UN COMERCIO TRADICIONAL DE MONTEVIDEO

Cien años de pujas en el corazón de la Ciudad Vieja

Bavastro cumplió un siglo de vida y se proyecta con su cuarta generación.

Héctor Bavastro y su hijo Pepe, frente al remate de la calle Misiones. Foto: Archivo El País
Héctor Bavastro y su hijo Pepe, frente al remate de la calle Misiones. Foto: Archivo El País

Desde hace un siglo, un miembro de una familia de prosapia martillera arenga el fascinante mundo de las apuestas en la Ciudad Vieja, buscando siempre al mejor postor. "¿Quién da más?", repite una y otra vez. La frase es tan popular en las casas de subastas del mundo como lo es esta otra en Uruguay: "Los jueves son de Bavastro".

Los fanáticos de los remates y los ajenos a este universo saben que ese es el día para hallar precios de conveniencia y —por qué no— auténticas joyas en la firma de la calle Misiones, que este 2017 está cumpliendo cien años de vida, proyectándose en su cuarta generación.

En abril de este año, un artículo publicado por la editorial turística internacional Condé Nast Traveler eligió a Montevideo como "el sueño para los compradores de antigüedades". Sin embargo, aunque la materia prima sigue existiendo, es una realidad del mercado local que cada vez se venden menos objetos antiguos, lo que incluso ha llevado a que cierren varias casas especializadas.

La nota destacó a nuestra capital por el recibimiento de otras tendencias de la mano de "boutiques de moda abiertas por una nueva generación de diseñadores, restaurantes, y el brote de edificios altos y brillantes frente al Río de la Plata". Y mencionó que "lo que realmente define a esta pequeña ciudad de América del Sur es una sensación de intemporalidad: arquitectura neoclásica y art nouveau, plazas frondosas y paseos ribereños, todo lo cual recuerda las épocas pasadas cuando la gente se tomaba el tiempo para ir más despacio. En ninguna parte este ambiente es más palpable que en la Ciudad Vieja, un distrito histórico de menos de una milla cuadrada llena de cafés, librerías, pequeños museos y una gran colección de tiendas de antigüedades y casas de subastas llenas de tesoros vintage".

El remate de trofeos de caza mayor. Bavastro llegó a ser amenazado. Foto: Archivo El País
El remate de trofeos de caza mayor. Bavastro llegó a ser amenazado. Foto: Archivo El País

Entre estas casas, la publicación le otorga un especial destaque a la fundada por Eugenio Bavastro en 1917, ahora dirigida por sus nietos y bisnietos, donde hay subastas regulares todos los jueves y se suman mensualmente ventas especiales de joyas de alto valor, pinturas y mobiliario, así como los remates de arte que se hacen durante los veranos en la torre Imperiale de la Parada 1 de Punta del Este.

El alma mater y eje de toda esta historia centenaria fue sin dudas el hijo de Eugenio, Héctor Bavastro, cuya figura se mantuvo ligada indisolublemente a la firma durante prácticamente 80 años. Hoy, el barco es capitaneado por Pepe y Eugenia Bavastro, y secundado por los hijos del primero, Eugenio y Luciana.

El trofeo perteneció a Juan Alberto Schiaffino. Foto: Archivo El País
El trofeo perteneció a Juan Alberto Schiaffino. Foto: Archivo El País

Como en botica.

En el enorme salón de exhibiciones de Bavastro todo se funde: los muebles de distintas épocas y estilo con las pinturas de reconocidos artistas y perfectos desconocidos, el bandoneón con el arpa, y los libros que ya nadie lee con la papelería histórica o la biblioteca de un encumbrado político o historiador. Cada pieza tiene un pasado y un destino incierto.

La casa Bavastro e Hijos se sumó a las redes sociales en 2012, comenzando a promocionar los remates en su página de Facebook, donde lunes, martes y miércoles se publican fotos de los productos ofrecidos. Fue una decisión que se tomó para no caer en un mundo que sigue girando con vertiginosidad.

El alma mater.

Desde su atril, el hombre de voz inconfundible que fue Héctor Bavastro nunca dejó de proclamar sus ideas entre su público. Las mismas que lo llevaron más de una vez a "marchar preso" por oponerse a dictaduras y a obtusas corrientes de pensamiento.

Nueve estadías en prisión, la mayor parte de las cuales habrían sido evitadas si hubiese sido una persona complaciente, forman parte más que de un prontuario. Una vez, un amigo le dijo: "Usted Bavastro, habla porque no se escucha. Si se escuchara a sí mismo, no diría ni la mitad de las cosas que dice".

Cuando tenía 70 años, la periodista Martha Aguiar lo retrató de la siguiente manera: "A paso de carga, con la agitación propia de alguien que está a punto de protagonizar el acontecimiento más importante de su vida en los próximos minutos, los labios apretados son de guerra, ojos risueños y una voz distinguible entre la multitud. Se pasea por la Ciudad Vieja con un aire entre desafiante y busca pleitos, que parece divertirle mucho. Es uno de los propietarios de una de las firmas rematadoras más conocidas del país y ostenta un récord poco creíble: el de haber argumentado, peleado, discutido o discrepado con la inmensa mayoría de los montevideanos. Y está dispuesto a seguir haciéndolo".

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