ALEJANDRO MAICHE

Según el experto en educación Maiche: "Hay que romper el modelo clásico de escuela"

El cerebro humano funciona con estructura y redes claras. Pero, curiosamente, uno de los uruguayos que más ha estudiado el cerebro sugiere que llegó la hora de romper las estructuras, al menos en educación.

Alejandro Maiche, directivo del Ineed. Foto: Marcelo Bonjour
Alejandro Maiche, directivo del Ineed. Foto: Marcelo Bonjour

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Alejandro Maiche, el hombre en el que había pensado María Julia Muñoz para sustituir a Fernando Filgueira en la subsecretaría de Educación, sostiene que ni la maestra, ni la directora ni el padre tienen que decidir con quién estará su hijo en la clase. En cambio, sugiere que algunos expertos analicen las evaluaciones de los niños y las maestras y así armen los grupos; aunque una clase quede con 15 alumnos y otra con 25.

-¿Por qué hay que subir la edad de ingreso a la escuela?

-Los psicólogos sabemos, desde siempre, que la edad, sobre todo al inicio de la vida, es un factor determinante para la adquisición de competencias cognitivas. Hay una diferencia abismal entre lo que puede hacer, en promedio, un niño de cinco años y uno de seis. Pero a esos dos niños, en el sistema uruguayo, los tenés muchas veces en la misma clase y eso se nota en la adaptación y en la repetición. Esas diferencias serán menos perceptibles cuando esos niños sean más grandes. Es como una lamparita que se regula con un dimmer: cuando pasa de la oscuridad a un poco de luz se nota enseguida, luego, entre mucha luz y aún un poco más de luz, ya no se nota tanto la diferencia. Entre una persona de 40 años y otra de 41 casi no hay diferencias cognitivas. Entre uno de 14 y otro de 15, algo. Y entre uno de cinco y otro de seis, muchas.

-Si existe evidencia científica, ¿por qué no se cambia la edad de ingreso?

-Para llevar adelante una política pública no importan solo los datos crudos, la estadística. Los niños avanzan (a nivel cognitivo) si tienen un ambiente que los potencie. En este sentido, la escuela es un ambiente potenciador, aun cuando los niños, por diferencia de edad, no se desarrollen igual. Entonces la política pública tiene que tener en cuenta qué pasa con un niño que está por cumplir tres años y que no lo dejaste entrar al jardín ese año para que, en el futuro, ingrese con seis justo a Primaria. Ese niño que lo dejaste en su casa se potenciará mucho menos que si, pese a la edad, lo hubieses dejado estar en el sistema educativo. Si en todas las casas el ambiente fuese igualmente potenciador, no tendrías problema… pero no es la realidad uruguaya. En el Uruguay de hoy se nota más la diferencia entre el contexto de hogares más pobres y más ricos que la diferencia de edad de los niños al ingreso a la escuela.

-¿Hace la diferencia haber ido al jardín en tres años?

-Todavía no lo tenemos medido en habilidades cognitivas porque la universalización de tres años es muy reciente. Sí sabemos por los resultados, por las notas, que hay notoria diferencia. Además, se nota en la velocidad con la que adquieren habilidades. De ahí que sea conveniente evaluar tempranamente a cada niño en particular y así trazar lo mejor para ese niño.

-¿Es viable? ¿Por qué a mi hijo lo dejaron en cinco años y su amigo Fulano pasó a primero de escuela?

-La individualización del avance educativo va a llegar. Hoy es inviable, estamos lejos. Algo que no sabemos científicamente, al menos no en Uruguay, es qué capacidad tiene un maestro de atender a toda la diversidad de su clase. Nos hemos comido la pastilla de que es muy buena la diversidad. Es verdad: uno aprende de encontrarse con un diferente. ¿Pero eso quiere decir que es mejor cuanta más diversidad haya en un salón de clase? ¿Puede manejar un maestro de escuela una clase en que un niño no sabe leer y escribir y un compañero suyo lee en cuatro idiomas?

Alejandro Maiche, directivo del Ineed. Foto: Marcelo Bonjour
Alejandro Maiche, directivo del Ineed. Foto: Marcelo Bonjour

-¿Eso quiere decir que el sistema educativo tiene que ser selectivo?

-No, al contrario. No se trata de dejar gente afuera, sino de modular la diversidad. Estoy convencido que Uruguay necesita muchísimos más bachilleres y muchísimos más profesionales. Eso solo se logra con inclusión, no es un tema de eslogan. Pero para que sea inclusivo tiene que ser adecuado, que le interese al niño y al joven. Y para que sea interesante no puede haber cualquier diferencia adentro de una clase. Yo puedo decir cosas muy interesantes en chino, pero si nadie entiende chino no va a ser interesante. Hay que romper con el modelo clásico de escuela.

-¿Cuál es la realidad de diversidad en Uruguay?

-Uruguay tiene diferencias sociales muy notorias. Volviendo a la edad de ingreso: la probabilidad de repetir en primero de escuela es 10% mayor entre quienes ingresan sin haber cumplido los seis años y provienen de hogares pobres. Entre los más ricos también hay probabilidad, pero es del 5%. Eso puede tener que ver con que los niños, muy niños, no tienen los espacios de estimulación cognitiva.

-Mientras no existan esos espacios, ¿qué se puede hacer?

-Acabo de volver de mi estadía en Harvard, Boston. Mi hija fue allí a una escuela pública de Boston. Los tipos atienden la individualidad. Si vos no sabés inglés, no te dejan afuera. Buscan la manera de nivelarte y de acompañarte. Es obvio que eso tiene que ver con recursos, pero no todo es económico. Uruguay está poniendo bastante plata en educación. Tal vez esa plata no se está distribuyendo de la mejor forma. Algo que sí se puede hacer, y que no implica dinero, es armar desde afuera los grupos de clase.

-¿Cómo es eso?

-En Uruguay, una vez que anotás a tu hijo en una escuela, le tocará el grupo A o B de forma aleatoria. O es una decisión de la directora que, por lo general, tiene que ver con que tal o cual esté con su maestra conocida o con la amiguita. Pero nadie se pone a pensar cómo armar los grupos de forma tal que potencie mejor el aprendizaje de todos los niños. El cambio en educación vendrá el día que seamos capaces de tomar decisiones inteligentes que provoquen resultados inesperados. ¿Alguien toma en cuenta los resultados de la prueba INDI (de desarrollo en el jardín) para armar los grupos de primero de escuela? ¿Tomamos en cuenta lo que sabemos de los niños y de las maestras? ¿La cantidad de niños por grupo está diseñada de lo que sabemos de las maestras y los niños? Tal vez que hay que tener un primero A de 25 alumnos y un primero B de 15.

-¿Es viable decidir esto con la rotación de docentes existente o cuando se elige el maestro dos días antes que empiecen las clases?

-Fernando Filgueira, a comienzo del quinquenio, quiso hacer cambios en el sentido que me refiero. Pero no pudo. Aun así, la ANEP podría decir: “este es el grupo A de la escuela N° X. Es así porque yo, ANEP, lo digo en base a los datos”. Un equipo de asesores le puede revisar los datos de cada niño, de cada docente y listo. Puede que los directores se sientan que les están quitando un trabajo que antes era de ellos. Pero necesitamos introducir cambios con la menor resistencia posible, y eso en Uruguay se está haciendo difícil.

-¿Por qué lo dice?

-María Julia Muñoz me había ofrecido el cargo que dejó Filgueira, luego el presidente Tabaré Vázquez le bajó el pulgar. Pero si hubiese estado en ese rol, creo que yo tampoco hubiese podido implementar los cambios. Lo que se necesita es un cambio de ambiente, una mayor apertura al cambio.

-En Finlandia, la supuesta meca de la educación, la enseñanza obligatoria empieza a los siete años. ¿Por qué acá discutimos si bajarla a tres?

-En Uruguay hay cerca de un 10% de profesionales. En Finlandia, ¿cuántos hay? Las casas de los niños en Uruguay no son comparables con las de Finlandia. El clima educativo es muy distinto.

-Entonces, ¿la escolarización a los tres años es un tema de realidad social de Uruguay y no porque sea la edad idónea?

-Lo que hay que hacer es crecer cognitivamente: que los estudiantes puedan hacer lo máximo que pueden hacer. Estamos desaprovechando esa natural apetencia de aprender de los seres humanos.

-Hasta que la escuela logre ser tan potenciadora para un niño del Marconi como de Carrasco, ¿qué se puede hacer?

-Durante el próximo gobierno, y solo como forma de transición, se deberían crear centros públicos de estimulación cognitiva. Tenemos un montón de niños que a los tres años vienen muy desnutridos a nivel cognitivo. La escuela, tal cual está hoy, es difícil que logre el ambiente más adecuado para algunos de estos niños. Hay que identificar esos niños (en eso se está avanzado) y ser capaces de ofrecer programas que le saquen la desventaja en el menor tiempo posible. En un país sin diferencias entre hogares, como hablábamos de Finlandia, no se necesitan esos centros de estimulación. Pero en Uruguay  solo el 3% de los niños que actualmente asisten a la escuela pública declaran tener al menos un padre profesional. Es bajísimo.

-¿A dónde van los hijos de los universitarios?

-La mayoría de profesionales, entre los que me incluyo muy a mi pesar, mandamos a nuestros hijos al sistema educativo privado. Eso tiene que cambiar: no por imposición, mandato legal o compromiso con la patria. La escuela tiene que ofrecer condiciones que valgan la pena.

-¿Cómo puede hacer la escuela pública para persuadir a todos los sectores?

-Un buen ejemplo es Antel. En el mundo de la telefonía móvil Antel es un jugador más del mercado que le compite de igual a igual a las empresas privadas. Antel no está pensando en ser solo una opción para los más pobres que no pueden pagarse una privada, sino en competir a la par. La escuela pública tiene que hacer lo mismo: salir a captar a todos, pero a todos. Necesitaríamos que al fin del próximo gobierno ese 3% de hijos de universitarios en los públicos crezca a un 20%.

-¿Qué le dicen sus pares universitarios?

-Por suerte hay algunos colegas que vienen mandando a sus hijos a la escuela pública y están obteniendo buenos resultados. Eso sí: son padres que se involucran y en determinados contextos. Lo que más me preocupa es cuando le pregunto a alguna autoridad de la educación si manda a sus hijos a la escuela pública y su respuesta es: “Mis hijos fueron a pública, mis nietos van a privada”. Eso es esquivar a la pregunta de fondo.

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Perfil del entrevistado

Nombre: Alejandro Maiche. 

Nacimiento: 31/03/1972.

Profesión: Doctorado en Psicología.

Cargo: Directivo del Ineed y profesor titular de Psicología Cognitiva en UdelaR.

Cuando Uruguay se sumergía en una de las crisis económicas más graves de su historia, en 2002, Alejandro Maiche estaba terminando en Barcelona su doctorado en Psicología. Ya entonces, cuando aún no eran tan evidentes las consecuencias sociales de la crisis, este docente de Psicología tenía una preocupación básica: ¿cómo se puede estimular de la mejor manera posible los cerebros de los niños uruguayos? En los primeros años de vida el cerebro funciona como una esponja que sirve para conocer el mundo, y la evidencia -porfiada- le demostraba que los niños uruguayos tenían desarrollos muy dispares porque también eran dispares los estímulos que recibían en sus casas. De ahí que el estudio de casos y el armado del Inventario de Desarrollo Infantil -que hoy se aplica en el jardín- hayan sido parte de sus aportes académicos en la Universidad de la República, la Autónoma de Barcelona y Harvard. Pero desde 2016 pasó a evaluar el sistema también desde adentro, siendo uno de los seis directivos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

La entrevista fue realizada en enero, cuando el entrevistado regresaba de su estadía en Harvard

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