ENRIQUE IGLESIAS

Chile es el único que ahorró en la bonanza

El ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y ex canciller uruguayo considera que Uruguay ha avanzado mucho en tres décadas pero sigue teniendo pendiente mejorar la productividad.

Enrique Iglesias, expresidente del BID. Foto: Darwin Borrelli
Enrique Iglesias, expresidente del BID. Foto: Darwin Borrelli

También considera “un serio problema” la situación del agro, pide disciplina fiscal y reconoce que le preocupa mucho el discurso proteccionista del presidente estadounidense Donald Trump. Iglesias entiende que Chile fue el único país de la región que aplicó una política de ahorrar durante la bonanza para la época de “vacas flacas”. Para el futuro cree que costará que las sociedades, cansadas de la corrupción, recuperen la confianza en los políticos.

—Recientemente dijo en Uruguay que de ninguna manera se podía decir que el país haya pasado una "década perdida" ¿Cuáles entiende que han sido los grandes logros que le permiten asegurar eso?

— Y así lo creo. Uruguay es una democracia respetada internacionalmente con libertades, instituciones y vigencia de los derechos humanos. En los 30 años de recuperación democrática creció el producto y el salario real, se controló la inflación, bajó la pobreza y se redujo el desempleo. Ese panorama no califica internacionalmente para la declaración de Estado Fallido. Por supuesto que esto significa poco para el desempleado, para la familia a la que no le alcanza el ingreso para llegar a fin de mes, para el estudiante que deja el liceo y no encuentra empleo o la empresa que no puede servir las presiones fiscales.

—¿Qué contesta a quienes entienden que Uruguay y otros países de la región desperdiciaron el ciclo de bonanza y no ahorraron para las épocas malas?

— Efectivamente. El único país de la región que puso en práctica una política de ahorro de recursos externos en tiempos de extraordinaria bonanza de exportaciones con altos precios, fue Chile. Los demás países aplicaron la bonanza a reducir la deuda externa, a aumentar las reservas o incrementando las importaciones. La experiencia ha demostrado que Chile estaba en lo correcto. Cuando desde el BID sugerimos similares conductas en otros países, la respuesta de un ministro fue "Nos pasamos la vida con escasez de recursos y una vez que los tenemos nos piden que no gastemos. ¡No es justo!". Y tenía un poco de razón pero no toda.

—¿Debe preocupar la evolución del déficit fiscal en Uruguay? ¿Corre riesgo el "investment grade"?

—Sí, debe preocuparnos reducirlo a límites prudentes para no agrandar el endeudamiento externo. Creo que es bueno que haya una conciencia colectiva de sostener el grado de inversión. Es bueno porque nos permite acceder a los mercados de crédito del mundo a las tasas más bajas, y es un buen estímulo a las inversiones del exterior. Pero sobre todo, el mantenerlo nos estimula una autodisciplina responsable que es buena para el país.

—Por estos días se discute mucho en Uruguay la problemática del agro. ¿ Qué se puede hacer, si es que se puede hacer algo, para devolverle competitividad?

— Estamos ante un serio problema con distintas situaciones, que debe ser abordado con la colaboración del Estado, el sector privado y los representantes del trabajador. No hay soluciones ni fáciles de milagrosas, y la salida pasa por actitudes realistas y concretas. El impacto de la caída de precios en sectores como la industria láctea es un duro golpe para pequeños productores que hicieron grandes esfuerzos por ganar eficiencia y mejorar la productividad, y ahora los hunde el colapso de los precios internacionales. No se debe descartar la recuperación de los precios de las materias primas para el mediano plazo.

—¿Cuáles so n las grandes tareas pendientes en Uruguay? ¿ La postergada reforma del Estado, la mejora en la educación pública, lograr más acuerdos comerciales?.

— Creo que el aumento de la productividad es sin duda el gran desafío, para lo cual la reforma educativa, la reforma del Estado y la expansión de las exportaciones adquieren una prioridad especial. No partimos de cero, pero es urgente hacer mucho más. Se han hecho avances en la educación, pero hay agujeros muy bien identificados, especialmente en la enseñanza secundaria. Igualmente ha habido bolsones de modernidad en instituciones y políticas del Estado. En el caso de las exportaciones, la diversificación de las últimas décadas ha sido muy positiva. Creo que el país debe continuar consolidando las relaciones con los mercados internacionales, con acuerdos de comercio directos o a través del Mercosur. Por tanto, hay soluciones. Si lo pudimos hacer en el pasado, tenemos que hacer posible que se siga con el proceso de reformas y con la diversificación exportadora.

¿—Cómo observa la evolución del comercio mundial? ¿ El discurso proteccionista de Donald Trump ha provocado un retroceso del libre comercio?

—Con preocupación. Las amenazas a la sobrevivencia del Tratado del Atlántico Norte de Estados Unidos, México, Canadá y el retiro de los Estados Unidos del Tratado de Cooperación del Pacífico y del Tratado del Atlántico Norte, generan fuertes dudas respecto al sostenimiento del sistema de comercio multilateral que tiene a la OMC como centro del proceso. Un retroceso del libre comercio sería una marcha atrás de un proceso que empezó hace más de 50 años y que tuvo en la reunión del GATT en Uruguay un punto histórico de inflexión. Se debilitaría uno de los motores más vigorosos de la economía mundial como ha sido siempre el comercio.

—¿ Cómo ve América del Sur?

— Con problemas políticos, sociales y económicos. En lo político, la crisis dramática de Venezuela y el debilitamiento de la línea de apertura de relaciones entre USA y Cuba. En lo social, el tema de la corrupción ha sido dramático para el

sistema político y el desencanto social. Costará restablecer la confianza en el sistema político de muchos países pero la sociedad del futuro será más depurada y limpia que la actual. Y en lo económico, el fin de la bonanza de la primera década del siglo en materia de precios de las materias primas, está siendo superada pero con diferentes ritmos en los países. La recuperación de Argentina y Brasil son buenas noticias.

—¿Cómo debe pararse la región frente a China?

—A veces me pregunto qué haríamos en América Latina, especialmente en estos momentos, si no tuviéramos abierto el mercado chino. Creo que hay que profundizar la relación y debatir objetivos globales que nos permitan mejorar la calidad del comercio. Hoy que China asigna una alta prioridad al desarrollo tecnológico importa profundizar la cooperación en esos campos vitales para la calidad de nuestro futuro crecimiento.

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