JÓVENES CREATIVOS

La otra cara de los liceos públicos

Jóvenes genios: uno ganó concurso de Google, otros crearon bicicleta que carga celulares.

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Vicente ganó con una app que sirve para médicos que trabajan en el África. Foto: Marcelo Bonjour

El papá de Vicente Bermúdez tiene las manos engrasadas. Es mediodía. El sol pega fuerte sobre el frente de la casa, donde también está su taller de herrería. La vivienda, en Camino Lecocq, en el barrio de Colón, es humilde, tanto por fuera como por dentro. Al atravesar la puerta se ingresa a una pequeña sala, a la izquierda hay otra habitación, sin puerta, pegada también a la cocina. Una pequeña cama y una computadora. Allí es el cuarto de Vicente. Y fue allí que diseñó una aplicación para celulares que podrá servir para que los médicos de los países más pobres puedan contar con la historia clínica de sus pacientes en sus smartphones.

Él tiene apenas 15 años, va al liceo N° 18. Y este trabajo hizo que Google lo premiara invitándolo a conocer su sede central en San Francisco.

"Vicente es autodidacta", señala su papá. Cuenta que debió emigrar a Estados Unidos en 2002, en plena crisis. A los tres años llegaron allá su mujer y sus cinco hijos, entre ellos Vicente, que aprendió antes inglés que español. Hace cuatro años y medio volvieron a Uruguay. "Después aprendí programación por mi cuenta. Desde los 11 años empecé a programar juegos. Encontré tutoriales en YouTube y fui avanzando", dice Vicente a El País, y recuerda que antes su padre lo rezongaba por pasarse frente a la computadora.

El concurso al que se presentó se llama Google Code-in. Hubo 28 ganadores, de 980 que se presentaron. La aplicación que creó Vicente será utilizada por la organización internacional OpenMRS, cuyo objetivo es desarrollar software para apoyar la prestación de asistencia sanitaria en países del África. Todavía le queda limar algunos detalles para que quede 100% operativa. Pero él dice que ya decidió tomarse todas las vacaciones para trabajar en ello.

Química.

Lo que le pasó a Vicente no es para nada común, pero tampoco es único. Hay varios alumnos que en 2016 se destacaron por su empuje, acompañado por el de algunos docentes. Rodrigo Moreira tiene 16 años y es un apasionado de la química desde la primaria. La primera en incentivarlo fue su maestra de la escuela N° 116 de Santiago Vázquez, y después una profesora del liceo N° 24. Empezó a estudiar. Y después a participar en las Olimpiadas de Química, en la que este año obtuvo la medalla de oro nacional en el primer nivel (en el de los alumnos de 4° de liceo). Hoy va al liceo Bauzá, y se prepara para dar las pruebas para ir a las Olimpiadas mundiales, en Tailandia, y a las Iberoamericanas, en Perú, el año que viene.

"Siempre me gustó la ciencia, y cuando estaba en segundo de liceo encontré un afiche de la Facultad de Química que hablaba sobre las Olimpíadas. Voy a hacer quinto científico y quiero estudiar algo vinculado a la química", dice Rodrigo a El País. Comunicarse con él fue difícil. Sus horarios no permitieron llevar a cabo una entrevista presencial. Y tampoco suele atender el celular. "Es que está todo el día estudiando, vive pensando en eso. Es todo empuje, todo esfuerzo", explica su madre.

Física.

Además de los proyectos individuales hay otros que involucran a aulas enteras, y son incentivados por los docentes. Esto es lo que pasó este año en el liceo Solymar 1, donde el profesor de Física, Guzmán Trinidad, les mandó a los alumnos una tarea que los hizo poner en práctica todos sus conocimientos teóricos. Los desafió a hacer que una bicicleta pueda servir para cargar celulares.

"El plan era construir un cargador de smartphone basado en el dínamo de una bicicleta. Era un desafío que no tenía una solución conocida por los estudiantes, tenían que juntar partes, vincular conocimientos. Se armaron cinco grupos y todos lograron cumplir", dijo orgulloso Guzmán a El País. "Todos lo hicieron con bicicletas fijas, soldaron la estructura a una base; pero también se pueden realizar con bicicletas que se estén moviendo", añadió.

Uno de los grupos, además, le agregó más potencia al experimento, lo que permite que la bicicleta fija también sirva para cargar un DVD portátil.

Astronomía.

Otro ejemplo de trabajo en equipo es el que se dio en el Liceo N° 2 de Barros Blancos y el N° 58 de Montevideo, donde los alumnos descubrieron siete nuevos asteroides en el marco de una campaña mundial de búsqueda y registro.

Este es un programa de extensión educativa que funciona a nivel mundial. Son diez los liceos de Uruguay que en 2016 participaron. Lo que se hace es recibir un banco de fotografías por parte del International Astronomical Search Collaboration (IASC), organismo internacional que apoya el trabajo astronómico de estudiantes. En estas imágenes se muestra una porción del cielo, donde los alumnos buscan, comparándolas, la existencia de movimientos que permitan identificar objetos extraños en el cielo.

"Aquellos objetos que tienen patrones de desplazamientos son cometas o asteroides. Asteroide quiere decir que es parecido a una estrella. Cuando se ve en una fotografía no se diferencia a una estrella, a no ser porque este se desplaza", precisó a El País el docente de Astronomía del liceo de Barros Blancos, Daniel Gastelú.

Otro proyecto colectivo fue en el que participaron siete alumnos del liceo de Tarariras. Se trató de Bolum 2016, un plan de simulación de debates como los que se hacen la Organización de Naciones Unidas. Los jóvenes viajaron a Cochabamba, Bolivia, para participar de este encuentro.

"Van colegios de varios lugares del mundo. Se hacen recreaciones de los diferentes comités, y los jóvenes tienen que representar a distintos países en las discusiones —nunca al país del que son originarios—, en temas como medioambiente, salud, o los derechos de las mujeres", dijo a El País la adscripta del liceo de Tarariras, Ana Laura Sellini, que fue con los alumnos al evento.

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