Cría cuervos

ALEJANDRO NOGUEIRA

La "toma" del Ministerio de Trabajo por parte de taxistas del Suatt, que se suma a irrupciones similares de diferentes gremios en despachos de otros ministerios o, anteriormente, en la IMM, no puede tomarse como un acto de espontaneísmo. Tampoco como una medida más de una escalada reivindicativa. Denota un talante, una forma de actuar y una estrategia.

Los sindicatos acusan cada vez de manera más fuerte una confrontación interna apenas vestida de reivindicación laboral y obscenamente desnuda de independencia de clase y que tiene por norte ganar control en el aparato sindical de cara a las elecciones y, eventualmente, de un nuevo gobierno de la izquierda.

Los episodios del taxi fueron repudiados por el establishment sindical y los líderes del MPP (que también tienen sus pulseadas en la estructura del Pit) luego que el director nacional de Trabajo, Julio Baraibar, se lamentara públicamente del atropello cual dama ultrajada en el honor.

Esta sucesión de episodios puramente políticos, mezclados con la conflictividad asociada al estrepitoso fracaso de esta ronda de salarios, desafía la capacidad de interpretación del más versado analista. ¿Qué hacía Irma Leites mezclada entre los caddies del Club de Golf y los tacheros fuera de madre instigando al reparto de refuerzos de mortadela en los pasillos del Ministerio de Trabajo? Para seguir las internas sindicales hay que hacer un máster de especialización posterior a una carrera de izquierdólogo.

El descontento en los bordes radicales del sindicalismo -tan grande con la conducción gremial como con la conducción gubernamental-, que adopta las formas de expresión piquetera y patoteril que se aprenden con solo mirar Crónica TV, recibe la condena al ostracismo y a la muerte civil de la izquierda hoy civilizada en el ejercicio del poder y ambivalente como nunca.

Esa izquierda oficial y sindical, se escandaliza con la "ocupación" de las sedes ministeriales que luego defiende en las empresas privadas. Coloca vallas que sustituyan el piquete frente a los ministerios sensibles, pero tolera variantes del piquete en los accesos a empresas en conflicto.

Además, llegado el caso, una parte de la izquierda sindical, precisamente la que responde al MPP, no tiene empacho en aliarse con los ultras si esto sirve para ganar posiciones o salpimentar alguna declaración contra la política económica del archienemigo "compañero" de fórmula Danilo Astori.

No es asunto ya la condena a las acciones furiosas y violentas en el marco de los conflictos sindicales. Y hasta serían un asunto menor si no fueran un subproducto de una realidad más profunda e inquietante que la conjunción ronda salarial-congreso del Pit-elecciones pone crudamente de manifiesto: que la defensa de cualquier derecho laboral solo será asunto atendible si es funcional a una estrategia política subyacente. Como en el Aprendiz de Brujo de Mickey Mouse en la película Fantasía, las escobas danzantes se salen de control ante la imprevisión del taumaturgo.

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