Nueva tendencia: espiar al prójimo con dispositivos de apariencia inocente

Desconfíe del osito de peluche

Un osito de peluche, un bolígrafo, una calculadora electrónica, llaveros o lentes de sol pueden ocultar, detrás de su apariencia inocente, dispositivos capaces de invadir la privacidad de los uruguayos, en su hogar, su lugar de trabajo, o en los medios de transporte que utilizan de forma cotidiana.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Caja negra pensada para taxis, permite ver y grabar todo lo que sucede. Foto: M. Bonjour

La tentación de conocer cómo se comporta la niñera mientras los padres están ausentes, o qué hace la empleada cuando se va el ama de casa, o cómo quebranta la caja el encargado de un negocio a espaldas del patrón, ha generado una insólita y variada oferta de "espionaje privado" a la que puede acceder cualquier ciudadano que desee emular a James Bond en su ámbito doméstico. Gracias a los avances de la tecnología, el espionaje ha dejado de ser un tema exclusivo de los gobiernos.

Aunque no existe prohibición legal para adquirir dispositivos de este tipo, en la legislación uruguaya hay zonas grises respecto al uso que un particular puede dar a la información que recaba, ya sea por "escuchas" privadas o grabaciones efectuadas con cámaras ocultas (ver nota aparte).

Una pequeña tienda especializada que abrió sus puertas semanas atrás en la Ciudad Vieja se dedica a la venta de decenas de dispositivos que parecen fabricados por "Q", el personaje ficticio de la serie del agente británico 007.

"En este lugar nada es lo que parece", afirma Maximiliano Puig, mientras acaricia un osito panda de plástico que tiene incrustadas dos minicámaras en sus ojos.

Las cámaras camufladas están entre los objetos con más demanda entre los clientes. Hay equipos montados en los más diversos objetos, como sombreros, lapiceras, relojes o percheros. Hay una gran variedad de "juguetes" con ojos extraños.

"Estos equipos se llevan mucho para vigilar a las personas que cuidan niños. La cámara es imperceptible y tiene un sistema que envía imágenes y audio por Internet, por lo que se puede monitorear cualquier habitación de la casa desde una computadora o un celular", explicó el empresario.

Las paredes oyen.

La "microfonía" es otro de los pilares del espionaje. En el mercado uruguayo se pueden conseguir equipos para escuchar a larga distancia o a través de superficies duras. Además, hay decenas de artilugios para grabar y monitorear conversaciones telefónicas.

Como todo negocio, tiene su "temporada". En época de exámenes se venden más auriculares diminutos que permiten a los estudiantes recibir "asesoramiento" externo a través de sus celulares.

Los medios de transporte son otro nicho de mercado para estos dispositivos, importados en su mayoría de Estados Unidos, Japón, Alemania y China.

Para los vehículos particulares, existen rastreadores satelitales, como un adhesivo que se coloca debajo de la carrocería y permite conocer con total precisión el lugar en que se encuentra.

Puig afirma que los taxis —que han estado en el foco de los medios por las continuas rapiñas que sufren— cuentan con un sistema, denominado "Black Box" (caja negra) que permite monitorear en tiempo real lo que sucede dentro y fuera del vehículo.

Cámaras alojadas en el interior y el exterior del auto apuntan al chofer y a los clientes; otras se ocupan de lo que sucede en la calle. Las imágenes se pueden visualizar desde un receptor remoto instalado en un celular o computadora.

El instrumento, que graba sin interrupción, también indica el sitio preciso donde se encuentra el vehículo y a la velocidad que circula.

Cuestión de uso.

Maximiliano Puig, propietario de "La Tienda del Espía", con seis años de existencia de Montevideo (originalmente tenía un local en la Unión), asegura que nunca fue policía o agente de seguridad. "Yo estudié ingeniería electrónica", señaló. "Todo lo que vendemos es equipamiento tecnológico. El uso que le dé cada persona no es nuestra responsabilidad. Es como cuando se compra un arma; una cosa es tenerla para defensa personal y otra para cometer un crimen. Lo mismo pasa con las cámaras, se la puede usar para saber qué está pasando con un hijo o se las puede instalar en un baño. Los equipos no son ni buenos ni malos", aseveró.

Así como hay equipamiento para espiar, también hay tecnología para evitarlo. Puig sostiene que que está probando un sistema que permite "encriptar" (codificar el mensaje para evitar ser reconocido) las llamadas entre dos teléfonos celulares.

De esa forma, lo que se hable usando esos equipos "no podrá ser interferido por nadie, ni siquiera por la poderosa plataforma El Guardián", adquirida recientemente por el Ministerio del Interior, aseguró Puig.

El Guardián permite acceder a la vigilancia en tiempo real del tráfico que generan hasta 800 celulares y 200 teléfonos fijos. También habilita a crear cuentas espejo de hasta 100 suscripciones de e-mails y el monitoreo de hasta tres redes sociales. El Estado pagó por ese sistema US$ 2 millones y deberá invertir US$ 200.000 cada año para su mantenimiento.

Fernando Gil, vocero del Ministerio del Interior, afirma que no es posible interferir ese sistema gubernamental.

Puig está convencido que el sistema de "encriptamiento" va a funcionar y anunció que próximamente lo pondrá a la venta, y que ese sistema de "encriptamiento" no implica un delito. "Todos tenemos el derecho a proteger nuestras comunicaciones", sentenció.

Viveza criolla en el Carnaval.


En el Carnaval de Rio de Janeiro está prohibido filmar. Si alguien ingresa al famoso "Sambódromo" con una cámara, de cualquier tipo, los funcionarios de la seguridad se la quitan. En el último carnaval un grupo de uruguayos se dio el gusto de hacer su propio "documental" con anteojos con cámaras comprados en Montevideo. La calidad de la filmación es "óptima", afirmó Maximiliano Puig. El empresario aseguró que se trata de grabaciones en calidad HD.

JUAN FAGÚNDEZ.


Límites legales en zona de grises.


El abogado penalista Juan Fagúndez sostiene que si bien las normas uruguayas permiten la utilización de cámaras con determinados fines, su utilización tiene limitaciones.

—¿Es legal la práctica de espionaje de personas entre privados?

—Si las tareas del espía no involucran medios que afecten la intimidad o privacidad de las personas espiadas, sí. Si le pinchan un teléfono, no.

—¿Tomar el teléfono celular de la pareja y revisar sus mensajes o contactos es legal?

—Creo que eso no es delito, en todo caso es un tema ético. Son efectos que se suelen compartir, que están por ahí.

—¿Las empresas pueden leer los e-mail corporativos de sus empleados?

—Sí, deben hacer firmar un contrato que así lo indique claramente.

—¿Un comercio puede instalar cámaras en los lugares de venta?

—En el lugar en que se está comprando, sí. No puede haber cámaras en los vestidores.

—¿Los particulares pueden instalar cámaras para filmar una entrada o la vía pública?

—Sí, salvo que se utilice para algo las imágenes de las personas que pasan por el lugar. Por ejemplo, si pasa una persona vestida de manera ridícula y eso es subido a Facebook, podría derivar en una demanda por daños y perjuicios.

—¿Es legal grabar llamadas telefónicas?

—Sí. Lo que no se puede es editar un disco, ahí habría que pagar derecho de autor.

—Hay empresas y organismos que anuncian que graban las conversaciones con sus clientes. ¿Lo pueden hacer?

—Sí. Ahí el tema es el servicio. El mensaje dice que controlan al operador, no al usuario. Si uno llama a la zona franca para hablar con un corredor de banca externa de un banco para colocar US$ 500.000 y mañana sale esa grabación por ahí, es violación del secreto bancario.

—¿Es legal que los dueños de casa instalen una cámara dentro su domicilio para monitorear lo que hace una niñera?

—Sí. Filmar las tareas es algo legal, pero no se la puede filmar en el baño, por ejemplo.

—¿En Uruguay hay una normativa específica sobre estos asuntos?

—No. En realidad esto es mucho de interpretación. Se encaja la conducta por analogía dentro de lo que ya existe.

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