NUEVO ESTUDIO

Más de la mitad aprueba la calidad de la escuela pública

La satisfacción crece entre quienes tienen hijos cursando en instituciones del Estado, dice la consultora Opción.

Niños en una escuela pública. Foto: Archivo El País
Niños en una escuela pública. Foto: Archivo El País

En los dos últimos años hubo subidas y bajadas de los delitos. Apareció un nuevo virus que obligó a la humanidad al encierro. Hubo acusaciones de corrupción y hasta alternancia del poder en Uruguay. Pero para uno de cada diez uruguayos, sin importar cualquiera de estas otras variaciones, la marcha educativa sigue siendo el principal problema del país.

La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) impulsa una transformación curricular. Como parte del proceso de cambio, le encomendó a la consultora Opción un estudio sobre las percepciones de la población respecto a la educación pública. Y es curioso porque la evaluación de la gestión del organismo rector de la enseñanza viene mejorando, también hay una mayoría satisfecha con la calidad de las escuelas, UTU y liceos (mejora todavía más entre quienes tienen hijos cursando en las instituciones del Estado). Pero la educación sigue figurando como un problema país latente... inmutable.

Es un problema tan latente que la palabra “educación” reaparece en cada discurso presidencial el día de posesión del cargo. Desde la salida de la dictadura, y sin importar el signo político del mandatario entrante, todos los presidentes uruguayos hicieron mención a esa palabrita el día del cambio de mando frente al Parlamento. “Educación” figura 59 veces entre los ocho mensajes que van desde 1985 a 2020.

En este sentido, la marcha educativa parece escaparle al clásico clivaje de los partidos políticos. No solo porque los representantes políticos estuvieron (casi) de acuerdo en los principales asuntos de discusión en la primera mesa de consulta para la transformación curricular -el miércoles pasado-, sino porque en la opinión pública el voto partidario parece pesar bastante poco a la hora de la evaluación.

Más de la mitad de los uruguayos (52%) evalúa como “buena” o “muy buena” la calidad de la educación que reciben los niños en las escuelas públicas uruguayas. Esa mirada positiva supera en 31 puntos porcentuales a la visión negativa. Ese saldo no se modifica cuando se discrimina por el voto en octubre de 2019: el 54% de los frenteamplistas ve positiva la calidad y el 51% de los votantes de la coalición multicolor también lo ve así.

De hecho, la aprobación de la gestión de la ANEP, en la que sí aparecen más marcadas las diferencias políticas (es parte de la gestión gubernamental), viene en ascenso incluso antes de la alternancia en el poder.

Según la encuesta de Opción realizada por teléfono a 800 casos y representativa de la población uruguaya mayor de 18 años, el 45% dice que la gestión de la ANEP es “buena” o “muy buena”. Esas menciones superan en 23 puntos porcentuales a las negativas. La visión positiva de la administración de la educación duplica los guarismos registrados a la misma fecha del año 2015. Pero según la misma encuesta, no es que hubo un salto con el cambio de gobierno, sino que la opinión pública fue modificando su postura lentamente, lo que en una gráfica dibujaría una extensa línea verde que asciende de a poco (y que ya en agosto de 2019 era más positiva que negativa).

En consistencia con quienes están más preocupados por la marcha educativa (y que ubican a la enseñanza entre los principales problemas del país), la evaluación de la ANEP es más negativa entre los más formados, los más jóvenes y de Montevideo.

Subsistemas

En la escuela los maestros están todos titulados, suelen tener un cargo fijo y según las autoridades de la enseñanza “existe un orden que hace que funcione mejor” que los otros subsistemas. La encuesta de Opción muestra que la opinión pública también lo percibe así.

Mientras más de la mitad evalúa como “buena” o “muy buena” la calidad de las escuelas públicas, en el caso de los liceos la visión positiva cae al 43% (incluso se desploma al 32% entre quienes tienen nivel formativo más alto). Otra vez, las elecciones político-partidarias no hacen la diferencia a la hora de esta evaluación. Pero sí hay una marcada diferencia entre quienes tienen y no tienen hijos cursando en instituciones públicas.

Cuando a los padres que tiene hijos en la escuela pública se les pregunta específicamente por la escuela a la que van los hijos -y ya no en el abstracto de la educación en general-, la satisfacción alcanza el 87%. Pasa lo mismo entre quienes tienen hijos en liceos o UTU, en que las respuestas de muy o bastante satisfecho trepan al 83%.

No es casualidad: en los estudios de opinión pública suele observase que los ciudadanos tienden a tener una visión más positiva de aquello que les es propio. El ejemplo más típico es el nivel de limpieza de la ciudad. Cuando se pregunta por toda la urbe, en abstracto, las menciones tienden a ser negativas. Eso se invierte cuando se pregunta por la limpieza en la cuadra en la que vive el encuestado.

Por último, la encuesta encargada por la ANEP concluye que la opinión pública acompañó las medidas adoptadas sobre la presencialidad: tanto cuando hubo cortes como cuando se decidió la vuelta a las aulas.

El 32% no opina de la reforma

El silencio también habla. La actual administración sabe que su éxito dependerá de cuándo avance la reforma educativa. Pero casi un tercio de los encuestados por Opción no sabe o no contesta qué es lo primero que debería cambiarse. Entre quienes sí tienen idea, hay una mayoría que se inclina por el diseño curricular.

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