EL PROBLEMA INICIAL

Jardín, ese lugar al que los niños faltaron más de un mes y medio

El ausentismo en Inicial casi que duplica al promedio de faltas de los escolares: 40 vs. 24.

Jardín de infantes. Foto: Fernando Ponzetto.
Jardín de infantes. Foto: Fernando Ponzetto.

Pedrito se levantó cansado, así que hoy no fue al jardín. Tampoco fue Laurita que se quedó en la casa del padre a quien casi no ve. Raulito se ausentó porque hacía mucho calor, y Sofía, a la inversa, faltó porque en su pueblo no paraba de llover. A otro le dolía la garganta y a otro… Cualquier excusa sirve para alimentar lo que el consejero de Primaria, Héctor Florit, llama “la peor sangría”: en educación inicial los niños faltaron a clase, en promedio, un mes y medio -40 días lectivos.

El “festejo” de Reyes le llegó al sistema educativo con un “lindo” regalo por un lado, y uno “preocupante” por otro. De primero a sexto de escuela mejoró la asistencia y, en promedio, los alumnos se ausentaron 24 días lectivos. En inicial, en cambio, el promedio de inasistencias volvió a aumentar y casi duplicó al de los escolares. Pero como esto no es un juego de niños ni se trata de regalos sino de políticas, algunos técnicos de Primaria estuvieron todo el fin de semana intercambiando mensajes de Whatsapp en busca de respuestas.

Los niños faltaron más que en 2009, cuando la epidemia de la gripe A vació buena parte de las aulas durante unas semanas, así que las enfermedades no parecen ser la explicación a esta “sangría”. Se ausentaron más que en 2015, el año que la conflictividad en la educación alcanzó tal punto que el presidente Tabaré Vázquez tuvo que decretar la esencialidad, así que los paros tampoco son la justificación. Ni las advertencias meteorológicas o los duelos.

Todo apunta hacia la “excesiva permisividad”. Es una historia que comenzó en la década de 1990, cuando la escolarización a los cinco años pasó a ser obligatoria. Desde entonces entraron en disputa dos paradigmas: la mentalidad de varios padres que creen que al jardín se va solo a jugar o hacer tiempo, versus la literatura científica que le da a esta etapa de la escolarización una importancia elemental para el desarrollo.

Cuando el bebé es recién nacido, su cerebro crece a un ritmo de 1% por día. Luego esa vorágine de desarrollo comienza a desacelerarse, pero continúa su aumento. Tal es así que cuando el niño está en la etapa del jardín coincide con el mayor crecimiento de las redes neuronales que permiten la representación, el juego simbólico y el manejo del lenguaje.

Los pobres son los que más faltaron. Siempre ha sido así, pero lo reiterativo no apacigua el problema. Por el contrario, los niños de los contextos más críticos son los que necesitan más estímulos y son los que, a la vez, corren más riesgos de fracaso escolar. De hecho el consejero Pablo Caggiani había advertido el año pasado que las inasistencias en el nivel inicial son “un predictor” de la repetición en primer año de escuela.

La mentalidad

La educación inicial no es preescolares, porque es un aprendizaje en sí mismo que significa preparar para la escuela. La educación inicial no es una guardería, porque no se trata en que los niños pasen allí un rato mientras sus padres trabajan. La educación inicial es, como dice su nombre, educación. Pero esa mentalidad aún no ha permeado a buena parte de la sociedad y, según el consejero Héctor Florit, explica el elevado número de inasistencias.

Durante 2018 aumentó la cobertura de los niños de tres años y creció la matrícula en los sectores más pobres, dos variables que pueden explicar el aumento del ausentismo. Pero el consejero Florit insiste en que los factores culturales, cierto temor de los padres (a que el niño se enferme o que los más grandes no lo cuiden) y la falta de percepción del valor educativo “es lo determinante”. Así lo había señalado un estudio de Unicef, cinco años antes.

En los jardines uruguayos los niños “pasan” de año por una cuestión de edad. Según la normativa vigente, el rendimiento y la asistencia a clase no son factores que condicionen la repetición. Pero como el elemento “de fondo implica un cambio de mentalidad”, Florit no es afín a modificar el reglamento para que sea más coercitivo.

El estirón.

De las diez metas que la ANEP se trazó para este quinquenio, una de las más ambiciosas y que más viene cumpliendo, es la expansión de la cobertura de los niños de tres años. Cuando comenzó la actual administración, el 68% de la población de esa edad acudía a un centro educativo y al día de hoy ha aumentado unos diez puntos porcentuales.

Dado que los padres vienen respondiendo y la demanda sigue en crecimiento, para este 2019 habrá algo más de 1.250 plazas nuevas -cifra que ni siquiera contentará a todos los interesados. Pero pegar el estirón tiene su costo.

“Este año estamos ante un año bisagra y complicado: se sigue expandiendo la cobertura sin tener terminados los nuevos jardines PPP y sin contar con nuevas maestras especializadas en educación inicial”, dijo el consejero Florit. De todas formas, explicó, “el Consejo (de Primaria) estuvo previendo este escenario desde setiembre y habrá 31 aulas prefabricadas para satisfacer parte de la demanda”.

El elevado número de inasistencias, podría conspirar contra la idea futura de que la educación formal sea obligatoria desde los tres años. Sin embargo, en el Consejo de Primaria son optimistas y vaticinan que para 2020 “todo se irá acomodando”. Es que para entonces ya habrá formadores especializados, los jardines nuevos y las primeras señales de una natalidad que ha caído en casi 8.500 bebés en tres años.

El otro estirón. A más de 140 años de la Reforma Vareliana, la obligatoriedad es el pilar que más está en juego. Los propios consejeros de Primaria han definido al ausentismo como “el talón de Aquiles” del subsistema que dirigen. Pero la buena noticia es que el año 2018 cerró con tres días más, promedio, de asistencia (pasó de 156 a 159).

Lo que aún se desconoce es el motivo de este pequeño estirón. Una posibilidad es que al haber aumentado los días de clase, también los niños tuvieron más opción de acudir. En 2017 hubo un promedio de 181 días lectivo, mientras que en 2018 trepó a 187.

La buena noticia se ve “opacada”, además de por el “elevado” ausentismo en inicial, por el crecimiento del abandono intermitente. Los técnicos llamas así a los estudiantes que asistieron hasta 70 días en el año. En este caso aumentó de 0,50% a 0,56%, pero justo un año en que también creció la matrícula.

Tras quince años de pérdida de alumnos, el sistema recuperó el año pasado unos 3.500 escolares. El hecho, que junto a la baja de la repetición alegró a los consejeros, estuvo muy influenciado por la llegada de niños extranjeros.

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