Luis Lacalle Pou

"El Frente encubrió la mentira; fue un golpe al Parlamento"

El senador y líder del sector Todos del Partido Nacional considera que las 22 medidas que presentó el pasado 2 de marzo deberían ser tomadas como “caídas del cielo” por el presidente Tabaré Vázquez.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Los errores están repercutiendo en el bolsillo de la gente". Foto: D. Borrelli

Dijo que es la forma de “ayudar” que tiene el Partido Nacional porque “enfrente hay una tormenta y nosotros tenemos que alertar”. Admite que las elecciones están en su agenda, pero niega que las investigadoras que propondrá sean parte de una estrategia para mantener al gobierno a la defensiva. Sobre el episodio vinculado a la formación académica del vicepresidente, dijo que el Frente Amplio “encubrió una mentira” y que “a Sendic, ya no le creo”.

—Polémicas internas, errores y una coyuntura menos favorable, sumados a una fuerte ofensiva de la oposición, como en el caso Ancap, han llevado al gobierno a estar un año entero a la defensiva. Este primer año podría compararse con un round de boxeo. ¿Qué evaluación hace usted como líder de la oposición?

—Esa imagen de round de boxeo lo que me sugiere es que lo trágico es que el país va perdiendo este primer año. Todo esto está vinculado a cómo llegó Tabaré Vázquez al gobierno. Enancado en diez años de bonanza, con el fin del viento de cola y premisas que no eran ciertas. Tanto Vázquez como (Danilo) Astori no fueron intelectualmente honestos. Advertimos determinadas cosas en la campaña electoral y las negaban. Venimos de muchos años de un reparto partidario del poder, lo que se suma a muy poca cintura económica porque se gastó todo lo que se tenía. Después de diez años de bonanza el país tiene déficit y hay que capitalizar empresas públicas. Los errores repercuten en el bolsillo de la gente en servicios públicos y combustibles, generan presiones inflacionarias y sobrecostos en otros precios que también generan inflación. Si el presidente de la República no toma medidas más ingeniosas y un poco más arriesgadas, el rumbo no va a cambiar y se va a comprometer el 2016 y, posiblemente, también el 2017.

—El 2 de marzo usted presentó 22 medidas para que el gobierno adopte en el corto plazo. El presidente Vázquez dijo que las recibió y que esperaba que no fueran "solo títulos".

—Son medidas que se relacionan entre sí. Las primeras son de índole fiscal. Fijar metas semestrales, trabajar sobre una regla fiscal, no usar las tarifas públicas y los combustibles para financiar al Estado. Se fijó para 2015 un déficit primario del sector público de 0 y terminó con US$ 30 millones de déficit. Dijeron que iba a haber superávit en 2016 y el déficit puede llegar a US$ 100 millones. Si el Gobierno no se maneja de forma austera es obvio que no habrá recursos para llevar adelante medidas que son necesarias.

—Con un déficit de 3,8% del PIB y el actual contexto económico es complejo pedirle a un gobierno que no apele a las tarifas públicas como instrumento de política económica.

—Es que gobernar es complejo. Estas propuestas estaban en nuestra agenda en la campaña electoral. Ahora le pedimos al gobierno que las lleve a cabo. Si se funciona con metas, sin recortar en gastos esenciales, se puede alcanzar un ahorro de 400 o 500 millones de dólares. Pero para gobernar hay que saber gestionar, y para gestionar hay que estar encima de las cosas.

—El Presupuesto ya se votó.

—No es necesario gastar todo lo que se asigna. Cuando presidí la Cámara de Diputados devolví US$ 2,5 millones. Me decían que no iba a poder. El recurso fácil siempre es el bolsillo de la gente, y esa es una política de asfixia, eso no dura mucho. ¿Hasta dónde le aguanta el bolsillo a la gente? El ciudadano que emprende, industrializa, manufactura, tiene que trasladar todo a costo y eso termina impactando sobre los puestos de trabajo.

—Su documento no explica cómo llevar a cabo lo que se propone.

—Planteamos las medidas y le dijimos al gobierno que tiene nuestro respaldo político y técnico para llevarlas adelante. La política de frontera la propusimos en octubre, pero el gobierno no fue a la frontera, allí la situación es angustiante y ya es tarde. ¿Hay renuncia fiscal? No, porque el uruguayo consume del lado brasileño. Hay muchas medidas relativas a la pesca, al agro, a la producción. Hay sustancia y podemos dedicarle tiempo y recursos humanos para trabajarlas. Nadie nos obligaba a proponer. Podemos controlar, criticar, investigar, pero como tenemos vocación de gobierno no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Eso sería más fácil.

—¿Se enoja cuando Vázquez no lo considera como líder de la oposición o sobre sus propuestas dice que espera que no sean solo títulos?

—Es una forma de ser de Vázquez, tiene determinada edad y ya no va a cambiar. Se relaciona así. Yo lo respeto, y respeto también su investidura. Pero esto no es una charla de boliche.

—¿Cuánto incide esa falta de diálogo formal en la dinámica política?

—Yo trato de ponerme en los zapatos del otro. Cómo recibiría yo, si fuera presidente, propuestas constructivas de la oposición en un momento de debilidad, poco ejercicio de autoridad y despiste institucional. Para mí sería como caído del cielo. Pero la vida nos exige responsabilidades distintas y el presidente es mano. No se trata de una reunión, alcanza con hacer lo que hay que hacer. Enfrente hay una tormenta y nosotros tenemos que alertar y ayudar.

—Dice que se pone en los zapatos del otro y pide la renuncia de Bonomi. ¿Si fuera presidente aceptaría que la oposición le baje nada menos que al ministro del Interior?

—Eso va en la humildad que cada uno tenga y la capacidad para ver que hay momentos para cambiar y no aferrarse a fracasos. Yo le pido a Vázquez que releve a Bonomi. Después de seis años, con todo para hacer y deshacer, perdió por goleada. Tampoco cumplirá la ambiciosa promesa de campaña para bajar las rapiñas.

—Una declaración del Frente Amplio acusó a la oposición y la prensa de "debilitar la institucionalidad del país". Ese sayo también le cabe a usted.

—Hubo un episodio triste y vergonzante para el país. Creo que hay que dignificar la política y lo que ocurrió con Sendic no sólo lo afecta a él y a su partido, nos afecta a todos porque es el vicepresidente y nos tiene que representar. El Frente encubrió la mentira, fue un golpe al Parlamento. A Sendic ya no le puedo creer. Y se lo dije de frente. Si la forma de tapar un error propio es acusar injustamente a otro se pierde la capacidad de autocrítica. Es la soberbia. En política hay que ser muy severo con los propios para luego ser severo con los ajenos. El Frente Amplio encubrió una mentira acusando a otros de cosas que son falsas.

—Este episodio deteriora su relación personal con Sendic.

—Yo tengo buena relación con todo el mundo en el Parlamento. Desde que estoy en la actividad política discuto ideas, no denuesto personas. Nunca ataco al mensajero. Impera hoy una agenda mediocre y el Frente Amplio ha colaborado en ello. Se destruye a los mensajeros y no se atiende el mensaje, la idea. Eso no es propio de este país. Estamos imitando patologías de otros países que nos llevan a la intolerancia. Los políticos levantan la voz, se acusan, se gritan, y después andan a las risas. Pero lo que se derrama a la sociedad es la división y se supone que quien quiere acceder al poder tiene que unir.

—¿Es una autocrítica? Porque eso vale también para su propio sector y partido.

—No, porque yo no descalifico al otro, eso es veneno para la democracia. Y mis compañeros no se dedican a descalificar, y si alguien lo hace está mal y no merece mi aprobación. A mí me han atacado a nivel personal y familiar, y cuando los encaré sacaron la pezuña del lazo. Te dicen no te pongas así. Se acostumbra a agredir. Yo creo que hay que cuidar el honor, la familia. Hay límites. Tenemos hoy una escalada verbal que no sabemos dónde termina y eso me preocupa. La descalificación es la chatura, es lo más fácil, y se supone que quienes accedemos al poder debemos tender a ser mejores.

—Terminó la investigadora de Ancap y el Partido Nacional ya anuncia que promoverá investigadoras por los negocios del gobierno con Venezuela y la regasificadora. También podría leerse como una estrategia política para mantener al gobierno a la defensiva y judicializar los temas.

—Razonemos por el absurdo. ¿No investigamos? ¿Alguien cree que lo de Ancap no fue un desastre? Hubo mala gestión, irregularidades y seguramente delitos. Por suerte tomamos la decisión de investigar. Fue aquí, en mi despacho, que lo analizamos y luego lo planteamos a la bancada del Partido Nacional. En los negocios con Venezuela no tengo dudas de que hay que investigar. Pensemos que no es Mujica ni es el Uruguay. Un presidente designa a un empresario cercano como intermediario en los negocios que él cierra con otro país. ¿Qué diríamos si fuera en otro país? Pues fue acá, eso está impune y hay que investigarlo. En la regasificadora el diputado Pablo Abdala ha hecho un trabajo excelente y hay elementos para estudiar. Por ejemplo, cuál es el vínculo con la empresa OAS, ahora involucrada en el escándalo de Brasil y Lula. Ahora, ¿qué nos piden? ¿Saber todo esto y no investigarlo? No, nuestra obligación es actuar.

—¿Hasta dónde coordina con Bordaberry?

—Se actúa armónicamente cuando se detectan coincidencias, como en el caso Ancap.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados