El uno y el otro

ALEJANDRO NOGUEIRA

Si durante el viaje a Paraguay, Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica no se ponen de acuerdo en cómo encarar el tema de las candidaturas del Frente Amplio para 2009, los partidos de la oposición no podrán sustraerse a la curiosa lógica que ha impuesto la coalición de gobierno desde que inició su administración: su interna es más potente y divertida que la confrontación entre el partido en el poder y los del llano.

Los últimos hitos públicos de Mujica indican que marca la cancha para volcar la coalición hacia su candidatura y que le cobra en cuotas al presidente su intento de promover a Astori para el primer lugar. Le dice que no se calla cuando el presidente manda callar, hace visitas "de Estado" a Argentina y Brasil, se entrevista con Jorge Larrañaga en plan de jefe de partido, le anuncia a Vázquez por la prensa que votará por la anulación de la ley de caducidad cuando acaba de hablar con él y no se lo adelantó. De paso devalúa a Astori ("no es Mandrake", "tuvo vientito a favor") y sigue inflando en solitario la figura del ministro Daniel Martínez como candidato a algo, haciendo amigos en otros grupos del Frente.

Con un personaje político tan taimado como Mujica no es fácil saber a dónde quiere realmente ir con esos pasos; sólo se pueden apreciar sus efectos de corto plazo, que debilitan a Astori -y con ello la presunta "fórmula ganadora" de la coalición- y agravan la incertidumbre (y la polarización) del electorado frenteamplista.

Astori apenas está bajando a la cancha, por lo que, cuando empiece el juego fuerte, el "diálogo" sobre candidaturas en la izquierda será a los gritos, con heridos y contusos si el embrollo no se resuelve antes. Se trata de un camino que, por una u otra vía, asegura la derrota electoral del Frente en 2009 por lo que es dable pensar que se buscará evitarlo, o bien durante el viaje a Paraguay o antes de que el presidente realice su última gira al exterior en compañía del actual ministro de Economía, quien bajará precandidato del avión, apurado por volver a posicionarse en la "izquierda" pero sin abandonar la moderación y la seriedad que le otorga gran parte del rédito político.

Proyectar esta situación de lucha de precandidatos sobre el Congreso frenteamplista de octubre o, peor aún, hacerla estallar en una elección interna entre los miembros de este dúo que se rechaza y complementa al mismo tiempo, es un seguro suicidio político. Por ello aún domina la lectura de que Mujica sólo está generando las condiciones para imponerle a Astori un cerco de hierro de cara a un presunto segundo gobierno del Frente. Sabe que éste iría hacia la presidencia laminado en acero si es preciso.

Y no sólo Mujica empuja hacia la izquierda. El paro general de 24 horas aprobado en la Mesa Representativa va en similar sentido a impulsos del Partido Comunista, muchos emepepistas y otros radicales que se la tienen jurada a Astori: no es un paro por mejores salarios, es por más izquierda cuando, justamente, el partido se gana (como siempre ocurrió) en el centro. La militancia siempre vive en su microclima.

Así, el regreso de Astori a la lid política llana, o se basa en un acuerdo de caballeros a formularse en breve o lo conduce a un eclipse porque, decididamente, no nació vice.

Ni uno ni otro precandidato frentista tienen, biológicamente, una nueva chance; el uno sin el otro corre un severo riesgo de fracaso y uno contra otro son el fracaso mismo. Sin embargo, los personalismos políticos pueden hoy ayudar a la oposición, como antes ayudaron a la izquierda; la izquierdización de programas y consignas no tiene mayores posibilidades de prosperar en un país que reclama eficiencia y sentido común.

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