Universidad y trabajo

"M’hijo el dotor": más que una frase, un buen negocio

El título universitario “hace la diferencia”, pero el rédito laboral varía según la carrera. Los odontólogos y enfermeros dicen estar muy mal pagos.

Macrocefalismo: para varios  estudiantes del interior, la imagen de la UdelaR está en 18 de Julio. Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

La fuga de cerebros es un mito". La Universidad de la República podría publicitarse así y, a juzgar por las cifras, no estaría faltando a la verdad. Cuatro años después de haber terminado la carrera, el 97% de sus egresados reside en Uruguay. "Título en mano, puesto asegurado". Este también sería un eslogan certero: el 94% de sus graduados está empleado. "Trabaje de lo que le interesa". Esta es otra posibilidad marketinera: ocho de cada diez profesionales ocupados, se desempeñan en roles que están bastante y muy relacionados con el diploma obtenido. Pero entonces más de un licenciado en Música dirá que "se está exagerando" y más de un historiador gritará: "esto es un disparate". Si la alegría, según el dicho popular, va por barrios, en la UdelaR va por facultades.

Aquella tradicional idea de "mhijo el dotor", esa que el dramaturgo Florencio Sánchez complejizó en una obra teatral, parece tener su fundamento. Es cierto que esa profesión "no es changa" y que los estudiantes pasan entre seis y siete años rodeados de libros, estetoscopios y cráneos. Pero cuatro años después de titularse, la casi totalidad de los médicos (95%) está empleada. Y entre quienes están ocupados, el 99% trabaja de lo que estudió.

La División Estadística de la UdelaR realizó la segunda ola de seguimiento de sus egresados, a cuatro años de haber obtenido sus títulos. Los resultados, a los que accedió El País, confirman que aquellos que estudiaron carreras vinculadas con la salud y están trabajando, lo hacen mayormente en empleos que están "muy relacionados" a su profesión. Pero también a la interna del área hay diferencias.

Mientras la totalidad de las parteras ocupadas ejercen de lo que se titularon, uno de cada cinco nutricionistas y uno de cada seis psicólogos trabajan en tareas "nada relacionadas" con sus carreras.

Colectivo. El referente dejó de ser una persona para pasar a ser un equipo de líderes o jefes, resalta GPTW.
Foto: Archivo

Estas diferencias de inserción laboral, aclara el investigador Nicolás Fiori, evidencian que "en algunas áreas la demanda de personal calificado es muy elevada, lo que deriva en rápidas inserciones profesionales" y en otras es más lenta, pero puede que al cabo de unos años sea similar

Tecnólogo Agroenergético es una de las carreras universitarias más breves, dura solo tres años. Por su especificidad, su grado de aplicación práctica y porque se estudia en el interior (en Bella Unión), podría pensarse que el mercado laboral está esperando a estos graduados con los brazos abiertos. Pero la investigación de la UdelaR revela que a cuatro años de haberse recibido, uno de cada siete está desocupado. Y entre quienes sí trabajan, la casi totalidad (83%) lo hace en oficios que tiene poco y nada que ver con el título que obtuvo.

Pintó estudiar.

Hasta hace no mucho tiempo, las redacciones de los diarios estaban ocupadas por periodistas que jamás pasaron por una universidad. Tampoco los traductores estaban titulados ni siquiera lo estaban los asistentes sociales. Pero la profesionalización, o mejor dicho lo que la sociedad espera de quienes ocupan estos cargos, hizo que ahora el escenario sea bien distinto.

En el arte, sin embargo, ese proceso de legitimidad profesional parece no haber llegado. Según el director del Instituto Nacional de Bellas Artes, Fernando Miranda, "la sociedad aún sigue legitimando a los artistas por otro criterios —la crítica o la asistencia de público— y no por un título habilitante". Eso explica, según él, que de las cinco facultades cuyos graduados ejercen en trabajos menos relacionados a sus carreras, cuatro sean del área social y artística.

Solo la mitad de los egresados de esta área y que trabajan ejercen en una ocupación "muy relacionada" a lo que estudiaron. Humanidades, Música, Comunicación y Bellas Artes bajan el promedio que, a la inversa, suben Ciencias Sociales, Economía y Derecho.

Pero en el arte, como en las letras, pareciera que la legitimidad social no explica todo el fenómeno. Poco antes de fundarse la Facultad de Humanidades, por una ley de 1945, en Uruguay ya se estaba debatiendo si la formación docente debería ser universitaria y, en todo caso, si la tarea de formar a los futuros maestros y profesores era responsabilidad de la Universidad. De haberse concretado, hoy no se estaría debatiendo la creación de una Universidad de la Educación. Pero los legisladores de entonces decidieron que el Magisterio y los institutos de profesores corrieran por una línea separada con mayor control del gobierno de turno.

Pero que la formación docente esté separada de Humanidades no eximió a que muchos licenciados en Historia, en Filosofía o Letras "terminasen ejerciendo como docentes" y, con seguridad, respondiesen que sus ocupaciones están poco relacionadas a lo que estudiaron, indicó el antropólogo Pablo Gatti.

Humanidades: la sanción a Rocca fue aprobada por el Consejo de la Facultad por unanimidad.
Foto: El País.

En Bellas artes ocurre lo mismo. "La apertura de talleres artísticos en la ANEP o del bachillerato artístico generó muchas fuentes laborales", explicó el director Miranda.

El origen de la Facultad de Humanidades también arroja otra explicación de por qué no en todas las carreras existe la misma inserción profesional. El primer decano de esa institución había sido Carlos Vaz Ferreira. Este filósofo impuso su idea de que en la Universidad vale "el conocimiento por el conocimiento". En criollo significa que son bienvenidos los estudiantes que quisieran aprender sin importar la salida laboral.

Bellas Artes y Música comparten esa misma realidad que, según el director Miranda, se refleja en que "varios estudiantes hagan más de una carrera a la vez, o ya tengan un título previo o ingresen con un promedio de edad más alto que en otras facultades".

Tal vez sea por esas ganas de estudiar, aunque no rindan en lo laboral, que si se pudiera volver el tiempo atrás, más de la mitad de los egresados harían la misma carrera en la misma universidad.

Graduados en salud son muy críticos con su salario
Foto: archivo El País

Se la pasaron más de cuatro o cinco años estudiando, son los únicos habilitados para desempeñar ese rol, tienen poca competencia, están mayormente ocupados y aun así dicen que están mal pagos. Muy mal pagos.

Aquellos graduados en el área de salud evalúan que sus ingresos son pésimos en relación al título universitario obtenido. En una escala del uno al diez, en que uno es "muy bajo" y diez "muy alto", los odontólogos, enfermeros, psicólogos, nutricionistas y tecnólogos médicos califican con un uno a sus salarios.

En el caso de los nutricionistas también son muy críticos (califican con uno) la relación del título obtenido con el prestigio profesional.

En el polo opuesto están los ingenieros, quienes reconocen estar "bastante bien" pagos. Ellos autocalifican a sus ingresos con un ocho en diez, muy similar a los contadores y economistas (siete en diez).

Los ingenieros son a su vez, junto a los agrónomos, los que perciben su título universitario con mayor prestigio profesional frente a otros universitarios. Les siguen los médicos, químicos y economistas.

En Bellas Artes y en Humanidades la calificación de sus egresados es "uno" tanto en los ingresos como en el prestigio. Esto, según el director de Bellas Artes Fernando Miranda, "es el gran tema a evaluar". Es que a su entender se relación con que uno de cada cuatro de los titulados en su escuela estén poco satisfechos con sus ocupaciones.

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