LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

"La educación que no innova, se pudre"

Luis de Lezama, "cura emprendedor", creador del "Grupo Lezama".

"No recibo subvenciones, ni las pido. Nuestras  escuelas no dan becas. Generan inoperancia". Foto: Ricardo Figueredo
"No recibo subvenciones, ni las pido. Nuestras escuelas no dan becas. Generan inoperancia". Foto: Ricardo Figueredo

—¿Cómo se tomó la Iglesia española que usted en 1974 planteara llevar adelante una actividad empresarial con la fundación de "La Taberna del Alabardero", origen del "Grupo Lezama"?

—Tuve que pedir permiso al cardenal (Vicente) Tarancón quien se empeñaba en mandarme a Roma. Afortunadamente, se perdieron ustedes un nuncio en Uruguay. No era mi camino. Me dio un año sabático. "Paco" Moreno (hoy gestiona el grupo), era un chavalín, un camarero, y él y sus compañeros tuvieron el mérito de trabajar por la noche y hacer el master de Gestión y Administración. Tenemos 25 restaurantes, cuatro escuelas de hostelería, el colegio Santa María la Blanca y una escuela online que tiene 18.000 alumnos al año. Al crear todo esto me di cuenta que lo que vale es el capital humano. El dinero lo tienen los bancos y los capitalistas. Pero generalmente no tienen ideas. Cuando necesitan generar más, tienen que pedir las ideas. Y el capital humano. Ahora mismo tenemos un encargo en Nueva York para gestionar un capital de riesgo para 1.600 metros cuadrados de restaurantes españoles en Manhattan. Tenemos dos acuerdos en China para crear una escuela de hostelería y restaurantes españoles. Nos vienen a buscar por el capital humano. Pero no tenemos posesiones ni patrimonio que muchas veces pesa en las alas y no te deja volar.

—¿ A dónde van las utilidades?

—Van a la fundación. No hay socios capitalistas. Trabajamos con bancos. El colegio consiguió 25 millones de euros de crédito y hoy es una ciudad educativa con 40.000 metros. El Banco Sabadell nos apoyó. Tienes que buscar el dinero en el banco y trabajar. ¿Qué hacemos?. Un buen producto, con una buena marca. Por eso tenemos la escuela de hostelería de Sevilla con 5.000 exalumnos por el mundo. Eso es generar capital humano e innovación.

—Se necesita lucro....

— Totalmente. La mayoría de los curas vascos hemos tenido una educación muy social. El grupo cooperativo Mondragón es iniciativa de José María Arizmendiarrieta, un sencillo cura de Oñate. Quien creó las escuelas profesionales de Somorrostro fue Marcelo Guangoiti, un cura. No se puede predicar a estómagos vacíos. El uso del capitalismo salvaje no me extraña que el Papa lo denuncie. Hay mucha gente, con mucho dinero, que ha aparcado sus inquietudes, le da igual, quiere vivir bien el resto de sus días y ha cortado el emprendimiento y el riesgo. Claro, ir a la cama con riesgos no es muy cómodo sobre todo cuando tienes 82 años. Pero tienes que seguirlos corriendo. En el consejo del grupo, formado por gestores importantes, siempre hay proyectos. Proyectos innovadores, algo que no hagan los demás. Hemos llenado Sevilla de chavales que están haciendo sus restaurantes, algunos con tres estrellas Michelin. Pero hay que salir de Sevilla, hay que salir de Madrid.

Luis de Lezama. Foto: Ricardo Figueredo
La mayoría de los curas vascos hemos tenido una educación muy social. VIDEO

—De la Iglesia a veces salen mensajes anticapitalistas. Pero usted cree que no es pecado ganar dinero…

—Para nada. Al contrario, lo que es pecado es ganar dinero por corrupción. Yo jamás he recibido una subvención del gobierno ni la quiero. Ni jamás he recibido donativos. Si conoce usted alguien que quiere hacer una obra de caridad, yo le indico dónde. Nosotros no hemos recibido ni donativos ni subvenciones. En nuestras escuelas no hay becas. Porque las becas generan en muchos una inoperancia. La escuela de Sevilla sale 5.500 euros al año, es la más barata que hay. Pero los chavales tiene que trabajar y pagarse la clase. De ese modo, no fallan, no se quedan en casa durmiendo. Los que van, van con interés porque tienen que pagarlo ellos, o sus papás. Pero becas, no, hombre, nada. En estos momentos yo creo que lo más eficaz es captar capital humano. Los chavales salen de la escuela y han hecho ya su negocio.

Luis de Lezama. Foto: Ricardo Figueredo
En estos momentos creo que lo más eficaz es captar capital humano. VEA EL VIDEO

—¿Porqué decidió dar un vuelco y volver a una parroquia, a la educación?

—Eso nació en el momento en que sentí que condicionaba mucho a mi equipo porque era el presidente de la fundación. Entonces paro y pregunto "¿vosotros como funcionaríais sin mí?" A partir de ahora elegid un CEO, pues yo me voy". Y voy al arzobispado y digo "estoy libre, dadme una parroquia de nueva generación". Me dan una a 25 kilómetros de Madrid y en esa parroquia no había nada. Se empezaban a construir casas. Hoy hay 35.000 personas. Creo la parroquia. Y así de esa dinámica empiezo el colegio. Hemos creado una parroquia que no es ni de los jesuitas, ni del Opus Dei. Es una parroquia diocesana donde tienen cabida todos los movimientos. Y no es eso del movimiento "x" que tiene un carisma especial… porque en caso contrario es como una competición de marcas, Adidas o Nike. Mire usted, soy la Iglesia que acoge a todos.

—¿Cómo tratan de que sea la educación en el colegio?

La educación que no innova, se pudre. En España nos cuesta empujar. Van a perder una generación mientras siguen discutiendo que si la ley …., que si no sé que. El informe Pisa nos ha hecho valorar que teníamos que cambiar el sistema educativo. Otros países todavía están despistados. No se dan cuenta que los niños nacen digitales. ¿Cómo les va a enseñar a tus niños con los mismos métodos que te educaron a ti? Los colegios cuestan dinero porque tienen una instalación privilegiada. La educación no es eso. La modernidad no es tener buenos colegios. En las escuelas públicas es más fácil innovar porque hay maestros vocacionales y muchas veces en los privados hay maestros titulados y famosos que cuestan mucho dinero, pero que por su soberbia no tienen dentro la capacidad de reflexionar, cambiar e innovar. Están anticuados. Tienes colegios privados carísimos que no saben innovar. La innovación generalmente está en la gente que tiene vocación de crecer. Los que están crecidos, quieren seguir viviendo al mismo rollito. Al muchacho lo primero que tienes que hacer es diagnosticarlo. No nacimos iguales. Y los colegios no pueden estar hechos por fotocopias. Cada uno necesita aprender a su modo y manera.

—Al menos en sus comienzos, ¿se sentía un sacerdote de izquierda?

No. Yo siempre he recibido formación de los jesuitas aunque no soy uno, no tengo ese honor. La formación ignaciana (jesuita) es muy distinta porque te forma de una manera que sea cuales sean tus pensamientos, de izquierda, de derecha, de centro, te hace autogestionar los valores y te hace a ti mismo consciente de que no puedes deber obediencia ciega a un superior. Cuando las instituciones religiosas exigen obediencia, no pueden exigir una obediencia ciega, porque hoy todo lo que no es racional, no tiene sentido. Dios se transfiere a través de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, no arbitrariamente por designio de un superior.

—En la novela "El capitán del Arriluze", abordó la ejecución de su abuelo materno durante la Guerra Civil, por no adherir al levantamiento franquista ¿Quedó atrás la Guerra Civil y es un tema para los historiadores o sigue muy presente en el debate político?

Está en el subsconciente. A veces opera traiciones en el pensamiento actual. Es muy complicado. Hay mucho subconsciente en la izquierda y en la derecha y no se dan cuenta de eso muchos y sobre todo los políticos. El prototipo político de los jóvenes está todavía muy anclado en izquierdas y derechas. Es un absurdo. Ya hay más de un bipartidismo y esto debe llevar a una cierta unificación de ideas para que el país pueda ser pluriforme. Los partidos políticos de izquierda y derecha en España necesitan una revisión brutal. No quieren parecerse a los anteriores y sin embargo van a los lugares comunes. "El capitán del Arriluze" es la historia de una lealtad, que es lo que hoy no se lleva en la política.

—Y su "patria chica", el País Vasco: ¿ cómo está en esta etapa luego de que ETA dejara la violencia?

En la sociedad vasca se ha superado una etapa muy complicada en la que había quienes creían que la lucha armada podía ser la solución. Significaba que teníamos una sociedad no actualizada. El diálogo político yo creo que ha progresado. Pero nos queda mucho por hacer. Hay valores que son innatos a nuestra tierra vasca como son el afán de progreso, la innovación, el emprendimiento, la formación profesional, que es uno de nuestros tesoros. Pero es evidente que el diálogo político en Euskadi pide todavía mucha cintura. El "lehendakari" (Iñigo Urkullu, presidente del gobierno regional) lo está haciendo muy bien porque escucha. Ojalá en otras autonomías en España pudiéramos tener la misma perspectiva.

"La Iglesia Católica dogmática" quedó atrás

Usted ha dicho que lo suyo es perdonar, no juzgar. ¿Esa debe ser la actitud de la Iglesia ahora?

—Es que con el papa Francisco no cabe otra. La actitud del papa Francisco es la misericordia. Esa iglesia conceptual, dogmática, que te discute si esto es así o asá, ha perdido gas. Es que hace mucho más el Papa viniendo a la Amazonia y reivindicando a los nativos que veinte conferencias de teólogos de la parroquia mía de Madrid.

—¿ Le quedan cosas por hacer?

—La maleta. Para este viaje a España y para el otro (se ríe)

—Siente que cumplió con Dios…

— Yo estoy contento. Me he quedado aquí 15 días y llevo una revolución en la cabeza. Hoy mi secretario me metía un correo y me decía "don Luis, estoy temiendo con qué me vendrá". Es bonito llegar a los 82 años, con la movilidad adecuada , para poder seguir siendo testigo de lo que pasa en Uruguay. No está mal, ¿eh?

Una herida en el hombro que tuvo su premio.

—¿Cómo fue su experiencia cubriendo la Guerra de los Seis días en 1967?

— Me mandó la agencia EFE. Hice ocho o diez programas que la gente escuchaba. Un domingo me suben a las alturas del Golán, se había firmado la paz. Éramos tres periodistas con un teniente en un jeep, todavía estaban las trincheras. Nos invitaron a comer un queso de cabra. Estando allí noté que algo me quemaba y efectivamente una bala me dio aquí (muestra una cifra cicatriz en el hombre derecho). Parece que pegó en un saco terrero y rebotó sin fuerza. Me limpiaron y me sacaron la bala. Me dijeron "quédese aquí hasta que eso cicatrice". A la semana llegó un funcionario y me preguntó que querría y les dije que me gustaría entrevistar a Golda Meir (la primer ministro). Dos días después me llamaron. Ella tenía los dedos llenos de tabaco, la voz ronca, era una mujerona. Preguntaba más ella, con dos intérpretes, que yo.

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