FEDERICA NARANCIO
El águila de bronce que oficiaba como mascarón en la popa del acorazado nazi Graf Spee emergió de las aguas del Río de la Plata después de 66 años y despertó polémicas y muchas especulaciones en torno a su destino final.
Durante 10 días será exhibida en el lobby del Best Western Palladium Hotel, y ya atrajo a mucho público ansioso de ver esta pieza, única en el mundo. No obstante, tal como ordenaron Alfredo Etchegaray y el rescatista Héctor Bado, la esvástica permanece cubierta por un manto azul como un gesto de "sensibilidad" por la connotación especial que tiene esta iconografía.
Consultado por El País, Héctor Bado dijo que lo ideal antes de mostrar la esvástica sería esperar a que "la situación se calme y evaluar una posible reacción del público. Personalmente, no la mostraría".
Bado se opone a que la imagen sea exhibida de forma "sensacionalista". "Llegado el caso de que se haga un documental, se mostrará. Hay varias cadenas interesadas en hacer un documental y nos gustaría esperar hasta ese momento". A su vez, Alfredo Etchegaray, que es el propietario de los derechos sobre la embarcación, dijo que han recibido llamadas telefónicas de varios medios internacionales, como la cadena de televisión inglesa BBC, History Channel y Discovery, que ya hizo un documental sobre el Graf Spee.
El hecho de cubrir la esvástica generó opiniones contrarias. El presidente del Comité Israelita del Uruguay, Ernesto Kreimmermann, dijo a El País que se trataba de un gesto "sensible hacia la comunidad judía y las víctimas", pero que el símbolo debería mostrarse al ser parte de un hecho histórico, siempre y cuando se tomen las medidas necesarias para que no se utilice iconográficamente.
Manuel Esmoris, presidente de la Comisión Nacional de Patrimonio, considera que la esvástica también debería ser descubierta porque de lo contrario se está "coartando la libertad de expresión". A su vez, el doctor en arqueología de la Universidad de Oxford, Mensum Bound, que supervisó el trabajo del equipo de Héctor Bado, comparte la opinión de que se trata de una pieza histórica y que debería mostrarse. "Es un símbolo que perturba emocionalmente y que representa el mal absoluto, la discriminación, y nadie quiere formar parte de esto. Por eso creo que debería mostrarse, ya que nos da la oportunidad de reevaluar el simbolismo de esa era".
DESTINO. Por ahora, y con la esvástica cubierta, el águila permanece acostada sobre una plataforma en el lobby del hotel Palladium (Tomás de Tezanos 1146). Pero la noticia de su hallazgo recorrió el mundo como pólvora.
Desde un principio, el buzo Héctor Bado dijo que la empresa no tiene interés en conservar esta pieza. Para Alfredo Etchegaray, lo "ideal" sería hacer una subasta internacional. Según dijo a El País, muchas casas de remate internacionales de Londres y Nueva York ya lo han llamado para hacer consultas. "Nos están llamando del mundo entero y muchos medios internacionales se interesaron por la historia, como BBC News y el ABC de España".
El rematador Juan Enrique Gomensoro adelantó que los potenciales clientes para la pieza se centralizarán en Austria y Alemania. "Tenemos vínculos con las principales casas de remate de Alemania y Austria, incluyendo la más antigua de Europa que se llama Lempertz Kunsthaus". Según dijo Gomensoro, esta casa ya había pedido desde hace un tiempo un inventario de todas las piezas que tiene el Graf Spee para ver si efectivamente vale, en su totalidad, entre 25 y 30 millones de dólares como se especula. "Es un proyecto que venimos balanceando desde hace tiempo", remarcó Gomensoro. No obstante, y para mantener la cautela, asegura que se trata nada más que de "consultas". Esta pieza podría cotizarse, inicialmente, entre 2 y 3 millones de dólares, aunque Gomensoro adelantó que puede llegar a valer el doble.
Negocio versus fines culturales
El posible destino del águila del Graf Spee ha generado un revuelo, no del todo positivo. El presidente de la Comisión Nacional de Patrimonio, Manuel Esmoris, consideró que su exhibición es un gesto "netamente publicitario".
El empresario y relacionista público Alfredo Etchegaray —propietario de los derechos sobre la embarcación— ya manifestó su interés de hacer una subasta internacional para vender la pieza, que puede llegar a cotizarse entre U$S 2 millones y U$S 8 millones.
Sin embargo, la venta no será tan fácil. Esmoris considera que lo ideal sería que la pieza permanezca en el país, aunque se debe hacer una evaluación del costo que eso tendría para el Estado. "No tengo problema en que haya un fin económico, siempre y cuando esté enmarcado dentro de un proyecto cultural", apuntó.
Las actividades de Etchegaray, según Esmoris, están amparadas por una ley de cascos hundidos que se refiere a la limpieza de los puertos y no a los bienes culturales.
Como ejemplo cita el caso del telémetro, que también pertenecía al acorazado Graf Spee y que fue rescatado hace dos años: "Ahora permanece en el Puerto de Montevideo bajo condiciones inapropiadas". Consultado al respecto, Alfredo Etchegaray dijo que el telémetro estaba anteriormente en el astillero Tsakos, y por decisión del Ministerio de Turismo fue trasladado sin aviso a la explanada de los cruceros en el puerto. "Hoy nos critica creyendo que fue una decisión nuestra, sin saber que fue del propio Estado", remató.