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Los Cerrillos y la escuela que atravesó tres siglos

Voluntarios enseñan francés, coro y lenguaje de señas.

Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto
Escuela Los Cerrillos. Foto: Fernando Ponzetto

A 40 kilómetros de la capital, en Los Cerrillos, Canelones, está ubicada una de las más antiguas escuelas rurales aún en funcionamiento. Fue creada en el año 1878 y su existencia atravesó tres siglos hasta hoy.

"Al principio comenzó a funcionar como la escuela N° 3 en un rancho de terrón y paja, que era lo característico en aquella época. Luego pasó a ser la escuela N° 4 y se estableció en un local cerca de aquí, y finalmente fue trasladada hasta este lugar como la Escuela Rural N° 5 República de Francia", explicó la directora, Marianella Di Doménico.

El predio donde quedó instalada definitivamente la institución fue cedido por un vecino de la zona, y la construcción en donde se impartían clases comenzó a sufrir el deterioro producto del paso del tiempo. Las paredes se agrietaron, los pisos se fueron abriendo con el movimiento del terreno, la estructura se terminó derrumbando, "y surgió la necesidad urgente de reconstruir el lugar".

"Fue entonces cuando se decidió colocar contenedores, que fueron fabricados por una empresa en Lavalleja e instalados aquí. Los contenedores ya tienen 22 años, aunque nos habían dicho que la vida útil era de 10. A través de la comisión de fomento, los padres y distintos convenios con Primaria, hemos podido mantener el local", indicó la directora.

Alumnos.

Actualmente la escuela rural de Los Cerrillos cuenta con 48 alumnos divididos en tres grupos: "Los niños tienen entre cuatro y 12 años. Somos tres docentes que atendemos a niños de educación inicial y de 2° a 6° año de escuela", contó Di Doménico. El horario varía dependiendo de la época del año: en verano es de 8 a 13 horas; en invierno, de 9:15 a 14:15.

A diferencia de otras escuelas rurales, donde muchos alumnos se trasladan a caballo, los niños llegan a esta escuela en ómnibus o bicicleta, y otros son traídos por sus padres.

Voluntariado.

En el año 2012, una profesora que trabajaba en el Liceo Francés, decidió comenzar a enseñar ese idioma de forma voluntaria a los niños de la escuela de Los Cerrillos, tras descubrir que en esa localidad había muchos apellidos franceses. Asistían como voluntarios varios estudiantes de esa institución y realizaban actividades deportivas, artísticas, productivas (como la plantación de una pequeña huerta) y fundamentalmente pedagógicas, como un diario escolar e intercambios lingüísticos y culturales.

Una vez que la profesora regresó a su país natal, el proyecto fue retomado por una amiga —también francesa— que logró reunir a cinco voluntarias francoparlantes que continúan asistiendo a Los Cerrillos. "Lo que hacemos, una vez por semana, es enseñarles a los chicos el idioma francés a partir de canciones, de las artes plásticas y de vez en cuando, a través de la cocina. De esa forma comienzan a aprender cómo se dice cada cosa en ese idioma: una fruta, un material, un objeto", indicó Neiza Ramos, una de las voluntarias.

También se les enseña el lenguaje de señas y durante las clases de coro, las canciones son acompañadas por los movimientos de manos de los niños, que traducen en señas lo que están cantando.

Contaminación.

Para este año, el tema que eligieron como trabajo de fin de curso fue la contaminación: cómo proteger al medio ambiente y cómo ayudar a reciclar. Para ilustrar el trabajo decidieron crear un árbol de Navidad hecho completamente con materiales reciclados: desde el pino armado con botellas de plástico hasta la decoración, realizada con papeles y varias figuras de Papá Noel hechas con rollos de papel higiénico, algodón y telas. En una feria de fin de año escolar mostraron diversos trabajos realizados con arcilla, además de títeres hechos con medias, botones y retazos de tela.

"Lo que quisimos fue mostrar lo que se puede hacer con un poco de amor y otro poco de imaginación", contó Ramos.

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