La columna de pepepreguntón

Sin futuro

El dato es de por sí alarmante. De acuerdo a cifras oficiales, cada día unos 10 mil niños uruguayos de entre primer y sexto año de Primaria no acuden a clase por diferentes razones.

Un relevamiento del Consejo de Educación Inicial y Primaria advirtió que este año hubo más de 9.500 escolares que presentaron un promedio de más de cuatro inasistencias mensuales a clase. Eso supone que, en un año lectivo de unos nueve meses de clase, hay alumnos que culminan con 36 inasistencias. O, lo que es igual, que en nueve meses de clase hay casi dos en que no acudieron al aula.

Los mayores niveles de ausentismo se dan en el área metropolitana, en alumnos de primer y segundo año, y en niños que pertenecen a hogares pobres.

Las autoridades están preocupadas. El consejero de Educación Inicial y Primaria, Héctor Florit, advierte que "cuando un niño asiste un par de días y falta otro" la consecuencia es que "no hay proceso pedagógico". "No hay vínculo con el docente, ni posibilidades reales de aprendizaje", explicó.

Florit sostuvo que el problema del ausentismo es incluso más grave en la educación inicial, donde la cantidad de alumnos con más de cuatro faltas mensuales asciende al 30% de la matrícula.

La educación en Uruguay tiene carencias graves. Ya (casi) nadie lo discute. Pero la primera responsabilidad por este ausentismo escolar radica en las familias. En aquellos adultos que, cada día, deciden no enviar a sus niños a clase sin una causa justificada.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué está pasando? ¿Por qué a esos padres y madres les da lo mismo enviar a sus niños a la escuela que no hacerlo?

¿No se dan cuenta que al no enviar a sus hijos a la escuela los están condenando a un futuro sin oportunidades? ¿No llegan a ver que están comprometiendo el mañana de esos niños, quitándoles las herramientas que van a necesitar en la vida para ser mejores y condenándoles a la pobreza?

¿O es que esas madres y padres no entienden que mandarlos o no a la escuela haga la diferencia? ¿Acaso piensan que en el mundo en el que vivimos esos niños podrán tener posibilidades sin aprender a leer y a escribir, a comprender textos y a resolver operaciones matemáticas simples?

¿Qué porvenir quieren o piensan para ellos? ¿Tienen sueños para esos hijos que trajeron al mundo o les da lo mismo?

Y es acá donde el Estado todo, con el apoyo de todos y sin importar banderías políticas ni ideologías, debe proceder de manera urgente y contundente. Esos padres y madres, que no cumplen con sus obligaciones, ¿no deben ser convocados, llamados a su responsabilidad (que vaya si la tienen) y empezar a ser controlados por el sistema para que, de una vez por todas, empiecen a hacer lo que deben hacer?

¿O qué vamos a esperar? ¿Que el ausentismo se duplique o triplique? ¿Que ir a la escuela se vuelva una opción?

Es tiempo de actuar.

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