Con el dinero, el homicida se compró un litro de caña, alfajores y drogas

El chef la mató con un palo y con lo robado se hizo de $ 900

La muerte de María Celia Zevallos (65) le reportó $ 900 a su asesino, un cocinero que habla cinco idiomas y que tiempo atrás había trabajado en dos conocidos restaurantes de Punta del Este y en un hotel de La Barra.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El asesino muestra a operadores judiciales cómo ejecutó el crimen de la mujer. Foto: R.Figueredo.

El presunto asesino, poseedor de antecedentes penales por violencia privada, e identificado como Diego Manuel Moreno Arostegui, de 39 años, ingresó dos veces a la vivienda de la calle Simón del Pino donde vivía la anciana, que padecía síndrome de Diógenes.

La primera vez fue a las 9 de la mañana del viernes, para robar la garrafa de supergás de 13 kilos que estaba colocada fuera de la casa.

A las 16 del mismo día, regresó para robar lo que encontrase a mano pero al ingresar a la vivienda donde se encontró con la dueña de casa.

Sorprendido por el encuentro cara a cara, Moreno tomó un palo y le asestó un fuerte golpe en la cabeza. La víctima lo conocía porque vivía a una cuadra de distancia en un galpón abandonado.

Después de matarla, se llevó dos puertas del interior de la vivienda y arroojó el arma homicida al techo de uno de los baños públicos del predio ferial, ubicado a media cuadra de la casa.

El palo fue hallado por la Policía y remitido a Montevideo para pericias en el laboratorio de la Dirección Nacional de Policía Científica.

Afuera, en las dos ocasiones, lo esperaba su compinche, identificado como Ezequiel Eduardo Rodríguez de 42 años, también poseedor de antecedentes penales.

La garrafa y las dos puertas fueron vendidas al propietario de un comercio de compraventa del barrio Scalone, ubicado sobre bulevar Artigas.

Por la garrafa recibió $ 550, y por las dos puertas otros $ 350. Con el dinero fueron a un almacén del lugar donde compraron un litro de caña, una gaseosa y varios alfajores, entre otros alimentos. Otra parte del dinero fue empleado para comprar drogas.

La cámara de seguridad del prostíbulo que detectó al homicida de María Celia Zevallos fue colocada el día anterior de la muerte de la dueña de casa. La cámara no solo detectó al presunto asesino ingresar dos veces a la finca el viernes sino que, además, identificó al otro delincuente que oficiaba de campana en el exterior de la vivienda.

La jueza penal Rossana Martínez remitió anoche a la cárcel de Las Rosas a los tres hombres, incluyendo al que recibió los objetos robados. La fiscal Adriana Arenas pidió el procesamiento del autor del crimen, Moreno Arostegui, por un delito de homicidio especialmente agravado.

La titular del ministerio público entendió que ultimó a la mujer para ocultar otro delito que había cometido (el robo de una garrafa de supergás de trece kilos, y las dos puertas del interior de la vivienda de la víctima).

El inciso 4° del artículo 312 del Código Penal establece una pena mínima de 15 años y una máxima de 30 para estos casos.

El presunto cómplice del cocinero, Ezequiel Eduardo Rodríguez, marchó a prisión imputado de dos delitos de hurto especialmente agravado.

Rodríguez aguardaba afuera de la vivienda y luego ayudó al exchef a vender las puertas y las garrafas. El reducidor de los efectos, propietario del local de compraventa del barrio, identificado como D.M.F.H, de 54 años, fue procesado sin prisión por venta de objetos robados. 

Liberados.

La Justicia Penal de Maldonado liberó al padre del hijo y al exnovio de la joven Lucía Díaz, quien fuera asesinada en la noche del viernes 10.

Díaz murió ahorcada por un pañuelo. El robo se descartó como móvil del crimen porque se hallaron todas sus pertenencias en el lugar.

El exnovio había sido acusado de un intento de ahorcamiento de la víctima en enero de este año. En abril fue otra vez denunciado por conducta violenta por su madre.

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