liberados se reunieron con delegado del gobierno, pero siguen con su protesta

Carpas y protección policial en la embajada

El interlocutor que el gobierno designó para tratar con los seis refugiados de Guantánamo se presentó ayer formalmente ante algunos de ellos. Sin embargo, cuatro siguen protestando ante la embajada de Estados Unidos para reclamar más dinero, una vivienda propia y traer a sus familias, e incluso instalaron tres pequeñas carpas frente a la representación diplomática. 

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"El mundo nos mira. Hay que ser cautos", dijo el nexo oficial. Foto: F. Flores

Christian Mirza, el interlocutor que el gobierno designó para tratar con ellos, los visitó por la tarde en la casa del barrio Palermo, en la que se quedan desde que llegaron pero no pudo reunirse con todos porque el sirio Ali Hussein al Shaaban permaneció todo el día frente a la embajada.

Y el tunecino Abdul bin Mohamed estuvo con él por no más de diez minutos. Mientras tanto, el gobierno envió señales de que no tiene intención de retirar a tres de ellos que se están quedando frente a la embajada.

Mirza, que nació en Egipto y es cristiano maronita, concurrió acompañado de un traductor de árabe a la casa del barrio de Palermo donde se están quedando los refugiados y se presentó formalmente, aunque no recibió una explicación respecto a los motivos por los que cinco de los seis liberados se niegan a firmar un convenio que establece las condiciones en las que recibirán apoyo. El exdirector de Políticas Sociales del Mides, que realiza la tarea de nexo en forma honoraria y por pedido expreso del canciller Rodolfo Nin Novoa, dijo a El País que espera poder tener hoy otro encuentro más "distendido y con más tiempo" con todos los refugiados.

Mirza también tiene previsto conversar con la Cruz Roja en la próxima semana para avanzar en la posibilidad de que vengan a Uruguay familiares de los seis hombres. "El mundo nos mira. Hay que ser muy cautos", dijo Mirza.

Militante de la causa palestina desde hace años, Mirza aclaró que los recursos que se ofrecen a los refugiados en el marco del convenio que por ahora cinco rehúsan firmar, provienen del Presupuesto Nacional. El borrador de este compromiso establece que a los refugiados se les pagará el primer año de un alquiler, muebles, electrodomésticos y parte de los gastos y tributos durante ese lapso. El subsecretario de Relaciones Exteriores, José Luis Cancela, confirmó en el programa Claves políticas Nuevo Siglo que el Estado se hará cargo de los gastos previstos en el acuerdo.

Mirza consideró clave que los refugiados dominen el español a la brevedad para poder trabajar.

Hasta ahora los liberados no han planteado ninguna acción formal de reparación ante Estados Unidos que los confinó 12 años sin someterlos a juicio, aseguró Mirza. El representante del gobierno conversó varios minutos con el palestino Mohamed Tahanmatan, el único de los liberados que se avino a firmar el acuerdo. El sirio Ahmed Adnan Ahjam fue a visitar brevemente a un vecino mientras Mirza permanecía en la casa de Palermo donde siempre hay al menos un agente policial, según pudo comprobar El País.

A partir de ayer los refugiados son representados formalmente por el abogado Mario Pígoli quien dijo que el acuerdo que se les presentó tiene aspectos pocos claros. Citó, por ejemplo, que no especifica los montos que recibirían. Pígoli entiende también que el plazo de un año para el compromiso puede ser demasiado breve y consideró comprensibles las dudas de sus patrocinados. El borrador de acuerdo establece que su vigencia será hasta febrero de 2016.

Guardia Republicana.

Ayer sobre las 14.30 se presentaron dos oficiales con uniformes camuflados de la Guardia Republicana y se acercaron a conversar con los refugiados. Uno de ellos, que se identificó como el capitán Víctor Torres, le dijo en inglés a Al Shabaan que "como están en un espacio abierto estamos preocupados por su seguridad y la finalidad nuestra es que estén seguros". El oficial explicó a los liberados que los vehículos en los que se desplazan los efectivos de la Guardia Republicana son blancos y negros, distintos a los de la policía, y que podían acercarse a ellos cuando lo considerasen necesario para pedir protección o ayuda de algún tipo. El oficial estrechó la mano de los tres refugiados.

Un poco más alejados otros seis efectivos de la Republicana observaban el diálogo que Shabaan traducía del inglés al árabe a sus compañeros. Sobre las 16 horas tres de los refugiados se arrodillaron en el césped y realizaron sus rezos. Luego charlaron animadamente y riéndose con tres personas en una mezcla de italiano, español e inglés.

Un señor que dijo ser estadounidense y estar casado con una uruguaya de San José comentó que rechazaba la existencia de la "vergonzosa" cárcel de Guantánamo y que estaba allí para marcar su apoyo a la decisión del gobierno anterior de recibir a los refugiados.

Buscando la inserción.


El gobierno dice que quiere facilitar la inserción de los refugiados y considera que estos quizás no interpretaron bien los alcances de lo que se negocia. El abogado de los refugiados valora la buena voluntad del gobierno pero justifica las dudas de los seis hombres. La casa de Palermo queda a una decena de cuadras de la embajada de EE.UU. y los refugiados van de un lado a otro a pie.

Críticas y apoyos en el barrio de la embajada.


Algunos vecinos apoyan fervientemente a los refugiados. Se toman fotos con ellos, les acercan frutas, pan y bebidas y les entregaron tres pequeñas carpas. Pero una señora que paseaba cerca de la embajada de Estados Unidos comentó que cobraba una magra jubilación tras haber trabajado hasta avanzada edad y que no entendía por qué el Estado planeaba colaborar con personas que hasta el momento no han aceptado los empleos que se les ofrecieron.

Mientras tanto, los refugiados saludan a los transeúntes, juegan con los perros que pasean con sus dueños por la rambla, y saludan diciendo "hola" y "gracias". Se los ve bromear entre ellos y consultar permanentemente sus celulares. El tunecino decía estar preocupado por no tener acceso en la calle con su móvil a Internet, pese a haber contratado el servicio.

Quedan 122 cautivos en Guantánamo.


Uruguay es uno de los 22 países que han recibido cautivos de Guantánamo. Todavía quedan en la cárcel, ubicada en la isla de Cuba, 122 hombres procedentes de 18 países. El grupo más numeroso lo conforman los provenientes de Yemen, que son 75. Hay 10 saudíes y ocho afganos. El más joven tiene 28 años y el de mayor edad tiene 67. En total 57 de los prisioneros fueron declarados "liberables". La propia administración Obama calculó en 2011 que mantener un preso le costaba a Estados Unidos US$ 800.000 anuales, según publicó The Miami Herald. En Guantánamo murieron nueve prisioneros, al menos tres de ellos por suicidio.

Cuando asumió su primer gobierno, el presidente Barack Obama anunció su decisión de cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo pero la reducción de la cantidad de cautivos ha sido lenta. Los prisioneros de Guantánamo están allí en una especie de limbo jurídico porque al no ser la cárcel territorio estadounidense desde el punto de vista legal, pueden permanecer indefinidamente sin juicio. El primer prisionero llegó a Guantánamo en 2002 luego de que, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente George Bush lanzase una ofensiva antiterrorista.

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