EL HOSPITAL UNIVERSITARIO ANTE EL ÚLTIMO SUSPIRO

Clínicas: entre el cielo y el infierno

Un licenciado de enfermería se saca el uniforme. Se remanga la camisa. Resopla un poco. Agarra la sopapa. Resopla un poco más. Abre la tapa del wáter y, no sin cara de asco, lo destapa. Se lava bien las manos. Se vuelve a poner el uniforme. Y vuelve a cumplir con su tarea: atender a los pacientes.

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Hay pisos con un baño para 23 pacientes. Foto: A. Colmegna

Un auxiliar de enfermería recorre el hospital. Busca, busca y encuentra una caja tirada en el piso. La desarma. Y con ella tapa una ventana que está rota. Es invierno y entra demasiado frío. En verano, en cambio, la odisea es encontrar un pedazo de tela que pueda servir de cortina para no morir “como pollo al spiedo”.

Esto es el Hospital de Clínicas. O al menos lo es para los médicos y enfermeros que trabajan allí. Un sinfín de carencias. Un centro en llamas. A punto de quemarse por completo. “O se cambia o se cierra”, advierte a El País el doctor, dirigente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) y redactor del proyecto que el próximo gobierno pondría en marcha para reformar el centro, Martín Rebella.

En la misma línea están la mayoría de quienes, de una manera u otra, están involucrados con el hospital universitario o la salud pública del país. Años de verlo agonizar lograron que hasta los más radicales esperen con expectativa que hará el nuevo gobierno. Todos saben que es la última oportunidad sino el destino estará marcado: salir de la órbita universitaria.

“Que tu vayas al Hospital de Clínicas y tengas pacientes internados en salas con paredes destruidas, goteras en el techo y cucarachas está por fuera de lo aceptable y concebible, es una vergüenza nacional. Esa persona perdió, anímicamente, el partido contra la enfermedad. Nos hemos acostumbrado a ver cosas aberrantes. A veces no nos pegan muy de cerca, a veces las ignoramos, pero están ahí. Hay que hacer una lucha para que eso se erradique del país”, aseguró el médico y director del Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (CUDIM), Henry Engler, en un suplemento que se publicó con El País meses atrás.

Por donde se lo mire, la situación del Hospital de Clínicas es crítica. Pero no es de ahora, sino que se arrastra desde hace varios años, algunos en los que no se ha hecho nada y otros en los que, como dice el dicho, se intentó tapar el sol con una mano. ¿Se necesita plata? Sí, pero no es lo único que se precisa para curarle la enfermedad a un centro de salud que, a simple vista, parece estar en su etapa terminal.

El plan de resurrección del Clínicas propone terminar con el cogobierno. Hoy la institución se maneja como una universidad y la idea es que se administre como un hospital, es decir, de forma vertical donde el director es el que manda. “Que el directorio aconseje pero que gobierne el director”, explicó Rebella.

(Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

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