LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

Jorge Xavier: “Dentro de cinco años ya no existirá el dinero físico”

Luego de 35 años en el BCU, de haber sido el interventor de bancos en la crisis de 2002 y responsable de la puesta en marcha de la “inclusión financiera”, ocupa el mismo sillón que dejó vacío Rodrigo Arim. Sobrevivió a 69 horas en la montaña escaló hasta la cima del mundo, el Everest.

Jorge Xavier, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Udelar. Foto: Francisco Flores.
Jorge Xavier, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Udelar. Foto: F. Flores.

Estuvo en la cima del mundo y ahora está en lo más alto de la Facultad de Economía de la UdelaR. Jorge Xavier -o “J”, como lo llaman sus compañeros en las travesías por las montañas- conoce el riesgo de cerca. Trepó el Everest, sobrevivió a una maratón de tres días, vio a competidores desvanecerse y a dos fallecer. Pero también supo de primera mano el peligro de la crisis de 2002, fue el interventor del Banco Montevideo y el gerente de Sistemas de Pago del Banco Central cuando Uruguay dio paso a la inclusión financiera.

Ahora, sentado en el mismo sillón que el hoy rector de la UdelaR, Rodrigo Arim, ocupó durante ocho años, Xavier es consciente que su llegada a la cima de la Facultad de Economía es solo “la mitad del camino” porque después queda el trecho de “bajada”.

─ ¿Cómo enfrenta esta nueva carrera, la del decanato?

─ Una característica mía, a lo mejor por eso viene lo del ultramaratonista, es la resistencia. Estuve 69 horas de competencia, en la montaña, en régimen de autosupervivencia (en la mochila se carga lo mínimo indispensable para no morirse). Ese tipo de pruebas te demuestran la importancia de la persistencia y de encararlo todo con pasión. La otra característica que es necesaria en la montaña, pero también me la hicieron notar mis excompañeros del Banco Central, es la generación de equipos de trabajo.

─ ¿Es un eslogan?

─ Al contrario. Vengo de una generación que estudió durante la dictadura y en la que, pese a las discordancias ideológicas, los estudiantes teníamos que remar todos para el mismo lado. Algo similar me ocurrió cuando me vine desde Artigas para estudiar en Montevideo. No quería venir y lo hice por un pacto de caballeros con mi padre. Mi madre ya había fallecido y mi padre me convenció de que estudiara para contador público que es lo que él no había podido estudiar y a mí me gustaba. Pero cuando llegué a la capital, pasé cuatro años viviendo en la sede de AEBU. Ahí también aprendí de la importancia de la convivencia, del trabajo en equipo.

─ ¿Cuánto pesa en esta montaña la mochila de la llamada revolución Arim, su antecesor?

─ No me pesa porque trabajé con Rodrigo Arim en su segundo mandato como decano. Comparto lo sustancial de su revolución, del cambio del plan de estudio, la evaluación externa de las carreras. Cambiar estructuras académicas, como se hizo, es algo complejo. La UdelaR estaba armada para funcionar bajo las lógicas de las cátedras y no en departamentos como hicimos en la Facultad. Sin el liderazgo de Arim los cambios no se hubiesen concretado: Economía estuvo 13 años discutiendo el cambio del plan de estudio.

─ ¿Cómo imagina que usted dejará el decanato?

─ Uno tiene que tener claro cuál es la universidad y la facultad con la que sueña. Ese sueño es una universidad descentralizada -con presencia creciente en el interior del país-; con democratización en el acceso a la enseñanza universitaria; y, por último, con rigor académico de lo que hacemos.

─ ¿Pero tiene una medida concreta, revolucionaria?

─ Revolucionaria no. Por ejemplo: estoy en contra de que los estudiantes de primer año terminen acudiendo a clases particulares en una universidad pública. Pero, al mismo tiempo, pienso que el camino es reforzar el apoyo y eso no requiere de una medida “revolucionaria”. Hoy es el servicio de la UdelaR que tiene un mayor número de matriculados, pero al cabo del primer año perdemos cerca de un tercio de los estudiantes. No me preocupan aquellos estudiantes que dejaron porque también se habían anotado en otro lado. Pero es preocupante que 1.000 estudiantes de los 3.000 que ingresan cada año terminen desertando.

─ ¿Le preocupa, además, cómo se adapta la Universidad a los cambios, a la automatización?

─ Uno de los desafíos es la imperiosa actualización en el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación. Este crecimiento ha sido exponencial. Al cabo de mis cuatro años de decano me encantaría poder decir que estamos brindando una formación que se puso al día.

─ ¿Es viable estar al día?

─ En términos tecnológicos siempre se va a correr de atrás, pero lo importante es la comprensión del fenómeno. Hoy no podemos seguir hablando de sistemas financieros como si la robotización no existiera, ni el Big Data o las criptomonedas...

─ ¿Estos cambios hacen que sin la ley de inclusión financiera igual se hubiese dado el cambio de sistema de pagos?

─ Sí, pero no con la importancia que ya tiene hoy. El uso del débito se multiplicó por 14 desde que se aprobó la normativa. En cualquier escenario que se proyecte, en el muy corto plazo el concepto de dinero va a cambiar. Dentro de cinco años no existirá el dinero físico. Ya hoy cualquiera de nosotros anda con muchísimo menos efectivo encima.

─ En cinco años no existirán los billetes y al mismo tiempo hay uruguayos que juntan firmas contra la inclusión financiera, ¿cómo se conjugan estos dos ritmos?

─ En el escenario futuro cercano, aun cuando se junten firmas, la evolución tecnológica hace que se impongan los medios electrónicos. Hoy ya está a la vuelta de la esquina la tecnología sin contacto. Hoy usamos sistemas de comercio electrónico y pagamos la mayor parte de nuestros gastos sin tocar dinero físico.

─ ¿Eso es bueno?

─ Claro. Es más eficaz, más práctico, seguro y hasta ambiental.

─ Las invenciones tecnológicas, a veces, benefician a unos pocos que tienen el dominio. ¿Sucede en esto?

─ La evolución en este tema es natural y, reitero, va más allá de una ley. También creo que el gobierno generó beneficios fiscales para los actores que se han incorporado. Y pienso que el dinero físico supone costos importantes que muchas veces no están explícitos.

─ ¿Esta no es una ley hecha “a medida” de los bancos?

─ No.

─ China usa la versión de WhatsApp chino para el pago, ¿llegará eso a Uruguay?

─ El avance tecnológico no reconoce fronteras físicas y simbólicas. Como dicen los técnicos: la noción de futuro está mal distribuida, algunos ya saben qué va a pasar y otros no tienen idea.

─ Hablando de tener o no idea, usted fue interventor de bancos en la crisis de 2002 cuando no había mucha idea. ¿Qué aprendizaje le dejó?

─ Una capacidad de afrontar situaciones críticas, con escasas posibilidades de éxito. En situaciones críticas lo mejor que te puede pasar es empatar. Tenía 42 años y jamás pensé que elegiría enfrentar esa coyuntura. Pero, al mismo tiempo, es una responsabilidad en un momento histórico.

─ ¿Fue tal el aprendizaje que es impensable un 2002 a corto plazo?

─ Creo que es impensable. Y la prueba está en que en el contexto regional, la posición de Uruguay es francamente envidiable. Uruguay hoy es ejemplo de madurez y solidez, y en gran medida eso deriva del aprendizaje que dejó la crisis de 2002.

─ ¿Argentina no aprendió?

─ Sería atrevido si opinara de Argentina. Pero sí puedo afirmar que lo que sucede allí es un pase de facturas políticas permanente, al estilo fuego cruzado, que hace que ese país no tenga niveles mínimos de estabilidad, de confianza.

─ ¿Esta diferencia justifica que Danilo Astori haya sido galardonado por una revista como el mejor ministro de Economía de la región?

─ Considero que Astori tiene mucho que ver en el manejo macroeconómico del país y en la solvencia. Para esta casa de estudio es un orgullo que un exdecano y profesor emérito haya recibido este premio.

─ ¿Por qué Uruguay es un país caro?

─ ¿Comparado con qué? La distribución del ingreso que tenemos en Uruguay es bastante ejemplar, eso no es casualidad. Eso va atado con el nivel salarial. Si queremos tener un país más barato, eso implica menor remuneración. Tenemos una de las coberturas de salud más exitosas, en cantidad de población y lo que incluye el servicio frente a otros países -basta ver Estados Unidos. La educación pública también cuenta.

─ ¿Entonces por qué se dice que Uruguay es caro?

─ Sucede que la gente no es del todo consciente de los derechos que tiene salvo cuando los pierde. Los niveles de atención de salud que tenemos en Uruguay, y lo que el Estado invierte en eso, es francamente envidiable. En Uruguay todo ciudadano tiene acceso a esa atención, eso no tiene precio. Eso es valor más allá de costo, es el valor de la vida en la sociedad. ¿Por qué se están radicando empresas internacionales y vienen extranjeros a vivir si es tan caro?

─ Sin embargo, hay uruguayos que se van…

─ Uruguay ha hecho un cambio en algunos sectores de conocimiento y no tanto en otros como la actividad primaria, los commodities.

─ Entre los uruguayos que se están yendo, una gran mayoría son universitarios, ¿es porque aquí no hay nivel para ellos?

─ A veces no nos damos cuenta de la capacidad de nuestros investigadores. En los dos últimos años, fruto de las restricciones presupuestarias, puede que esté en riesgo esa calidad investigativa. Pero sí se ha capitalizado a algunos, han hecho mundo y decidieron radicarse aquí.

─ ¿Incidirá en el futuro esta restricción presupuestal de la UdelaR?

─ Se hará notar. ¿Cuánto? Aún no lo sabemos. Desde mi rol me comprometo a seguir peleando para que la apuesta a la investigación no quede solo en una frase de un programa de gobierno.

Un peluche, el amuleto del decano

Jorge Xavier no es un hombre de peso. Literal. Cada vez que se sube a la balanza comprueba que se mantiene entre los 72 y 73 kilos -el peso justo para trotar durante horas y, a la vez, tener cierta reserva para enfrentar el frío de la montaña. Empezó a correr porque, a los 49 años, estaba excedido de kilos. Lo que al princi- pio fue la cinta del gimnasio pasó a ser la ruta, luego el campo, y más tarde la montaña. Aún desconoce qué decisiones relevantes deberá definir en la Facultad de Economía antes de que termine el 2019. Pero sabe que, para entonces, habrá tenido que sortear cuatro ultramaratones, una de ellas en el Mont Blanc, en los Alpes.

─ ¿Qué no le puede faltar en esas carreras?

─ Lo elemental para sobrevivir, el entrenamiento previo y Purna.

Purna es el nombre de su peluche, un carpincho que se había comprado en una maratón en Francia y que fue su amuleto de la suerte en la escalada al Everest el año pasado. Lo bautizó así en homenaje al hijo del sherpa que lo guió en esa travesía. Pero, a la vez, es una palabra de origen sánscrito que significa “completo”. Así se siente Xavier cada vez que enfrenta un desafío, dice, “aunque salga último”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)