Educación

Públicos y otros privados quitan alumnos a los colegios católicos

La Primaria confesional perdió 12% de su matrícula en los últimos seis años.

El retiro de los blancos muestra que es difícil acordar políticas de Estado. Foto: AFP
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La cantidad de alumnos en las escuelas cabalga a la par de la demografía del país. Los colegios católicos no son la excepción: en Primaria han perdido un 10% de su matrícula en cinco años. Pero más allá del desplome de los nacimientos, detrás de esta caída de estudiantes hay cuestiones "económicas", de "competencia" con los públicos y un intento de las instituciones por encontrar su "diferencial académico".

Mucho antes de que Uruguay fuese Uruguay, los jesuitas portugueses que acompañaban la expedición de Manuel de Lobo para fundar Colonia del Sacramento organizaron el primer colegio confesional. Desde entonces los católicos han tenido participación en la enseñanza del país. Tan así es que en la era moderna, más de la mitad de los escolares que asistían a escuelas privadas iban a un colegio religioso.

Pero un censo encargado por la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), a cuyos resultados accedió El País, demostró que la participación de los católicos en la enseñanza privada cayó seis puntos porcentuales desde 2011 y once puntos desde 2005. Dicho de otro modo: los católicos no solo perdieron alumnado contra los públicos, sino también contra los privados laicos.

Aunque el dinero no es todo, como reza el dicho popular, sí "es clave" en la migración del alumnado, explicó Rafael Ibarzabal, director nacional de la Audec. Cuando Uruguay tuvo su mayor crecimiento económico y el desempleo más bajo de la historia, durante el primer mandato de Tabaré Vázquez, los colegios católicos vivieron una breve primavera de captación de matrícula. Luego, acorde se fueron recortando los puestos de trabajo y el salario real dejó de crecer al ritmo que lo venía haciendo, hubo una merma de esos estudiantes.

Eso podría explicar la rotación de alumnos de los privados a los públicos, pero no necesariamente de los católicos a otros privados, aclaró Ibarzabal. Es que, en promedio, las anualidades de los colegios confesionales son más baratas que los privados laicos. La Primaria católica, en Montevideo, cuesta cerca de $ 8.200 por mes, cuando hay colegios laicos que cobran más de $ 40.000.

Más económicos aún son los colegios católicos del interior, con cuotas que rondan los $ 5.200 mensuales. Es justamente fuera de Montevideo donde se dio la mayor explosión de "mini" centros educativos, de esos que no llegan a contar con 200 alumnos. Las grandes instituciones, de esas de más de 1.000 estudiantes, prácticamente desaparecieron fuera de la capital.

La participación de los uruguayos en bautismos, comuniones y matrimonios católicos cayó a la mitad en los últimos 20 años, según había calculado la Arquidiócesis de Montevideo. Esa pérdida de religiosidad, que afecta a la Iglesia a escala mundial, "pudo haber incidido" en la fuga de estudiantes de colegios católicos, "pero todavía no hay evidencia científica", señaló el director de Audec.

Según Ibarzabal, lo que está claro es que a los colegios católicos les está faltando "encontrar un diferencial académico". Tras analizar los resultados de las pruebas PISA, el director no le encuentra sentido a que, más allá de la oferta de "seguridad, infraestructura y valores religiosos", los privados no hacen la diferencia de resultados frente a los públicos de los mismos contextos.

La competencia.

La escuela pública ha impulsado algunos cambios que pudieron haber repercutido en los centros privados —católicos y no. Lo primero fue la expansión del tiempo pedagógico. Antes los padres veían en los privados una oportunidad de que sus hijos estuviesen en actividad durante las casi ocho horas que ellos trabajan. Ahora los públicos ofrecen esa posibilidad y además han ampliado la oferta de deportes y artes.

El salario docente en los públicos, a la vez, creció más que en los privados. Eso llevó a que algunos profesores y maestros prefieran radicarse en centros estatales. Y esa movida ha ido acorralando a los colegios privados en un escenario de faltante de docentes titulados. El achique de la matrícula de alumnos, sin embargo, les dio respiro para ir redistribuyendo los recursos.

En los últimos seis años, que van de censo a censo, la cantidad de maestros en colegios católicos bajó de 2.098 a 1.859. En el mismo período creció la contratación de profesores, sobre todo en bachillerato, y de técnicos —psicólogos, trabajadores sociales y animadores, por ejemplo.

Los datos del último censo, que elaboró la consultora Equipos, dejan entrever que los centros públicos hicieron la diferencia en la oferta de la educación inicial. La universalización de la enseñanza para los cuatro y cinco años, y el crecimiento en tres años, le han quitado a los centros católicos un 9% de su matrícula (996 alumnos en seis años).

Y hay más. "Estimamos que algunos estudiantes que empezaron a ir a los públicos, luego se quedan en las mismas escuelas que cursaron inicial", explicó Ibarzabal, lo que le significó a los católicos un nuevo frente de competencia.

Las luces amarillas que enciende este censo son, según el director de Audec, una buena oportunidad "para replantearse cómo mejorar el acompañamiento y la innovación: esto no es un eslogan publicitario, sino el gran dilema al que se enfrenta la educación formal a esta altura del siglo XXI".

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