Ciudadanos sin voto pero con voz propia

Adolescencia. No conocen personas que les sirvan de modelo, pero confían en su familia y amigos Un 90% considera inaceptable el suicidio, dañar bienes públicos y no hacerse cargo de los hijos

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El País

D. FRIEDMANN / X. AGUIAR

"A los políticos no les interesa mi opinión. Espero que mis padres me cuiden y orienten, pero en las familias suele haber problemas de violencia. No conozco a ningún adulto que se parezca a quien yo quiero ser. ¿En quién puedo confiar? En mis amigos".

Esta visión del mundo es compartida por la mayoría de los adolescentes uruguayos, según el estudio "Percepciones adolescentes 2003-2008", realizado por la socióloga Paula Baleato para Unicef como insumo para la discusión de una Estrategia Nacional para la Infancia y la Adolescencia (ENIA), impulsada por el gobierno.

El informe revela falta de confianza y altos niveles de indiferencia hacia políticos, gobernantes y jueces; la presencia de opiniones formadas sobre diversos aspectos del ámbito educativo, y una ética en la que se combinan aspectos individualistas y solidaridad grupal.

Basado en 21 documentos del Programa Infancia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social (Infamilia), Unicef, el Comité de Derechos del Niño y otras instituciones, reúne la información sobre opiniones y perspectivas de los adolescentes, que es considerada "escasa", "dispersa" e "invisibilizada".

El resultado no es necesariamente representativo de toda la población entre 13 y 18 años, pero es una primera aproximación a esta franja etaria; en estos días se realiza en el marco de la ENIA una consulta a niños y adolescentes de todo el país.

"Mi percepción, después de sistematizar la información, es que ni los adultos ni las instituciones les preguntamos a los adolescentes. La opinión de los adolescentes está invisibilizada, fragmentada. Sabemos muy poco de lo que los adolescentes piensan", indicó Baleato.

"Una segunda reflexión es que efectivamente tienen opinión formada sobre asuntos de interés público, contra lo que a veces se cree", agregó.

Según el estudio, 86,2% de los adolescentes consultados consideró que los gobernantes no escuchan sus opiniones y un 79,5% que no las tomarían en serio, algunos porque creen que los adolescentes no deben opinar y otros porque creen que no pueden hacerlo.

La confianza es mayor en la Policía, llegando a 40% entre los adolescentes que estudian y no trabajan, aunque esta percepción convive con la sensación de discriminación en función de la apariencia personal, tanto de parte de los policías como de los jueces.

En contraste con el escaso aprecio hacia estas instituciones, resalta la importancia de los vínculos personales. Los docentes logran un alto nivel de confianza y, siete de cada 10 estudiantes, consideraron que pueden opinar frente a sus profesores dentro del aula, aunque la proporción es más baja cuando se trata de opinar en el liceo.

Además, prima una valoración muy positiva de la familia, sea la de origen, la proyectada o el concepto abstracto, aunque también se lo reconoce como "espacio de conflicto, de amenaza y de protección a la vez", afirma el estudio. Un 75% de los consultados compartió la idea de que "las familias por lo general tienen problemas de violencia", y en el mismo porcentaje se afirmó que es la familia "quien cuida y orienta a los jóvenes".

A nivel personal, más de un 90% consideró inaceptable suicidarse o no hacerse cargo de un hijo. La mayoría aprobó comportamientos como convivir, tener relaciones sexuales e hijos sin estar casados.

"El valor de la familia, más allá de la diversidad, parece seguir siendo importante. Sigue siendo un valor de estabilidad en la pareja, más allá de que esa unión no sea legalmente la tradicional", indicó Baleato.

Aunque 65,6% de los adolescentes no conoce a nadie que se parezca a quien quiere ser como adulto, un 90,9% tiene personas cuya opinión es respetada y a quienes pedir consejos: la madre es mencionada en primer lugar, seguida por el padre y por otro familiar.

Los amigos son otro referente importante, con una alta declaración de confianza y la reunión con ellos es la actividad más valorada en el tiempo libre. Quizás porque entre los pares se suspenden esas sensaciones ambivalentes, mezcla de límite y protección, con algo de desconfianza mutua, que suelen estar presentes en su relación con el mundo adulto.

PARTICIPAR. "La desconfianza puede ser porque los estudiantes reclamaban muchas cosas, algunas que no podían ser cumplidas y otras que tal vez eran viables pero que no eran escuchadas por gobernantes o autoridades. Hacia la Policía, puede ser porque por ser simple adolescente sentado en una esquina te piden la cédula, para mí no es así pero puede ser para otros", consideró Juan Ignacio Solahegui (17) que participó en un gremio estudiantil y hace un curso de voluntariado social en la Asociación Cristiana de Jóvenes, "para ayudar en algún centro Caif o merendero".

La participación de los adolescentes en el ámbito público puede parecer escasa o inviable para la mirada adulta, pero muchos intentan incidir en su entorno, con mayor o menor apoyo. Agustina Santomauro (16) lleva adelante una biblioteca barrial en un salón de una iglesia en Colinas de Solymar. Consiguió libros donados por vecinos y el liceo y comenzó la tarea junto a una amiga. "No tuve dificultades por ser adolescente, salvo que no puedo volver de noche", contó. "La mayoría de los adolescentes estamos en otra. En general hoy en día siempre que participás estás luchando contra la indiferencia y para que la gente se interese; después de salvar esa barrera no es tan complicado", añadió.

Tzyana Gropp (17) es alumna del liceo 26 e integra la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media. "Cuando uno entra a una institución educativa, lo primero que lo influye es lo primero en lo que intenta incidir", explicó. Las propuestas de los estudiantes abarcan pedidos puntuales, como fumigar por avispas y otros simbólicos, como el cambio de nombre del liceo (de Armando Acosta y Lara a Líber Falco). "El espacio nos lo tuvimos que hacer nosotros", contó. Lo que consiguieron este año (un salón de reunión y un recreo de 5 minutos entre las últimas horas de clase) fue gracias a la cantidad de estudiantes que participó y a su "organización". O sea, "juntarse, discutir sobre los temas y tomar definiciones". Ahora, le interesa informarse sobre planes de estudio y la Ley de Educación.

Para otros, la integración al mundo adulto pasa por hacerse un lugar en el mercado. Joaquín Trinidad (17) participa desde 2005 en Desem Jóvenes Emprendedores. Usa expresiones como "espíritu emprendedor" o "proactividad", y mientras hace una pasantía en una empresa piensa en abrir la suya propia. "Por lo general la gente de mi edad está en otra. No hay una visión de independizarse, de pensar en el futuro", sostuvo.

"La participación política de los adolescentes tiene que ver en cómo inciden en la situación que les rodea. La mejor incidencia es en su escuela o liceo", señaló la abogada Diana González, de Infancia y Adolescencia Ciudadana (IACI). Pero al adulto a veces le cuesta reconocer los espacios de participación del adolescente. "Hay que respetar sus tiempos, formas y ámbitos de participación. Por ejemplo, los adolescentes suelen participar en grupos, no por representación y pueden cambiar su posición en breve tiempo", explicó González.

QUÉ DERECHOS. Para Baleato, un problema es que muchas veces se intenta reproducir en los adolescentes formas de participación adulta. "Tengo dudas de si efectivamente son genuinas. Hay que hacer un esfuerzo, ellos nos pueden dar ideas. Se necesita hacer un esfuerzo por escucharlos, no sólo interpretar lo que dicen", señaló.

En distintos ámbitos se genera un problema similar: "¿Cómo le das derechos y lo empoderás y al mismo tiempo lo protegés de la manipulación y los abusos de poder de otros adultos?", dijo González.

Las dificultades para lograr la participación del adolescente pueden afectar otros de sus derechos. Por ejemplo, en la salud, "cuesta mucho el consentimiento informado del adolescente" cuando se va a someter a un estudio o tratamiento complejo, o hay casos en los que "no se le permite a una adolescente acceder a una consulta con ginecólogo sin autorización de sus padres", dijo González. En esos casos "el Estado debe disponer de un procedimiento administrativo para garantizar esos derechos", sostuvo.

En los liceos hay un mecanismo por el cual el adolescente puede participar en una decisión. El estatuto del estudiante de educación media (aprobado en 2005) establece que "el joven deberá tener oportunidad de ser escuchado en todo procedimiento administrativo que lo afecte, directamente o por medio de sus padres o representante legal". "Son reglamentos a mejorar. Todavía tienen una concepción adulto-céntrica; por ejemplo, el representante de los adolescentes en tribunales es un docente. Pero hay un procedimiento", apuntó González.

"En Uruguay parece que la vida empezara a los 40 años. Así vamos a saber qué piensan los adolescentes cuando ya sean adultos", concluyó Baleato.

Plantean parlamento y crear ombudsman

El Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas recomendó en junio de 2007 a Uruguay que el Estado establezca una institución con presencia en todo el territorio que tenga la potestad de recibir las denuncias sobre violaciones de los derechos de niños y adolescentes. Sin embargo, hasta ahora no se intentó crear un organismo de este tipo, dijo a El País Luis Pedernera, Coordinador del Comité de los Derechos del Niño en Uruguay.

"Nosotros creemos que tiene que haber una institución de este tipo, que puede ser un ombudsman. Es necesaria y oportuna para la defensa de los derechos de niños y adolescentes en determinadas situaciones, como en los casos de privación de libertad", indicó Pedernera.

Mientras, el diputado frenteamplista Roque Arregui prepara un proyecto para la creación de un Parlamento juvenil, que impulsará en 2009, cuando asuma la Presidencia de la Cámara de Diputados.

"Este tipo de mecanismos apuntan a potenciar la participación de los jóvenes, a contribuir con su formación ciudadana a que se sientan valorados, considerados y escuchados como corresponde", dijo Arregui a El País.

La idea es que el Parlamento juvenil tenga 99 diputados, en la misma proporción de representantes por departamento que tiene la Cámara Baja. La primera etapa para formarlo sería celebrar elecciones entre todos los estudiantes de enseñanza media y de los centros educativos de la UTU.

El Parlamento juvenil realizaría reuniones periódicas, donde debatirían "de la misma forma" que lo hacen los diputados.

"Se tomarían resoluciones y las que salgan aprobadas se trasladarían a cada uno de los organismos públicos correspondientes", explicó Arregui.

Pobreza, estudios y deserción

Hay 269.274 uruguayos entre 13 y 17 años en el país, según datos del INE.

Un 39,4% de la población entre 13 a 17 años estaba bajo la línea de pobreza en 2007.

En 2005, un 43,1% estaba en situación de pobreza, un 6,2% en situación de indigencia. La tasa de desempleo en hogares con adolescentes era de 7,9, subiendo a 14,1 en hogares pobres, según datos del Observatorio de Unicef.

Un 84,7% de los adolescentes entre 13 y 17 años asiste a un centro educativo. Para medir el logro educativo, se consideran los jóvenes de 21 y 22 años que finalizaron la educación secundaria o técnica: son 37,8% (Unicef, datos de 2005). El 32,5% de los estudiantes de 15 años no alcanza el umbral de competencias ni en lectura ni en matemática (ANEP, 2006).

Un 78,4% de los adolescentes sólo estudia; 3,6% estudian y trabajan; 5% sólo trabaja: 13% ni estudia ni trabaja (Unicef, 2005).

Opinan diputados

Frente Amplio: "Es claro que tenemos un problema"

"Sí, recibimos adolescentes generalmente de liceos, de entre 15 y 18 años", afirma Diego Cánepa, coordinador de la bancada de diputados del Frente Amplio. "Normalmente no vienen para realizar planteos específicos, sino para entrevistas dentro de sus estudios", agrega. Cánepa señala que las veces que los jóvenes lo llaman "no son pocas" y que él los atiende "siempre". Las consultas que le realizan son sobre el trabajo parlamentario o proyectos. Para Cánepa es claro que hay un "problema de relacionamiento con los más jóvenes. Acá hasta que no tenés 50 años no podés opinar. Es una lógica cultural que se nota fuertemente. Está empezando a cambiar pero lleva su tiempo", dice.

P. Nacional: "Me reúno con todo el que lo pida"

"No han sido menos de 15 grupos de adolescentes los que he recibido este año. Mi actitud es atenderlos siempre", dice Álvaro Delgado, coordinador de la bancada de Diputados del Partido Nacional. "Soy joven, no tengo ningún prejuicio, me reúno con todo el mundo que quiera reunirse conmigo", señala. Delgado notó que en numerosos liceos les piden contactarse con algún parlamentario, pero no recibió jóvenes que fueran directamente a plantearle algo. Lo consultan sobre la labor en sí y sobre temas como el aborto. Delgado prepara un proyecto de ley sobre reinserción laboral de jóvenes, donde propondrá que haya flexibilidad contractual en la primera relación laboral.

P. Colorado: "Adolescentes no suelen estar en agenda"

"La mayoría de las reuniones que nos piden es porque los mandan de los liceos y atendemos a todos. Normalmente nos graban las entrevistas. Lo que quieren saber es cómo trabaja un diputado y lo que piensa de diversos temas", cuenta José Amorín Batlle, coordinador de bancada del Partido Colorado. De ese tipo de encuentros, tiene, en promedio, tres por mes. Lo que no le ha sucedido es que los jóvenes le vayan a plantear una inquietud determinada al Parlamento. Sí tiene ese tipo de intercambios con jóvenes batllistas. "Reconozco que el tema de los adolescentes no está especialmente en agenda. No hay una comisión sobre jóvenes, por ejemplo".

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