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Demolieron 60 años de historia

Victoria Iturria Boldarenko está sentada en el muro de la rambla de la península de Punta del Este. A sus espaldas, el océano Atlántico con la isla de Lobos que parece pintada en el horizonte. El sol le da en la cara y la abriga un poco en la fría tarde del lunes.

La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
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La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
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La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo
La Mariskonea. Foto: Ricardo Figueredo

Del otro lado de la rambla, una poderosa grúa termina la faena de demoler los restos de lo que fue uno de los restaurantes emblemáticos del balneario.

Los ojos de Victoria van más allá de los movimientos del brazo de máquina que dirige un experto conductor mientras remueve y tira abajo paredes, mampostería y demás infraestructura.

Delante de ella, los recuerdos pasan —como en la letra del tango— en caravana, con una estela dulce de emoción.

Una historia de trabajo y de éxito, y también de tragedia, marca a Victoria, integrante de una de las tradicionales familias de Punta del Este.

La demolición se lleva puesto al local que albergó durante 59 años a la legendaria taberna y vivero "Mariskonea", fundada el 23 de diciembre de 1944 por sus abuelos Ascención Iturria y Manuela González.

"Me acuerdo de mi viejo", relata Victoria en la fría y soleada tarde puntaesteña. Su padre, conocido como "el vasco" José Luis Iturria, falleció tempranamente, dicen, por el golpe de haber perdido a su hija mayor en un inexplicable y absurdo accidente de tránsito. Los tíos de Victoria, Juanita y Alberto, también fallecieron en otro accidente de tránsito.

En 1994, el restaurante había pasado a manos del "vasco" Iturria y de su esposa, Lissie Boldarenko. Luego, en 2003, el local cerró sus puertas.

"Hace rato cerré el duelo por todo esto", afirma al recordar el lugar que marcó su vida y la de su familia durante décadas. Victoria, junto a sus padres, hermanos, primos y tíos, mantuvo el legado de Ascención, un vasco procedente del caserío navarro de Mariskonea, nombre que no dudó en ponerle a su primer negocio en tierras uruguayas.

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Iturria llegó a Uruguay en 1925, en el barco "Infanta Isabel de Borbón", como tantos españoles que buscaron nuevos horizontes. Trabajó como cocinero del Yacht Club Punta del Este y al poco tiempo resolvió fundar su propio emprendimiento.

El joven vasco recorrió la costa de la península para encontrar un lugar donde la marea fluctuara de forma regular. Lo halló en el predio delimitado por la rambla José Artigas y la calle 26, entre las calles 19 y 23.

En la época de su fundación, no existía la rambla de circunvalación de la península, construida a finales de los años 70. Ascención aprovechó el afloramiento de basalto existente entre su local y el mar para armar el vivero de almejas y mejillones. Esto transformó a la taberna en un lugar único a la hora de ofrecer en su menú moluscos bivalvos. Las almejas eran compradas en Rocha y luego purgadas en el vivero del restaurante. La Intendencia de Maldonado habilitó la construcción de un túnel para conectar al vivero con el mar.

Varios platos de la carta todavía son recordados por los antiguos clientes.

"¡La brótola a la Manuela!", responde Victoria cuando se le consulta por su plato favorito. "También el arroz con mejillones y hasta el revuelto Gramajo", recuerda Victoria.

Por Mariskonea pasaron personajes de todo tipo, desde políticos como el entonces presidente Alberto Fujimori, el director general del FMI Michel Camdessus, y artistas como Omar Sharif, entre otros, incluida la flor y nata de la farándula argentina.

Okupas.

Después de que cerrara definitivamente en 2003, el local fue comprado por la firma Fibamar S.A., propiedad del empresario uruguayo Walter "Coco" Zeinal. La empresa pidió a la administración del entonces intendente Enrique Antía autorización para construir un hotel de lujo de 15 pisos. El pedido fue denegado. La misma respuesta fue reiterada por el intendente Óscar de los Santos.

En 2013, De los Santos firmó una resolución por la cual autorizaba a demoler el local.

En febrero, la Policía el Municipio de Punta del Este advirtió a la Policía de la intención de varios "okupas" de meterse en el edificio, que permanecía vacío y en estado de abandono.

Finalmente, el local fue demolido ayer.

SABER MÁS

Arrasado.


El célebre restaurante Mariskonea, que marcó toda una época en un sitial de privilegio sobre la Brava, se convirtió ayer en polvo y escombros. Abierto en 1944 por el inmigrante vasco don Ascención Iturria, y continuado por sus descendientes, el local había cerrado sus puertas en 2003. Victoria Iturria Boldarenko, nieta del fundador, contempló ayer, desde el murito de la rambla, cómo avanzaba la pala mecánica sobre la vieja casona de estilo vasco (abajo).

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