Cada 100 pesos, trece financian funcionamiento y solo siete van para inversión

Educación: el 80% es para salarios

El gobierno anunció que en 2019 la Educación contará con un presupuesto equivalente al 6% del Producto Interno Bruto (PIB). El Fondo Monetario Internacional prevé para ese año un PIB de 70.000 millones de dólares, por lo que la educación en su conjunto recibirá más de 4.200 millones de dólares.

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El Liceo 12, ubicado en Maroñas, volvió a obtener los peores resultados de Uruguay. Foto: Archivo.

Con el 6%, Uruguay alcanzará el promedio de inversión de los países de la OCDE, un número mágico para muchos que, sin embargo, no garantiza por sí solo mejores resultados. Con el 6%, Uruguay se ubicaría entre los países de la región que más invierten. Según Unesco, actualmente Bolivia está al tope con un 6,4%, seguido por Jamaica con 6,3% y Argentina 6,2%. Uruguay se ubica entre los últimos tres de la lista, que cierran Perú con 3,3% y Paraguay con 4,3%.

Rigidez.

Según OPP, la Educación recibirá este año 56.874,7 millones de pesos. Dentro del presupuesto educativo entran diversos programas. ANEP, Secundaria, Universidad de la República y UTU se llevan la mayor parte. Pero también reciben dinero a cuenta del presupuesto educativo los ministerios de Desarrollo Social, Transporte y Obras Públicas, Turismo y Deporte o la Oficina de Servicio Civil en Presidencia.


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La Agencia de Gestión y Evaluación, dependiente de Planeamiento y Presupuesto, discrimina cada uno de esos montos (ver infografía) e incluso, al interior de cada inciso, precisa la distribución del dinero en salarios, gastos de funcionamiento e inversión.

Del análisis de esos datos surge que del total de recursos que se derivan a la Educación por todo concepto, 80 de cada cien pesos se destinan al pago de salarios, mientras que 13 financian los gastos de funcionamiento y solo 7 van al rubro de inversiones. Esa relación cambia al interior del presupuesto de Primaria, Secundaria y UTU, donde según los datos de OPP, más de 90% del dinero es destinado al pago de salarios y la inversión se vuelve marginal.

El sociólogo chileno Guillermo Montt, uno de los analistas de las prueba PISA de OCDE, dijo a El País que "no existe un número mágico de gasto". Y explicó: "Lo que existe es un nivel mínimo después del cual mayor gasto no está relacionado con mejor rendimiento. Por ejemplo, un gasto de 35.000 dólares entre 6 y 15 años".

En cuanto a las prioridades, consideró que en el primer lugar está la infraestructura "para asegurar un mínimo de bienestar, seguridad y condiciones satisfactorias para todos los alumnos". Seguida de "inversión en cobertura y calidad de educación pre-escolar, luego inversión en educación primaria, luego secundaria y luego terciaria. Así se distribuyó, por ejemplo, la expansión del gasto en educación en Corea del Sur en los últimos 30 años; asegurando calidad en los niveles más tempranos primero; en Latinoamérica, a diferencia de otros países tendemos a concentrar el gasto en educación superior".

Luego las prioridades deben ser: inversión en formación inicial y formación continua de docentes; calidad de condiciones laborales de docentes y mejoras salariales para atraer y mantener a los mejores profesores en la profesión.

El economista Ignacio Munyo sostiene que prioritario incrementar el presupuesto para la educación. "No existen países exitosos en educación con nuestros niveles actuales de inversión. Faltan competencias básicas, pero también más formación avanzada para actividades sofisticadas. Según una reciente encuesta de la Cámara de Comercio, más de mitad de las empresas está insatisfecha con el nivel de conocimiento que tienen los jóvenes que se incorporan a trabajar y el 90% considera que si tuvieran mejor preparación podrían aumentar la producción", explicó.

Consideró que si bien es positivo el anuncio del 6% para la Educación, con ello no alcanza. "¿Cómo va a ser el proceso de mejora de la calidad docente? ¿No se podría reflotar la Universidad de la Educación con docentes del exterior? ¿Se va a implementar la propuesta de enviar al exterior una generación de jóvenes a universidades de vanguardia para formase como docentes? ¿Se va a crear un sistema de incentivos similar al Sistema Nacional de Investigadores de la ANII pero para los docentes?", se preguntó.

"Aumentar la inversión en educación y asegurarnos su financiamiento no es un objetivo en sí mismo. Ojalá que esta vez sí, la madre de todas reformas, que va mucho más allá de controlar los gastos y seguir el desempeño de estudiantes como proyecta el Codicen, sino que implica introducir incentivos a los docentes, pueda entrar de lleno en el presupuesto".

Primero planificar.

El ex consejero de la Anep, Daniel Corbo, aplaude la decisión de aumentar el presupuesto educativo, pero reclama que antes se definan las metas porque "no se puede tirar dinero hacia el fondo de una bolsa sin que antes se definan prioridades".

"El 6% no es algo mágico, es positivo, pero lo importante es saber qué contiene ese presupuesto. Creo que antes de definir el monto del presupuesto, habría que definir qué metas nos proponemos y cómo las alcanzamos. Una vez que definimos eso habría que definir cuánto nos cuenta. Ese sería un ejercicio real, primero determinar cuáles son las metas, porqué, cómo vamos a llegar allí y en qué tiempos. Una vez que eso está claro hay que ver qué presupuesto requiere", dijo a El País.

Corbo consideró que también debe sincerarse el peso de los aportes a la seguridad social. "Cada cinco años, la ANEP pierde un presupuesto entero. Hoy, el 25% de los recursos se va en el pago de la seguridad social, es un subsidio y, en consecuencia, ¿corresponde que ese monto se contabilice como educación? Un 20% del presupuestos se va en el pago de aportes patronales, sin embargo, la educación privada no tiene aporte patronal. Entonces, en definitiva, se dice que ese monto que es muy importante va para la educación cuando en realidad termina pagando la seguridad social", opinó.

También consideró que la rigidez del presupuesto, con un alto porcentaje destinado al pago de salarios, impide mejorar sustantivamente aspectos esenciales para mejorar la calidad educativa. "Cualquier meta que se proponga requerirá más dinero, pero hay que ver en qué se gasta y cómo se gasta. Primero evaluar todos los programas ya existentes para determinar si ese gasto se corresponde con los resultados que se están obteniendo. Hay que hacer un mayor esfuerzo pero tiene que valer la pena, y en eso es fundamental identificar qué meta merece un mayor gasto", explicó.

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