EDUCACIÓN

Denise Vaillant, la uruguaya que integra el "dream team" de investigadores educativos

La investigación educativa tiene su primera representante entre la elite de los científicos locales.

Denise Vaillant, investigadora educativa. Foto: Archivo El País
Denise Vaillant, investigadora educativa. Foto: Archivo El País

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Desde la ventana del piso 45 todo parece diminuto. Las copas de las palmeras tienen la impronta de puntitos irregulares, los Rolls Roys se confunden con los Fusca y hasta el yate del jeque Mohamed, de 163 de metros, se ve minúsculo. Pero desde esa habitación, en los cielos de Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, se decide cada dos años el galardón más grande que puede recibir un docente: el Unesco Hamdan Prize. Y a esa altura, para decretar el ganador, llega cada vez la uruguaya Denise Vaillant.

La llaman Denise o “la profe”, porque nombrarla por sus títulos o sus cargos haría demasiado extensa la introducción. La excepción es el jeque Mohamed que, cuando le abre las puertas de su palacio, le dice: “Professor Vaillant”.

El dicho popular reza que “nadie es profeta en su tierra”, y el chiste criollo agrega que “mucho menos en Uruguay”. Pero la académica Vaillant parece estar hecha para las singularidades. Acaba de ingresar el selecto grupo de investigadores “nivel III” del Sistema Nacional de Investigadores, el dream team de los científicos locales.

Los dedos de las manos más los dedos de los pies sobran para contar a la cantidad de mujeres uruguayas que llegan al máximo escalafón de investigadores, un rango que, según el reglamento, significa que han desarrollado una línea de investigación propia en algún área del conocimiento (nivel I), que han formado a otros investigadores (nivel II) y que su trabajo cuenta con un “notorio prestigio internacional” (nivel III).

Pero lo significativo del caso de Vaillant, que hoy dirige el Instituto de Educación de la Universidad ORT, va más allá de una cuestión de género. Con su ingreso al nivel III, la investigación educativa tiene a su primer representante en la elite de científicos, una especie dominada por biólogos y oceanógrafos.

Sin techo.

La educación es una de las áreas más feminizadas. Vaillant lo sabe porque ha sido una de las que ha evidenciado, con investigación, esto que parece una obviedad. Casi la totalidad de los maestros de jardines de infantes son mujeres, la inmensa mayoría de las docentes de escuela, gran parte de los profesores de liceos, una fracción de los formadores de formadores lo son. Con la investigación sucede lo mismo. Ellas son mayoría en los grados académicos más bajos y, a medida que se asciende, parecen quedar retenidas en un techo invisible, un “techo de cristal”.

El término “glass ceiling barriers”, techo de cristal en inglés y que refiere a las barreras invisibles que enfrentan las mujeres para acceder a los puestos más altos de las organizaciones, fue usado por primera vez en un artículo del Wall Street Journal, en Estados Unidos, en 1986. Para entonces, Vaillant era una recién egresada de la maestría de Educación en Suiza (todavía ni imaginaba su doctorado en Canadá), llevaba unos meses como investigadora y vivía sus primeras nupcias con un uruguayo exiliado político.

Algo tienen los exiliados, algo que a Vaillant la enamoran. Al menos esa es la broma que le hacen sus amigas porque cuando se divorció de su primera pareja, se unió a otro uruguayo que había escapado en la dictadura.

Puede que, simplemente, Vaillant sea una enamorada. Es que para cosechar 173 publicaciones sobre educación -entre artículos, libros, capítulos y documentos de trabajo- hay que tener algo más que talento y estudio. Ese volumen de producción, que es el resultado de haber sometido su investigación a los fallos de exigentes tribunales, le permite decir que está entre los 40 científicos uruguayos más citados por académicos del mundo, otra de las elites que lideran biólogos y oceanógrafos.

¿En qué la citan? Dicen que a los perros hay que enseñarles los comportamientos básicos cuando son cachorros, porque luego lo repiten el resto de su vida. Con los docentes sucede algo parecido. No es porque sean como los animales, claro, sino porque los primeros pasos son fundamentales. Los tres primeros años de práctica profesional, eso que en la jerga se llama ‘maestros nóveles’, es el ABC de lo que acostumbrarán el resto de su carrera. De ahí que los mejores sistemas educativos en el mundo son aquellos que hacen énfasis en la mejor formación docente y atienden particularmente su exitosa inserción laboral. Parece obvio, ¿no? También parece elemental que los mejores profesores no son los que sacan mejores calificaciones en las pruebas, sino los que logran trabajar en equipo y en coordinación con otros colegas. Es básico que las condiciones laborales de los docentes en Europa son mejores que en América Latina y que eso repercute en el tiempo que le dedican a la formación. Y es innegable que, pese a la pérdida de prestigio, el cargo de maestro pasó de ser “una segunda entrada de dinero en un hogar” a que abunden las maestras jefas de hogar. Pero todo esto no sería tan obvio-elemental-básico-innegable si no fuera porque Vaillant lo evidenció.

La educación está en el podio de los principales problemas del país que perciben los uruguayos, y se alterna con el desempleo y la delincuencia. No en vano un presidente repitió “educación, educación, educación” y otro prometió un “cambio de ADN” de la enseñanza. Pero la visibilidad, la fama y el intento de un “pacto educativo” no han cambiado demasiado la visión que muchos científicos tienen de la educación como área del conocimiento: una ciencia “de segunda”.

Vaillant ha vivido esa discriminación en carne propia. “Los colegas de áreas más duras nos señalan porque entienden que la educación es un campo ligado a la práctica, a lo obvio, y no a la investigación. Sobre todo les cuesta entender que ciencia también se puede hacer sin un microscopio o un método cuantitativo”, reflexiona. Por eso su acceso al nivel III de investigadores la conmovió tanto como cuando recibió el Chevalier des Palmes Académiques, distinción otorgada por el Ministerio de Educación de Francia por sus actividades profesionales. Por eso o por los $ 15.947 mensuales que obtienen los menos de 200 investigadores uruguayos de ese escalafón y que les permite costear libros, suscripciones a revistas, los pasajes para congresos y las traducciones. Es la ventaja (o la responsabilidad) de ser parte del dream team.

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