GREGORIO ÁLVAREZ: ÚLTIMO SÍMBOLO DE LA DICTADURA

Ceremonia cerrada en el cementerio

La ofició un sacerdote católico; estuvo el jefe de la Casa Militar y Vázquez lo cuestionó.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El jerarca militar usó un auto del Ejecutivo para ir al sepelio. Foto: F. Ponzetto

El cuerpo del exdictador Gregorio Álvarez fue trasladado en una camioneta de la empresa Martinelli en las primeras horas de la tarde al cementerio parque de la empresa sobre la ruta 102 bastante antes de la hora prevista para la ceremonia fúnebre que estaba anunciada para la hora 16.

Los familiares de Álvarez no querían que la prensa viera la llegada del vehículo. Personal del cementerio parque advirtieron luego a los periodistas que, por pedido de los familiares de Álvarez, no se permitiría el ingreso de la prensa.

La militante de izquierda radical, Irma Leites, su hija y dos personas más estuvieron junto al portón del cementerio parque durante dos horas portando una cartulina blanca escrita con letras rojas, en la que se leía "Ni olvido, ni perdón para el genocida. ¡La memoria puede más!". En otra cartulina con fotos en blanco y negro se leía "la represión continúa, la misma impunidad".

Sobre las 16 horas comenzaron a ingresar autos con personas que querían participar de la ceremonia religiosa con la que se despidió a Álvarez. Ingresaban velozmente por el camino de piedra flanqueado por cipreses que llevaba a la capilla donde un sacerdote católico, que había llegado en un auto con matrícula del Ejército Nacional, ofició una ceremonia que duró más de una hora.

Unos 60 vehículos ingresaron al predio (a la ceremonia asistieron algo más de 200 personas), al menos tres de ellos del Ejército y uno con matrícula de Presidencia de la República en el que se pudo ver a un oficial uniformado, el jefe de la Casa Militar, general Alfredo Erramún. El presidente Tabaré Vázquez dijo en Telenoche que la presencia allí del oficial "no correspondía". Erramún fue a "título personal", dijo Vázquez y agregó: "le preguntaremos".

Uno de los autos llevaba a dos soldados jóvenes con uniforme camuflado y los otros a oficiales. Un auto rojo ingresó con una enorme corona de flores.

Uno de los asistentes al sepelio fue el excomandante del Ejército, Raúl Mermot, quien también presidió el Círculo Militar. Luego de su retiro Mermot militó en el Partido Colorado. Había sido intendente de Rivera y jefe de Policía de Montevideo durante la dictadura. En 2010 consideró que los militares presos por violar los derechos humanos eran "presos políticos". También estuvo para despedir a Álvarez Graciela Rompani, viuda del fallecido presidente Jorge Pacheco. Rompani llegó sola en su auto.

La ceremonia se extendió por un par de horas. Cuando los asistentes empezaron a retirarse, Leites les gritaba "ni olvido ni perdón".

Una camioneta pasó muy cerca de ella y Leites gritó "hdp", pero no hubo ningún otro incidente. La despedida de Álvarez, el hombre que representó la cara más dura de la dictadura y marcó una época, tuvo como testigos a unos 200 allegados, exactamente a cuatro militantes radicales y a una decena de periodistas y fotógrafos. Ocurrió en una calurosa tarde en la que el tráfico de autos hacia el este por la cercana ruta 102, que llevaba a familias a empezar sus vacaciones, era muy intenso.

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