ARQUITECTURA DESAPARECIDA

Demoliciones y reciclajes de los palacios de Montevideo

Una ciudad ilusionada con el urbanismo francés y el renacimiento italiano.

El Palacio Jackson, demolido hace 40 años, estaba en la esquina suroeste de la Plaza Cagancha. Foto: archivo El País
El Palacio Jackson, demolido hace 40 años, estaba en la esquina suroeste de la Plaza Cagancha. Foto: archivo El País

Sin fecha determinada, un buen día Montevideo quedó impregnada de aires palaciegos, aun afianzado el estado republicano. Entre modas y costumbres, no faltaron ni faltan en estas tierras los palacios del café, de la pizza o de la música. Y mucho menos las casas de familia, los hoteles o pensiones que desde el siglo XIX y en el XX fueron bautizados como si se tratara de residencias de reyes o edificaciones suntuosas para audiencias y recreos de nobles.

En estos días, en la Ciudad Vieja están en marcha las obras para recuperar una construcción que se caía a pedazos, ubicada en Piedras y Maciel, de estilo ecléctico, desocupada totalmente hace unos veinte años. Se trata de una obra de 1900, del arquitecto francés Aubriot, a quien también se debe el edificio de la Universidad de la República y la residencia presidencial de Suárez y Reyes.

En verdad, nunca nadie lo llamó Palacio Aubriot, salvo con ironía, en charlas de boliche gastadas en el vecino Mercado del Puerto, cuando se había convertido en una pensión decadente llamada Pontevedra.

Pero por tener una planta baja que acompaña la fachada para reflejar muy bien el eclecticismo francés, en donde estuvo la casa de remates Gomensoro&Castells, por sus tres pisos y un ático en mansarda de menor altura, con ojos de buey, alguna vez alguien bien pudo en serio, oficialmente, denominarlo Palacio Aubriot.

En su origen allí había una vivienda por cada nivel, según estudio que figura en el Inventario del patrimonio arquitectónico y urbanístico de la Ciudad Vieja. Con aquel lujo, entonces, no hubiese sido descabellado el nombre "palacio" que llevaron orgullosamente otros edificios de rentas o de apartamentos, algunos de ellos, es cierto, más pomposos y mejor calificados por las normas de protección.

En la lista de los que perduran aparecen en la zona céntrica desde el Palacio Salvo (también en obras de mantenimiento) y el Lapido, hasta el rascacielos Díaz de 18 y Ejido, el Rinaldi —art déco— de Plaza Independencia, destinado a oficinas, el más clásico Piria de Plaza Cagancha, sede de la Suprema Corte de Justicia, o el Municipal, que dejó en el fondo de la historia los planos de otros diseños mucho más sinceramente palaciegos que el desarrollado a la postre.

Y en la Ciudad Vieja hay varios más, muy diversos también: por ejemplo el Taranco de la Plaza Zabala o el Gandós, conocido como Hotel Colón, ubicado en Bartolomé Mitre y Rincón, obra monumental de 1909, que mereció un reciclaje hace quince años, cuando su destino de pensionado y la ocupación por intrusos habían afectado sus cinco pisos, sus dos grandes patios, su fachada lujosa, las mansardas, las torrecillas, los balcones y la herrerría.

A toda piqueta.

Pero la historia de los palacios erigidos en Montevideo, como la moneda, tiene otra cara: la trama de las demoliciones y sustituciones.

Así como las grandes salas de cine fueron un día invadidas por automotoras, iglesias y casas de telas, algunos de esos "biógrafos" se habían deglutido fachadas fenomenales como la del Teatro 18 de Julio o la peculiarísma, monumental, del Teatro Catalunya, un derroche de galas, como se decía, con capacidad para unas dos mil personas, proyectado por el arquitecto catalán Purcalla Grau e inaugurado en el año 1918.

No fue por la especulación inmobiliaria, creciente durante la dictadura, que se tiró ese edificio sino por el auge de las películas a gran escala y los paradigmas de la modernidad. En 1937 allí nació el Cine Radio City, como en otros puntos el Ambassador, el Trocadero y el Metro. O diez años después, el Plaza y el Central, un complejo ejemplar, con viviendas incluidas, producto de un llamado a concurso y causa de que convirtieran en polvo al Palacio Golorons, en Rondeau y Plaza Cagancha, según negocio de la Compañía Central Cinematográfica. Por argumentada obsolescencia también, aunque siempre discutible, a pasos de allí, enfrente, hace 40 años, durante otro boom de la destrucción, se tiró el Palacio Jackson, el primero del país que habría tenido ascensor, con dos esquinas a 18 de Julio. Se construyó en 1891 y desde 1909 hasta 1940 fue la sede de la Intendencia de Montevideo, y después, de oficinas del Ministerio de Obras Públicas.

Demolición que cumple 40 años.

El Palacio Jackson, demolido hace 40 años, estaba en la esquina suroeste de la Plaza Cagancha. Tenía un estilo renacentista italiano; se construyó en 1891 según proyecto de los arquitectos alemanes Parcus y Siegerist; lo había mandado edificar Emilio Reus y a mitad de obras lo adquirió Juan D. Jackson. El edificio se componía de 4 plantas, y en las dos esquinas que daban a 18 de Julio tenía dos grandes cúpulas encebolladas.En el terreno ocupado se levantó el edifico Torre Libertad. El otro Palacio Jackson, pero invicto, es el Hebert Jackson de 18 y Herrera y Obes; fue construido en 1897 por el arquitecto francés Alfred Massüe. En 1978 allí fue instalado el Museo del Gaucho y la Moneda, mientras era demolido el de Plaza Cagancha.

Mansiones desde el Prado a Carrasquito.

Además de los edificios de apartamentos, teatros, hoteles y dependencias públicas con aires palaciegos de la Ciudad Vieja y el Centro, Montevideo ostentó mansiones que se llamaron palacios o castillos en el Prado, Paso Molino o Colón, construidos después de la Guerra Grande, en 1851, y cuando la gente más opulenta buscaba aires puros.

Los estilos y estéticas abarcaron desde el gótico y el morisco al clasicismo o el art nouveau. Una de las casonas más lujosas de Montevideo, proyecto del arquitecto francés Víctor Rabu, con 2.400 metros cuadrados construidos en un predio total de 15 mil, sobre la Avenida Suárez, siempre tuvo apellido (Soneira), pero de nombre varía de Castillo a Palacio. En verdad, las definiciones no siempre son precisas y el aspecto de las edificaciones, su destino y ocupantes llevan a más confusiones, y eso sin entrar a mencionar la enorme cantidad de casas quinta. Mientras está claro que en ciertos puntos de la ciudad hubo abundancia constructiva de mansiones y en otras zonas nada, aparecen casos puntuales que llaman la atención por su creación y destrucción. Por ejemplo la Villa Rubio que estaba en 8 de Octubre 3278, a la altura de la calle Abreu. Según una investigación del Centro de Fotografía de la IMM, a la cual se recurrió para esta nota, fue construida de acuerdo a un proyecto de 1895 del arquitecto español Emilio Boix y Merino y se demolió en 1934, para permitir el trazado del barrio Carrasquito, así llamado por sus casas tipo chalet, entre la Unión y la Blanqueada.

Una joya frente a la intendencia.

En 18 de Julio esquina Germán Barbato había un palacio destinado a viviendas que también solo puede hoy admirarse gracias a la fotografía. Se llamaba Blengio-Rocca y era de líneas parecidas a las del que ocupó el Sorocabana en la Plaza Cagancha. Fue construido en 1914 por los arquitectos Ruiz, Nadal & Galfetti. A ellos se debió asimismo el edificio que puede verse en 18 de Julio y Vázquez. En lugar del Blengio-Rocca se levantó un edificio sin nada singular.

Un arsenal que fue dinamitado.

A la altura del túnel de 8 de Octubre, en un predio limitado por esta avenida, la calle Presidente Berro y Avenida Italia, durante cien años estuvo un palacio con destino muy distinto a los mencionados en esta nota. Allí estuvo el Arsenal de Guerra, antes denominado Parque Nacional, y luego la Escuela de Música del Ejército. Se demolió en 1986 y el Banco Hipotecario del Uruguay llamó a concurso para el proyecto y construcción de un conjunto habitacional.

Un hotel que dejó escombros.

En José Martí y Juan Benito Blanco, en 1974 fue demolido un palacio que tuvo varios destinos. El proyecto del arquitecto Emilio Boix y Merino, en el Novecientos fue mansión particular. Poco después se convirtió en el Palace Hotel Pocitos, hasta que por 1944 lo compró el Estado uruguayo y lo ocupó hasta el 52 la Dirección de Saneamiento del Ministerio de Obras Públicas; luego hubo oficinas de las FF.AA.

Dos teatros entre Colón y Artigas.

Montevideo tuvo su Teatro Colón; se ubicaba en Ciudad Vieja y había sido inaugurado en 1869 como un palacio para las artes. Cien años después de construido en la esquina de Cerrito y Ciudadela fue demolido para dar paso a la diagonal que une la calle Uruguay con la Rambla. En la lista de palacios teatrales que no están, hay más. Por ejemplo el Teatro Artigas, de Colonia y Andes, de 1908. Se demolió en 1981 y nada se construyó aún.

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