pulseada constante

La familia del taxi pelea por el poder

En la sede del Sindicato Único del Taxi (Suatt) hay un tablero de dardos que tiene la cara del empresario y presidente de la patronal, Oscar Dourado, que es el artífice, según el gremio, de todos sus males.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El 2015 arrancó de forma conflictiva para el gremio del taxi. Foto: D. Borrelli.

Así es que cada vez que hay un conflicto no escatiman en advertencias y amenazas. “Ojo Dourado, con el sindicato del taxi no se jode”, advertía el panfleto arrojado al viento en una de las últimas manifestaciones del Suatt, y lo repetía una pintada en Avenida Italia y Propios.

En el ambiente, muchos definen a Dourado como “El zar del taxi”, por el abanico de negocios que tiene. Se señala que es propietario de una amplia flota de coches, de un taller mecánico, de una aseguradora y de una estación de servicio, además de tener un restaurante en Punta Carretas. En entrevista con El País, el empresario afirma ser propietario de cuatro taxis, y dice que en su familia su esposa tiene uno y cada uno de sus hijos posee un coche más. También reconoce que es dueño de un taller mecánico.

Con tal polarización entre la patronal y el sindicato, la familia del taxi —como les gusta decir a los choferes de estos vehículos— está, desde hace años, deshilachada. Las dos partes están constantemente enfrentadas y cada conflicto se vive como una guerra. Mientras tanto, los perjudicados siempre son los mismos: los taximetristas “independientes” y los uruguayos, que disponen de un servicio deficiente, que con frecuencia queda paralizado.

El último conflicto, que lleva casi un mes, se desató como consecuencia del despido de dos operadoras sindicalizadas del servicio de radio 141. El gremio entendió que representaba un “ataque” a la “herramienta sindical” y comenzó una serie de paros para que las restablezcan en sus puestos.
Después de varias instancias de negociación en el Ministerio de Trabajo —no negocian si no es de manera tripartita— la patronal cedió y las reincorporó en las mismas condiciones que estaban, salvo el lugar de trabajo. Este punto no fue aceptado por el sindicato, las negociaciones se trancaron y el conflicto continúa.

En el marco de este conflicto, ocurrieron, además, hechos propios de una mafia: el taximetrista Alberto Rosas, de 66 años, fue brutalmente agredido por trabajar durante un día de paro, y un coche de la patronal fue incendiado. Ambos casos fueron denunciados ante la Justicia pero no se pudo comprobar nada y no hubo procesados porque los testigos cambiaron su primera declaración. Nadie quiere quedar expuesto a futuras reprimendas, así que se hizo borrón y cuenta nueva.

“Si vos no estás sindicalizado y te balean en un asalto ellos no mueven ni un dedo, pero sí obligan a todos a acatar sus decisiones porque si no te rompen el auto y te muelen a palos. Cada vez que hay paro yo acato, pero no porque comparta la medida, sino porque tengo miedo”, aseguró un taximetrista que pidió no ser identificado, al igual que todos los trabajadores consultados por El País. El argumento: las represalias.

Critican que el sindicato no está integrado por choferes, sino que la mayoría son operadoras y fundamentalmente telefonistas de las garitas callejeras y abrepuertas, que cuando hacen paro, tienen el jornal pago. “A mí me obligan a parar y no cobrar, pero los señores se llevan la de ellos. Si a mí me pagaran también hago paro encantado”, afirmó un cooperativista en diálogo con El País.

(Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)