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Certificado médico "trucho" por $ 300 y en dos minutos

Primero una llamada telefónica. "Hola doctor, necesito un certificado médico y un amigo me dijo que lo llamara, que usted me podía hacer uno". Del otro lado el doctor, que ni desconfía, marca día y hora. "Venite el jueves a las 4 de la tarde", dice, y da las coordenadas.

"Cuando estés en el kilómetro 16 de Camino Maldonado te indico cómo llegar". Y hasta aclara la tarifa: "Mirá que son 300 pesos".

Dos días después, la cita. En una segunda llamada telefónica, una secretaria da indicaciones, y a menos de 30 metros aparece la fachada del consultorio. La puerta chilla y del otro lado está el doctor.

Championes grises, pantalón deportivo negro con rayas blancas y buzo polar verde. Más aspecto de profesor de gimnasia que de médico. Pero es un médico real, no es un impostor, está, incluso, registrado en el Sindicato Médico del Uruguay (SMU), y su sello tiene las siglas de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios.

Hay una desordenada sala de espera (con un escritorio, una computadora y una biblioteca con pocos libros), un pasillo oscuro y a la izquierda el consultorio. Una ventana diminuta. Una camilla vieja con un sobre de dormir tirado sobre ella. Al lado un canasto: algunos rollos de papel higiénico, varios frascos y una gran cantidad de jeringas de plástico desparramadas. Y una silla.

La consulta es breve. No son más de dos minutos:

Doctor: Sentate. Tú dirás…

"Paciente": Yo lo había llamado porque un compañero de trabajo me dijo que le podía pedir un certificado médico... Porque tengo que ir a Paysandú, tengo un tema familiar y no me dejan ir en el laburo… Me dijo que usted le había hecho alguna vez un certificado...

Doctor: ¿En qué trabajás?

"Paciente": En una barraca.

Doctor: Impecable. ¿El primer día que te vas a ir cuál es?

"Paciente": Mañana, viernes.

Doctor: ¿Hoy trabajaste?

"Paciente": Sí.

Doctor: ¿A qué hora pensabas salir mañana?

"Paciente": Tipo a las 10 de la mañana.

Después el doctor que pregunta nombre, número de cédula, si el "cliente" hace fuerza en la barraca en que trabaja, y listo: con firma y sello queda pronto el certificado, en una boleta original del Sistema Nacional de Certificación Laboral del Banco de Previsión Social (BPS). La patología se inventa. La impunidad es absoluta.

Se le entregan los 300 pesos. Y, antes de despedirse, el doctor aclara que está a las órdenes para hacer negocios a futuro: "Hasta tres días te hago sin problemas". Si lo hace por más tiempo se expone a que el BPS lo descubra.

El médico que certificó de manera irregular al periodista de El País, que se hizo pasar por el empleado de una barraca, fue denunciado a este medio por el dueño de un negocio del ramo ubicado en la Costa de Oro. El empresario estaba cansado de recibir certificados médicos firmados por este doctor.

Lo que le llamó la atención fue que su barraca está muy lejos del kilómetro 16 de Camino Maldonado, donde está el consultorio. Además, los trabajadores certificados viven todos en zonas distintas.

"Tengo un trabajador que faltó y se presentó sin comprobante, por lo cual se le dieron tres días de suspensión por acumulación de faltas. Al retorno de la suspensión aparece con el certificado que lo redime de la pena. No sólo faltó de gusto, sino que se tomó 3 días que con el papelito ahora son pagos", relató el empresario.

Situación.

Durante el 2014 el BPS pagó US$ 149 millones por subsidios por enfermedad y complemento de accidentes de trabajo a 441.736 trabajadores, mientras que en 2013 fueron US$ 123,5 millones a 429.572 personas.

El incremento fue de 20,3% de un año a otro, según datos del propio Banco.

A partir del año 2010, la cifra de subsidios aumentó exponencialmente hasta 2012. Desde ese entonces, los números aumentan y descienden sin grandes saltos.

Según la representante de los trabajadores en el BPS, Elvira Domínguez, actualmente se está "muy por encima" del coeficiente histórico que tuvo la certificación médica. "Se está certificando a entre un 40% y un 50% de la gente que debería estarlo, es decir, que gastamos más o menos US$ 74 millones que podríamos ahorrarnos si controlásemos mejor. El coeficiente históricamente estuvo en 1,5 y ha llegado a 4", explicó.

Investigaciones.

El BPS recibió recientemente una denuncia a un médico que vende certificados, e investiga el caso de un profesional de una mutualista que certificó a un trabajador de manera retroactiva. La investigación derivó de la denuncia de una empresa. Según la firma, un empleado presentó un certificado médico trucho después de estar varios días aparentemente enfermo. Se le hizo el planteo y a los pocos días presentó un nuevo certificado, esta vez veraz.

"Este caso aparenta ser una falsificación del médico, por eso se hace la denuncia y se va a controlar al efector de salud", informó Domínguez, quien celebró que el nuevo directorio del BPS tenga la "firme intención" de "perseguir los ilícitos vinculados a la certificación".

"Los buenos trabajadores son mayoría. Hay un grupo de gente que está por fuera de lo que es la cultura del trabajo y tenemos que controlarlos para que se integren", afirmó.

El secretario médico del SMU, Gustavo Grecco, dijo a El País que estas prácticas irregulares "no son comunes".

Ante la pregunta de si el Sindicato (que cuenta con un departamento legal) está dispuesto a defender médicos que caigan en este tipo de prácticas, Grecco sostuvo que "se debe analizar cada situación", pero aclaró que estos hechos "son totalmente repudiables".

Propuestas.

En los últimos años las enfermedades que más han aumentado —según las certificaciones que llegan al BPS— son las derivadas de anomalías congénitas, los trastornos mentales y las causadas por traumatismos y enfermedades del sistema osteomuscular.

Las ramas de actividad que tienen mayor cantidad de certificaciones son las vinculadas al comercio, la industria manufacturera y servicios relacionados con la salud humana, construcción y transporte.

La representante del sector empresarial insiste en que una mayor eficiencia permitiría pagar mejores prestaciones para enfermedades que suponen costos altos para el trabajador.

Para lograr ser más eficaz, el sector entiende que debería volverse al control por médicos certificadores del BPS, o que en el efector de salud (mutualistas, ASSE u otros) haya médicos certificadores, sujetos a la jerarquía del BPS, que sean quienes autoricen el pago del subsidio de enfermedad.

Domínguez manifiesta que los servicios de salud y el BPS deberán investigar las denuncias realizadas por las empresas, más allá de las inspecciones que de oficio se puedan ordenar con esa finalidad.

En tanto, en el sector público se hace incontrolable la cantidad de faltas que tienen enfermeros, docentes y demás trabajadores (ver aparte).

PAGO DEL 70% DEL SUELDO.


1 - ¿Qué dice la ley?


El trabajador de la actividad privada que quede impedido de trabajar por razones de salud, tiene derecho desde el cuarto día de la enfermedad inclusive, y en caso de internación desde el primer día, a percibir una prestación en dinero, equivalente al 70% de su sueldo o salario básico más la cuota parte del aguinaldo correspondiente al período de licencia certificada. Para tener derecho, el trabajador debe tener una cotización de 75 jornales, o 3 meses, en el año inmediato anterior a la enfermedad.

2 - ¿Cómo es el trámite?


La certificación es ingresada directamente al sistema informático del BPS por las instituciones de salud. Es deber del trabajador informarle a la empresa. Si se certificó en consultorio o en domicilio con su efector de salud, debe conservar la copia de la certificación que le dejó el médico de su prestador de salud, ya que el original ingresa por vía remota desde el prestador de salud al BPS. A las 72 horas deberá comunicarse con el BPS para elegir lugar de cobro del subsidio por enfermedad.

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