UN PROBLEMA DE DIFÍCIL SOLUCIÓN

"La desgracia tocó a mi hermano"

Villa García sigue conmocionada por el asesinato del hincha de Nacional, Pablo Montiel.

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Desde el kilómetro 14, comienzan las pintadas de un grupo de hinchas de Peñarol. Foto: M. Bonjour

Sol, niños jugando, madres tomando mate y tres hinchas de Peñarol caracterizaban ayer la bucólica plaza de Villa García.

Hace cuatro días, la misma plaza fue escenario de un hecho violento: el joven hincha de Nacional, Pablo Montiel fue emboscado y ultimado de un tiro por la espalda. Un hincha de Peñarol jaló el gatillo.

En la tarde de ayer, los hinchas de Peñarol —dos de ellos con la casaca puesta— tomaban vino rosado en una botella de refresco de dos litros cortada por la mitad. Un enorme trozo de hielo parecía un iceberg dentro de la jarra casera.

Uno de los hinchas comentó que la muerte de Pablo no tenía relación con la camiseta. "Son barras que se enfrentan. Tienen picas (enfrentamientos) a cada rato. Todos nos conocemos acá. No nos matamos por la camiseta", indicó a El País. Enseguida agregó: "Fue una coincidencia en la que el gurí llevaba puesta la camiseta de Nacional".

Miguel, el integrante más joven del grupo, comentó que el incidente a tiros —los vecinos dicen que fueron unos 20— se sabía que iba a pasar desde antes. "Había pica entre ambos grupos", agregó en alusión a que, desde mediados de este mes, algunos parciales aurinegros advirtieron en las redes sociales que matarían a un hincha de Nacional en el barrio Villa García.

Leonardo Silva, hermano del parcial tricolor asesinado, dijo a El País: "He ido un montón de veces a esa plaza con la camiseta de Nacional y no me ha pasado nada. Mi hermano se comió un garrón. Pero el que lo mató era un hincha de Peñarol", dijo.

Pablo era un fanático de Nacional. Siempre iba al estadio a ver a su equipo.

"No sabemos qué pasó en realidad. Nadie nos dijo nada. Hablamos con un abogado para intentar saber lo ocurrido. Mi hermano terminó de ver el partido de Nacional y Palmeiras y se fue en bicicleta a la plaza. Le puede pasar a cualquiera. La desgracia le tocó a mi hermano", destacó Leonardo.

Expresó que, como su familia alquila la vivienda donde reside, Pablo le expresó, a principio de año, que quería seguir los estudios liceales para conseguir un buen trabajo y ayudar a sus padres a pagar la renta.

Se anotó en el Liceo N° 45, ubicado en Camino Maldonado a la altura del 5870. Cursaba segundo año, en el horario nocturno. "Su intención era terminar el Ciclo Básico", dijo Leonardo. Y enseguida agregó: "Él era muy pegado a mí. Salimos juntos. No tengo palabras para definir lo que siento".

Guerra de pintadas.

La plaza de Villa García se parece a cualquier plaza del interior. Sin embargo, las pintadas en las columnas de la luz, paradas de ómnibus, muros y fachadas de comercios muestran que hay algo maligno debajo de esa realidad frágil.

"En Villa García hay una descomposición de las relaciones a todo nivel. Lo noto desde este observatorio (la iglesia). Es muy fácil ver niños, ancianos abandonados. Y jóvenes hijos de la noche", dijo el pastor Cardozo a El País.

Las puertas de la iglesia son una prueba de ello. Sus maderas, posiblemente de lapacho de unos cinco centímetros de espesor, fueron rotas a la altura de las cerraduras y debieron ser reforzadas con planchuelas de hierro.

Es obvio que los sujetos que ingresaron a robar al templo no eran muy creyentes. El último robo ocurrió el año pasado. A los delincuentes no les importó la austeridad de la iglesia. Se llevaron alfombras, equipos de amplificación y algunos objetos de bronce.

Robos, actos de vandalismo y disparos por las noches son parte de la rutina diaria en Villa García, un barrio poblado de personas trabajadoras.

A ese combo se le sumó un enfrentamiento entre barrabravas. El nuevo estadio de Peñarol, que será inaugurado este fin de semana, queda a poca distancia del barrio.

Grupos de hinchas de Peñarol de Punta de Rieles comenzaron una guerra de pintadas donde no se salvan muros, fachadas y paradas de ómnibus.

Los colores negro y amarillo fueron pintados a partir del kilómetro 14 de la Ruta 8 hacia adelante. Al llegar al kilómetro 21 de esa ruta, en Villa García, los hinchas mirasoles encontraron una fuerte resistencia tricolor. En un principio, los hinchas de Nacional cubrían las pintadas de los de Peñarol y viceversa. No pasaba de eso.

La fase violenta ocurrió el viernes 18 con la muerte de Pablo. En la madrugada de ayer, apenas a una cuadra de donde fue asesinado el hincha tricolor, se desató una balacera.

Para el comerciante Miguel T., Villa García es "un barrio olvidado de todos. No pasa la Policía. No pasa la Intendencia de Montevideo. Lo que pudrió todo fue la droga. El fútbol solo le agregó un condimento extra".

Los vecinos alarmados por cambio en el barrio.

El pastor Cardozo hace 14 años que está en la parroquia Cristo de Toledo de Villa García. De nacionalidad paraguaya, el cura residió 10 años en Roma.

Señaló que los episodios de violencia entre parciales tricolores y aurinegros son recientes. Y que en el pasado hubo muertos en el barrio relacionados con drogas.

"La muerte del joven fue el único episodio importante por temas de fútbol. Son protagonizados por pequeñísimos grupos que son reprobados por todos", dijo el sacerdote.

Enseguida agregó: "Es un problema humano muy profundo. Una institución sola no lo resuelve; se necesita un enfoque global".

Los vecinos del barrio coinciden con el sacerdote.

"Villa García era un lugar tranquilo. Saltó ahora esa rivalidad entre hinchadas. No sé qué pasa con los gurises del barrio; estoy sorprendida", dijo a El País Sandra C., quien trabaja como acompañante de enfermos.

Señaló que los "barrabravas" comenzaron tapando las pintadas de sus rivales deportivos. "Ahora se fueron al carajo con la muerte del chico. Él no andaba en nada y recibió un disparo por la espalda", expresó Sandra.

En la plaza, una joven de 25 años cuidaba ayer a varios niños mientras charlaba con tres amigos.

"No quiero opinar mucho de la rivalidad que existe. Son vidas que se pierden por un cuadro de fútbol. Es algo horrible", sentenció.

Miguel N., un comerciante que vive a poca distancia de donde cayó muerto Pablo Montiel, relató que la detención de los ocho hinchas de Peñarol y el procesamiento de uno de ellos con prisión por el homicidio "aquietó las aguas estos dos días. Los hinchas de Peñarol, que creo que son de Punta de Rieles, ya no vinieron a realizar pintadas. Tampoco aparecieron los de Nacional".

Agregó que tampoco vio un aumento de la presencia policial en la zona como medida preventiva.

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