LOS JARDINES EN EL AULA

La escuela de plantas y flores cumple 100 años

Fue creada para mantener la riqueza de parques y plazas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La Rosedal del Prado estuvo en lista en 1912. Foto: archivo El País

Los cien años de la Escuela Municipal de Jardinería se están celebrando en 2016 con distintas actividades. En el pasado mes de marzo se la denominó "Profesor Julio Eduardo Muñoz", en tributo al gestor de su reapertura en 1980.

Muñoz (19342009) fue director de la escuela por más de tres décadas, responsable del crecimiento institucional y de la apertura a todo público en 1983. El libro de su autoría "Flora indígena del Uruguay: árboles y arbustos ornamentales" será ahora reeditado, con el apoyo del hijo de Muñoz, el ingeniero agrónomo Carlos Brussa y el perito Gerardo Monza.

A Muñoz también se debe obras como "Las Plantas Trepadoras", (con Atilio Lombardo), "Monumentos Vegetales de la Ciudad de Montevideo", y "Cien años del Jardín Botánico de Montevideo".

Un país verde.

La decisión de crear una escuela de jardinería en Uruguay se dio a partir de la expansión de los parques en Montevideo, concretada en las primeras dos décadas del siglo XX, si bien ya por 1889 hubo proyectos. En esta fecha la Junta Económico Administrativa de la ciudad creó la Dirección de Paseos.

Por entonces se encargó al paisajista francés Edouard André el proyecto denominado "Plan de Embellecimiento y Ensanche de Montevideo".

Paisajistas como Ernesto y Carlos Racine, Carlos Thays y el mencionado André, ocuparon cargos jerárquicos y fueron los gestores del trazado y diseño original de los principales parques, plazas y canteros centrales de avenidas, algo que por falta de presupuesto terminó postergándose.

Ramón Benzano, el segundo intendente de Montevideo después de la administración de Daniel Muñoz, estuvo en el cargo entre 1911 y 1914, y fue una figura destacada en la efectivización de algunos viejos planes del siglo XIX.

En distintas etapas se plasmó el Parque Central (después denominado De los Aliados, y José Batlle y Ordóñez), quedó ampliado y embellecido el Prado, se desarrolló el Parque Urbano (hoy llamado Rodó), fue prolongada la rambla de Pocitos, y se trazaron Bulevar Artigas y Bulevar España, a cargo del paisajista Carlos Thays.

El 9 de febrero de 1916, el intendente Francisco Accinelli, ante aquel crecimiento notable de espacios verdes, aprobó el proyecto de creación de la Escuela Municipal de Jardinería, que comenzó a funcionar en las cocheras de Buschental y después en el Jardín Botánico del Prado.

A fines de junio de este año 2016, en el acto de celebración de la escuela, el ingeniero agrónomo Pablo Ross recordó que no existía en la época una institución en que se formaran personas capaces de realizar adecuadas intervenciones para abarcar la dinámica "de los magníficos vegetales" que componían parques, plazas y calles, lo cual podría frustrar buena parte de las intenciones de quienes los proyectaron e impulsaron su realización.

Gerardo Monza, perito agrónomo de la comuna al frente de la casona semillero de la calle Lucas Obes, ex Casa Quinta Storace, recordó a El País que de esa escuela egresó Atilio Lombardo (1902-1984), un referente de quienes hasta hoy tienen a su cargo el trabajo en botánica asociado al paisaje de la ciudad de Montevideo.

"Hoy existen más críticos de las intervenciones que hacemos en el arbolado porque la horticultura ornamental ha crecido muchísimo en los últimos treinta años, gracias a la escuela. Del medio urbano, de las plazas, se adoptó conocimiento para los jardines, desde los de Punta del Este hasta los de casas y edificios de Montevideo. La cultura de un pueblo se mide a veces en el adelanto de sus espacios públicos. La divulgación debería ser mayor de nuestra parte, pero el diario quehacer nos impide hacerlo", afirmó Gerardo Monza.

Buenas notas daban trabajo.

La primera promoción de la Escuela Municipal de Jardinería se dio en 1919, y en los cursos que culminaron en 1950 se graduaron referentes de varias generaciones: Julio Eduardo Muñoz, Juan Botazzi y Pablo Ross, que ingresaron a los cuadros municipales en 1951. Quienes aprobaban los cursos con mejores calificaciones tenían asegurado ese trabajo.

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