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Cristian ya casi no escribe por el metal que tiene en sus huesos

Con tres años empezó a tener fuertes dolores estomacales, dolores de cabeza y vómitos. Los médicos no le daban un diagnóstico. El año pasado los análisis mostraron que tenía plomo en los huesos.

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Foto: Andrés Sánchez

Adriana Cabrera vive en Paysandú, pero desearía vivir en cualquier otro lado en el cual la salud de sus hijos y su nieta no estuviese en riesgo. Ella es la madre de Braian, de 11 años, y de Cristian, de siete, además de otros tres hijos más grandes que ya dejaron su hogar. También es abuela de una niña de cuatro años que vive en el fondo de su casa con su hija y su yerno.

El calvario de Adriana comenzó hace casi cuatro años. Cristian ya había cumplido tres y empezó a tener fuertes dolores estomacales, dolores de cabeza y vómitos. Ella lo llevó al médico una y otra vez, pero la respuesta siempre era igual: no le encontraban nada y lo mandaban a la casa a hacer reposo y cuidarse, relató la mujer a El País.

Pasó el tiempo y el sufrimiento de Cristian fue creciendo. Él no encontraba nada que pudiera comer sin que le generara un insoportable ardor de estómago. Su madre, en varias oportunidades, lo encontró vomitando a escondidas por el rechazo que le causaba la comida. Estaba todo el tiempo decaído y solo ir a la escuela le producía un cansancio extremo. Después comenzó a mostrar problemas neurológicos. "Era un niño normal, pero lo que le empezó a pasar fue que, por ejemplo, le pedías que fuera a la cocina y agarrara un plato e iba y agarraba un vaso. Tiene problemas para entender y procesar las ideas", dice Adriana por teléfono, desanimada.

Así, mientras visitaban a uno y otro médico, un análisis realizado en abril del año pasado dio la primera de las respuestas: Cristian está contaminado con plomo, en un nivel de cuatro microgramos por ciento, y la sustancia ya está alojada en los huesos, lo cual puede hablar de una exposición de largo tiempo y también ya adelanta que la recuperación le llevará varios años.

El día a día de Cristian es de mucho sufrimiento. Su madre dice que en el último tiempo le empezó a costar escribir y ha visto su psicomotricidad afectada. Ya no reconoce los números. Cristian va a una escuela "común y corriente", según la define su madre, y está cursando segundo año. Ella dice que el apoyo de sus compañeros y maestras ha sido fundamental, pero admite que seguir el ritmo de aprendizaje le resulta por demás difícil a su hijo y no sabe cuánto tiempo lo podrá seguir haciendo.

Además, él tiene prohibido el ejercicio físico por los traumatismos que le podría causar en su cuerpo muy debilitado. Ha perdido mucha masa muscular y ahora, que está por cumplir ocho años, pesa solamente 20 kilos.

Cristian se diseñó una "dieta" con los alimentos que más tolera, y come más que nada carne y fideos. Además, recibe algunos suplementos nutritivos y concurre con cierta frecuencia a Montevideo para ser atendido en el Pereira Rossell. De todos modos, los médicos consultados por El País insistieron en que cualquier dieta o suplemento alimenticio "no puede ser considerado un tratamiento contra el plomo", sino que la medida esencial es "alejar al niño de la fuente de contaminación".

"Cuando hicimos el pozo para la casa sacamos cantidad de pilas y baterías de motos que se ve que hacía años que estaban en la tierra. Y sacamos lo que pudimos, pero lo otro fue de nuevo a la tierra", dijo Adriana días atrás al diario El Telégrafo, de Paysandú. Luego contó a El País que los vecinos que viven hace 40 años en el barrio le han dado distintas versiones sobre los usos que se le han dado al terreno donde ahora está su casa. Algunos le dijeron que allí se quemaba basura, otros que se tiraban residuos industriales, y otros aseguraron que fue lugar de descarga de barométricas.

En definitiva, ella quiere un estudio en profundidad del terreno para saber si efectivamente hay plomo en el suelo o cuál es la fuente de contaminación. Pero si bien hace dos años que pide a la Intendencia de Paysandú y al Ministerio de Vivienda que realicen los controles necesarios, no ha logrado que las autoridades concreten algún tipo de acción al respecto.

En la mañana del jueves pasado Adriana recibió una llamada desde Montevideo. Mala noticia: su otro hijo, Braian, de 11 años, también está contaminado, y tiene 5 microgramos de plomo por litro de sangre. Ella le había realizado un control solo por si acaso y nunca esperó encontrarse con esa noticia. Además, ya contaba con un resultado positivo de contaminación en su nieta, aunque en niveles muy menores que, según le dijeron, no presentan riesgos.

Ahora, ante ese panorama, Adriana volverá a pedir que realicen los estudios en su casa, y en caso de que se confirme la contaminación del suelo, buscará la posibilidad de un realojo. Pero por ahora no tiene otro lugar a donde ir.

Además, Adriana está tratando de acceder a una pensión para pagar los tratamientos y los costos asociados al cuidado de sus hijos. Estima que serían casi $ 8.000, aunque por ahora la misma se ha demorado y según cuenta, le respondieron que hasta el año que viene será difícil que la obtenga. De momento accede a una asignación familiar doble, con la que obtiene algo menos de $ 2.000, y también recibe de su hija un pago simbólico por el cuidado diario de la nieta de cuatro años.

La historia de Cristian es parte de un informe especial del suplemento Qué Pasa publicado el domingo 20 de setiembre.

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