UNA MEDIDA EFECTIVA

La eliminación del efectivo en las estaciones baja hasta un 50% los robos en la zona

Los delitos a la propiedad cayeron entre 30% y 50%, no así otros.

Estaciones pidieron que se permita vender hasta $ 300 y $ 400 en efectivo. Foto: F. Ponzetto
La prohibición del uso de efectivo en las noches no corrió el crimen a otras zonas, más alejadas de las estaciones, ni incrementó el robo de día. Foto: Fernando Ponzetto.

El miércoles se cumplirán tres años de la prohibición del uso de dinero en efectivo en las estaciones de servicio. Un estudio académico muestra que, desde que se activó la medida, se redujeron entre 30% y 50% los robos en las cercanías de estos comercios.

La investigación, liderada por los economistas Ignacio Munyo (Universidad de Montevideo), Néstor Gandelman y Emanuel Schertz (Universidad ORT), sugiere que la política ha impactado “positivamente” en la baja de los delitos a la propiedad, pero no en otros tipos de delitos.

Según surge al comparar los datos de antes y después de la eliminación del uso de efectivo, los casos de violencia doméstica no han variado significativamente en las pocas cuadras a la redonda de las estaciones. Sin embargo, en coincidencia con la literatura científica internacional, el pago con tarjeta de débito o crédito está asociado con el descenso de los delitos callejeros movidos por el dinero. Sucedió en Missouri, Estados Unidos, cuando se pasó a las trasferencias electrónicas: la tasa de criminalidad se redujo 9,2%. Y ocurrió en 71 países en los que se demostró que por cada POS (los dispositivos para pagar con tarjeta) cada 1.000 habitantes el robo cae entre 2% y 6%.

“El sentido común nos decía que tenía que haber un efecto positivo, pero no sabíamos de qué magnitud”, explicó el economista Munyo, coautor del estudio que estima en 46% la baja promedio de los robos. Tanto él como el resto de los investigadores eran conscientes de que querían hacer ciencia en un tema que genera rispidez y tiene ribetes políticos.

Cuatro de cada diez uruguayos piensa que la delincuencia es el principal problema del país. Según el Latinobarómetro, supera con creces a otros asuntos como el desempleo o los problemas educativos.

Pero esta investigación no se basa “en la sensación térmica que pueda tener un estacionero puntual ni viene a juzgar la situación de seguridad del país. Solo es la comprobación de la causa-efecto de una medida de impacto ciudadano”, aclaró Munyo.

Inseguridad.

La segunda década de este milenio no había comenzado bien para las estaciones de servicio. “Asesinan a un pistero de la Ancap”. “Repiñero muerto en estación de servicio”. “Otro robo a una estación, policía baleó a dos delincuentes”. Cualquiera de estos son titulares de noticias de años (o meses) previos a que se prohibiera el uso nocturno de dinero en efectivo en las estaciones.

Los ingresos diarios de este tipo de comercios varían entre US$ 10.000 y US$ 15.000. Antes de que rigiera la reforma, un tercio de esa recaudación provenía de dinero en efectivo. De ahí que el botín de las estaciones de servicio haya sido tentador para los delincuentes.

Y la ecuación era simple: mucho dinero en efectivo + muchos asaltos + el mundo camina hacia el fin de papel moneda = limitemos el uso del efectivo, al menos en la noche.

A la misma hora que los taxis cambian a la tarifa nocturna, a las 22 horas, las estaciones dejan de operar con efectivo. Y eso rige hasta las seis de la mañana del día siguiente.

Los investigadores usaron el 15 de mayo de 2016, día en que empezó a implementarse la medida, como el punto bisagra. Accedieron a la base de datos de todos los delitos que ocurrieron antes y después de esa fecha en Montevideo, cada crimen asociado a coordenadas geográficas. Eso les fue “pintando” el mapa de la ciudad según colores: en rojo oscuro es donde ocurren más robos y en azul, menos. Luego colocaron sobre el mapa las estaciones de servicio y observaron qué sucedía (antes y después de la fecha en cuestión). O, mejor dicho, qué ocurría en los anillos de entre 50 y 100 metros a la redonda de estos comercios.

Por si acaso, compararon qué había pasado en otros comercios, como supermercados y farmacias, que seguían usando dinero en efectivo y sufrían en la previa una cantidad similar de robos que las estaciones.

Los investigadores concluyeron que, según contra qué iban comparando y controlando su muestra, la cantidad de robos mensuales reportados oscilaba entre 30% (escenario de mínima) y 50% (máxima).

Una vez que se había confirmado la relación entre el uso de efectivo y el crimen a la propiedad, los economistas asumieron otro desafío: ¿los delitos se habrán trasladado?

Lo primero fue descartar que haya habido un cambio de horario. O sea, era necesario observar que los delincuentes no hayan corrido sus asaltos para antes de las diez de la noche. Y concluyeron que no hubo una variación, y que la nueva política redujo los robos nocturnos y, como “externalidad positiva”, bajó las tasas de criminalidad durante el día.

Lo segundo fue evaluar el desplazamiento geográfico del delito, una tarea más compleja. Pero tampoco encontraron evidencia, salvo que la eliminación del efectivo, en algún caso, parece desestimular al ladrón a robar cerca de las estaciones.

Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

Y lo tercero fue comparar con otros tipos de delitos, como la violencia doméstica. ¿La conclusión? El impacto es solo en los robos.

Todos estos controles, comparaciones y el lujo de detalle de dónde ocurrió cada delito, diferencia a la investigación de las universidades ORT y de Montevideo de otras que haya sobre el tema. Por eso ahora los investigadores deberán exponer los resultados en congresos internacionales.

¿Valió la pena la medida de eliminar el efectivo en las estaciones de servicio durante las noches? Munyo prefiere no opinar. “Nosotros investigamos la relación entre la circulación del efectivo y la reducción de robos en la zona cercana a estos comercios”. Pero estimar el “costo-beneficio” de toda la política es “bastante más amplio”. ¿Existe un mercado negro asociado? ¿Qué sobrecosto les implica esto a los estacioneros? ¿Bajó la clientela por aquellos que solo cargaban nafta en efectivo? Y un montón de otras interrogantes por dilucidar.

Presentarán resultados ante la elite mundial de economistas

La Economía es una de las ciencias sociales que atrae a más estudiantes universitarios en Uruguay. Pero son pocos los que terminan dedicándose a la academia. Néstor Gandelman e Ignacio Munyo no comparten casa de estudio: el primero es de la Universidad ORT y el segundo de la Universidad de Montevideo. Pero al haber coincidido en tantos congresos y estudios, por eso de que “somos pocos y nos conocemos todos”, se pusieron a trabajar juntos. Para esta investigación sumaron al joven Emanuel Schertz y a fines de este febrero presentaron una primera versión de resultados que ya fue aprobada para ser expuesta en los más prestigiosos congresos internacionales. El 23 de mayo estarán en Medellín, en el encuentro anual de la Research Institute for Development, Growth and Economics. Seis días después, expondrán en la Georgetown University, en Washington. En agosto será el turno del congreso de economistas europeos, la conferencia más importante de esta ciencia en el viejo continente. Y, con el aval de estas presentaciones, esperan que el documento sea aceptado para ser publicado en distintas revistas académicas.

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