EDUCACIÓN A DISTANCIA

Al menos 25.000 uruguayos hicieron cursos en línea en 2017

Lo que más cautiva a los usuarios son las clases de programación y gestión.

Online. Varias propuestas de servicios de colectivos se digitalizan para afrontar las necesidades actuales de los consumidores.
Foto: Archivo

Para especializarse desde su casa usted necesita un mes y medio de preparación y ya contará con nuevas herramientas para intentar comerse el mundo desde su computadora. O al menos para probar el primer bocado y después seguir sumando conocimientos si le gustó. En 2017 hubo al menos 25 mil uruguayos que se matricularon en algún curso online, masivo y gratuito. Sí, una tribuna entera del Centenario estudiando en Harvard, Oxford, Stanford o el BID; pero desde su compu. Es el mundo menos conocido de lo que estudian los uruguayos.

"Uno de los retos que enfrentan día a día los gobiernos (…), es cómo transformar propuestas en realidades concretas que mejoren el bienestar de la sociedad". Así comienza el curso de Gestión de Proyectos de Desarrollo del BID, la capacitación masiva más demandada por los uruguayos. Es gratuito, apenas hay que dedicarle seis horas por semana durante un mes y medio y está disponible en edX, la plataforma online que concentró la casi totalidad de inscripciones de compatriotas: 20.269 el año pasado.

En cierta sintonía con las tendencias globales, los usuarios locales demandan de la educación a distancia cursos sobre gestión empresarial, programación informática y el aprendizaje automático (machine learning). Al menos eso ha sido lo más solicitado en 2017 a las cuatro principales plataformas de estudio masivo por internet: Coursera, Udacity, edX y Miríadax.

Los cursos (C) masivos (M) online (O) y abiertos (O) —o simplemente MOOC por su sigla en inglés— surgieron en 2008, por el impulso de los canadienses George Siemens y Stephen Downes. En pocos años, como sucede con los fenómenos de Internet, estas plataformas cautivaron a millones de estudiantes en el mundo.

Entre 2012 y 2013, cuando los MOOC llegaron a su máximo esplendor, muchos teóricos vaticinaron el fin de las universidades. Nada de eso sucedió, más bien lo contrario. "Hay una pequeña disminución en las inscripciones a este tipo de educación (gratuita) y, sin embargo, el número de estudiantes de cursos pagos se incrementó significativamente", explicó la docente uruguaya Rosina Pérez, quien hasta el año pasado integró el Observatorio de Educación Superior Virtual.

Los más escépticos, como Antonio Rodríguez de las Heras, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, sostienen que los MOOC "han cumplido su misión" y que en "breve formarán parte de un pasado de museo". Así lo hizo saber en una columna de El País de España, en la cual señaló que la próxima generación jamás oirá hablar de estos cursos masivos.

Pero entre el extremo de quienes vieron en estas plataformas el fin del monopolio de la vieja academia y quienes sostienen que se trató de un affaire, hay una coyuntura que sigue siendo relevante, incluso para los uruguayos.

"Digamos que en un mundo en que se valoran las experiencias, los MOOC te ofrecen la experiencia de actualizarte, de intercambiar con millones de personas que están en otros lados o ser, al menos por unas semanas, un alumno de las megauniversidades", explicó Pablo Landoni, decano del Instituto Universitario Asociación Cristiana de Jóvenes. "Pero esa experiencia no sustituye una formación académica cabal".

El bajo porcentaje de quienes completan estos cursos a distancia es una prueba de "vivir la experiencia". Cuando se habla de la educación online pasiva, esa que consta de videoconferencias o materiales que se reparten en línea, el egreso es de un 5%, contaron a El País desde la plataforma Udacity. Sin embargo, cuando se trata de cursos activos, pagos y trabajando en base a un proyecto que debe ejecutar el alumno, la cifra asciende al 35%.

En Udacity, de hecho, consideran que el trabajo en base a proyectos irá teniendo cada vez más relevancia y que para Uruguay será clave en este 2018 con su lanzamiento de la plataforma en español.

En complemento, la tendencia para este año se centra en las certificaciones profesionales y los cursos para adquirir competencias laborales concretas, indicó Eduardo Zambrano, director para América Latina de edX, la plataforma creada por el MIT y la Universidad de Harvard.

Pero una cosa es el conocimiento que pueda dar un curso, y otra es la competencia, aclaró Federico Kuzel, gerente de recursos humanos de la consultora KPMG. "Para el mercado laboral, hoy, no importan los 45 cursos que hayas iniciado si tus resultados en las pruebas de ingreso no valen".

Según el gerente, los cursos masivos online adquieren valor para el mercado cuando otorgan un certificado específico, al estilo "seguridad informática" o Project Management (PMP).

La demanda indica que este 2018 continuará el énfasis en el análisis de datos o en cómo mejorar un discurso. En cualquiera de los casos, se trata de herramientas que complementan otros conocimientos o que son disparadores para luego ser un autodidacta.

Entre tanto, al alumnado lo cautiva el acceso a un modo de aprendizaje menos formal, en cooperación con sus pares y con profesionales dictando los cursos, explicó Pérez. Y es así que se llena una tribuna del Centenario de uruguayos estudiando en MOOC.

El día que las universidades salieron a "ganarse la vida"

"La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer". Si esta frase del dramaturgo Bertolt Brecht se lleva a la universidad, la mayoría coincidirá en que esta institución, por el simple hecho de ser la cuna del conocimiento y el cambio, está en una crisis constante. Sin embargo, los teóricos de la educación insisten en señalar que en la última década el modelo tradicional de educación superior está en tela de juicio. Que la universidad no enseña para lo que exige el mercado laboral; que la academia piensa en abstracto cuando la realidad social es otra; que cada vez entran más estudiantes y el sistema "elitista" no soporta esta masividad; o que la universidad se vende a los gobiernos y ya no es el contralor independiente que necesita una democracia.

Según la docente de UdelaR Virginia Rodés, frente a esta crisis se perdió la capacidad de los Estados de regular. Entonces algunas franquicias —como Motorola, Shell y McDonalds— comenzaron a tener sus propias universidades. O bien se buscaron negocios alternativos. Y los MOOC sirvieron en ese sentido. Pero para Rodés, tras el modelo de negocio de los MOOC se esconde una concepción ideológica que se trata de un modelo de educación "de segunda" para "gente de segunda".

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