tuvimos, como es un poco lógico en todos los ámbitos, han también abierto sus propias escuelas", dice "Nacho" Cardozo.

Esa aparición de muchas academias de baile ha provocado este año cierta dispersión o reparto de los alumnos. "Manejamos un público muy variado de niñas, adolescentes y adultos. No estamos en el mejor momento económico del país. El adulto que viene decidido es el que tiene vocación y quiere formarse, hacer de esto su trabajo. Nosotros también generamos trabajo con los espectáculos que estamos haciendo; tenemos en cuenta a esos bailarines, a través de un casting o como premiación a los alumnos más destacados", afirma Cardozo.

En los planes de estudio de su academia, el alumno puede tener como máximo hasta tres clases semanales. Ante eso, Cardozo dice que cuando alguien demuestra un nivel muy alto siempre le recomiendan que pegue el salto y concurra por ejemplo a la Escuela Nacional de Danza, en donde hay clases todos los días.

En relación a la influencia de los programas de Marcelo Tinelli indica que sirven para reconocer estilos, reglas o pasos, si bien le ha puesto "un costado que tiene que ver con lo sexi", excesivo, por ejemplo a un rock en donde las bailarinas lucen polleras muy cortas y escotes llamativos.

La zumba.

A propósito de las modas, Cardozo es contundente. "Hoy parece que si no tenés una clase de zumba no existís. Nosotros no tenemos. Eso no es bailar. La gente pregunta qué clases de ritmos tenemos; eso de los ritmos ha sido un invento de los gimnasios en donde se aprende salsa, merengue o bachata. Bueno, no, somos una escuela de danza, tenemos los estilos y dentro de ellos se va tomando los conocimientos como principiante, intermedio o avanzado. No hay una clase de un ritmo en especial".

Cardozo confiesa que ha ido a algunos cursos en donde el docente de zumba se para adelante y en general no dice lo que va a hacer.

"El que está atrás lo tiene que copiar y arreglarse como pueda. No hay corrección. Las clases de gimnasio son efectivas, divertidas, la gente transpira, la pasa bien. Pero son otra cosa".

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