DRAMA

Convivió 48 horas con los cadáveres de sus hermanos

Drama rural de Viernes Santo aún conmueve a Durazno.

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Las casas del paraje de Molles de Quinteros en Durazno. Foto: Víctor Rodríguez

Nadie en el paraje rural de Molles de Quinteros podía prever el drama que tuvo lugar, la noche del Viernes Santo, en la humilde vivienda de los hermanos Fernández Cawen, personas muy apreciadas por los escasos vecinos que los conocían y los trataban "desde chiquitos", hacía muchos años.

Por eso, el pasado lunes, cuando se realizó el sepelio de los dos hermanos mayores —Gari y Juan Carlos, de 66 y 62 años de edad, respectivamente—, una pregunta flotaba en el aire: ¿qué pudo haber ocurrido para que el "Queso", el menor de los tres hermanos, tomara una escopeta y la descargara contra los de su propia sangre, y después, con una frialdad asombrosa, conviviera por 48 horas con dos cadáveres? Uno de ellos, el de Juan Carlos, se encontraba todavía sentado en una silla playera, como dormido, cuando la policía ingresó a la vivienda rural. Tenía un balazo en la cabeza. La sangre en el rostro ya estaba seca por los días transcurridos.

El "Queso" (54) no trató de ocultar su crimen ni se dio a la fuga, pero los efectivos policiales tardaron en encontrarlo, porque no es habitual que pare en un solo sitio. Vive de realizar diversas changas y es un codiciado alambrador, al que nunca le falta trabajo en las estancias de la zona. Por eso, no siempre estaba en la casa familiar del paraje de Molles de Quinteros. La Policía lo detuvo en un almacén de la localidad de Bay-gorria, al norte de Durazno, cuando hacía unas compras.

Después del interrogatorio y la mansa confesión del detenido, el misterio de la muerte de los dos hermanos, que al principio presentaba diversas incógnitas a los investigadores de Durazno, quedó claro como la luz del día.

La tragedia.

La noche del Viernes Santo, en las precarias viviendas rurales de los hermanos Fernández Cawen, —dos inestables construcciones de ladrillo sin energía eléctrica ni agua potable, separadas por un manto rebelde de hierbas y arbustos— ocurría una escena que, al decir de algunos vecinos, era bastante frecuente: Gari y Juan Carlos estaban al-coholizados y sostenían una discusión acalorada. Los pormenores de la desavenencia no se conocen, porque el "Queso", que fue el único sobreviviente del drama, se encontraba en su habitación. El subjefe de Policía de Durazno, Nelson Irigaray, confirmó que el detenido "no sabía el motivo de la discusión, porque no lo escuchó".

Lo que sí escuchó fue un fuerte estampido, y acudió a ver qué pasaba. Vio a Gari con el rostro desencajado por los efectos del alcohol, sosteniendo en su mano un rifle calibre .22, y a Juan Carlos sentado en la silla, sin vida, con un disparo en la cabeza.

El "Queso" no lo pensó dos veces: agarró una escopeta y le efectuó un disparo a quemarropa al matador, provocándole la muerte en forma instantánea. Y después, se fue a dormir.

Durante el sábado y el domingo de Turismo, el menor de los hermanos mantuvo los cadáveres en la vivienda, sin que se sepa a ciencia exacta hacia dónde lo llevaron sus pasos.

El sábado no estuvo en la propiedad, salió con rumbo no conocido. El domingo volvió a la escena del crimen, y como si recién tomara conciencia de lo ocurrido, llamó por teléfono a un familiar en Durazno y le contó que sus dos hermanos estaban muertos. Después, se subió a una moto y se trasladó a Baygorria, porque tenía algunas changas que hacer.

Ambos hermanos recibieron sepultura el lunes ante una presencia de familiares, vecinos y conocidos. Varios de los allegados coincidieron en señalar que los hermanos eran personas humildes, trabajadores y de confianza de "toda la vida" en Molles de Quinteros, aunque "cambiaban el semblante cuando consumían alcohol".

El menor fue procesado el martes por homicidio especialmente agravado y ya está en prisión.

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