Denuncia sobre el servicio de Necrópolis de IMM

Cambiaron ataúd en un entierro municipal

Hijo del fallecido tuvo que abrir tres cajones en un depósito para poder encontrar el cuerpo.

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El director de Necrópolis de la IMM dijo que se inició una investigación. Foto: F. Ponzetto

El pasado 16 de febrero, a las 00:30 horas, Nelson Ariel Gásperi Moyano, de 63 años, sufrió un paro cardiorrespiratorio en su domicilio. Tras llamar al 911 y no obtener ayuda, los familiares lo socorrieron y trasladaron por sus propios medios a la policlínica de Capitán Tula. Allí los médicos constataron su fallecimiento a la hora 1:06, quedando el cuerpo en depósito hasta las 19:30, cuando fue trasladado al Instituto Técnico Forense.

El miércoles 17, según el relato de los familiares a El País, el cuerpo fue entregado a las 20:00 horas para su velatorio. Al no contar el fallecido con cobertura fúnebre, se recurrió al servicio municipal.

El velatorio se realizó a cajón tapado desde las 20:00 horas hasta las 24:00 horas, en la sala 4 de la casa mortuoria ubicada en General Flores 3824. El sepelio se realizaría el jueves 18 a las 8:45, pero no se les dio la oportunidad a los familiares participar del cortejo fúnebre. Por el contrario, se les dijo que debían aguardar en los tubulares del sector H.

Siendo las 9:35, llegó una camioneta municipal (matrícula SIM 2081), con tres ocupantes. Al abrirse las puertas del vehículo, donde se encontraba el féretro, los familiares advirtieron que faltaban flores y coronas, las características del cajón no coincidían, una de las asas estaba rota y faltaba la chapa con el número de la cédula de identidad. "Lo más doloroso es que escrito en tiza, atravesando el cajón, figuraba su nombre: Nelson Gásperi", indicaron los familiares.

Los deudos exigieron la apertura del cajón para verificar que efectivamente Gásperi se encontraba adentro. Ante la negativa de los integrantes de la camioneta del servicio fúnebre, los sepultureros se negaron a seguir con su tarea.

A abrir cajones.

A raíz de lo ocurrido, el servicio fúnebre permitió que solo un doliente, uno de los hijos , fuera a un depósito de Necrópolis en el Cementerio del Norte a abrir cajones hasta dar con su padre.

Susana Gásperi, la hermana del difunto, dijo a El País que su sobrino tuvo que abrir tres ataúdes con sus respectivos cuerpos para hallar el de su padre. "El que nos habían dado a nosotros era el de un muchacho joven", indicó.

"Mi sobrino fue quien lo abrió, pero los demás hijos también tuvieron que verlo (al cuerpo)", agregó Susana, quien ocupa una banca de edil departamental en San José.

El cuerpo se encontraba en descomposición al haber transcurrido 60 horas del deceso.

La edil recordó que "el 16 de febrero fue uno de los días de más calor en Montevideo, la temperatura llegó a los 37 grados. Y ese día lo tuvieron en la sala de la policlínica de Capitán Tula (ahí no hay cámaras, no hay nada) hasta que pudiera ingresar al Instituto Técnico Forense, lo que ocurrió a las siete y media de la tarde".

Más problemas.

Después de estos hechos, los familiares se trasladaron a la Dirección del Cementerio del Norte, donde su director, Santiago Rodríguez, les indicó que la persona responsable era una funcionaria de iniciales F.R., jefa del servicio fúnebre municipal.

"Ella nos dijo que no tenía nada que ver, que no estaba en el servicio nocturno, pero aún así solicitó la presencia policial porque dijo que se vio invadida por la familia", indicaron los denunciantes.

"Según ellos, nadie escribió con tiza; pero yo te puedo asegurar que decía Nelson Gásperi escrito con tiza arriba de la tapa del cajón. Esta mujer, haciéndose la ignorante y sin tener nada de respeto hacia nosotros, nos decía que nunca habían escrito con tiza un cajón, pero saltó un funcionario que estaba parado al lado de ella y dijo: si, hay veces que escribimos con tiza", indicó Susana.

Informes y traslado.

Enterados de esta situación, los ediles de Alianza Nacional Javier Barrios y Cristina Ruffo se entrevistaron con el director del Servicio de Necrópolis de la Intendencia, Richard Burgos.

"Nos dijo que se había iniciado una investigación y que la funcionaria F. R. había sido trasladada, aunque no por este hecho sino porque había pedido su traslado tiempo antes", declaró la edil Ruffo a El País.

"Lo más triste es que después del lío que se armó, un hijo tuvo que abrir cajones para encontrar a su padre. La funcionaria denunció a la familia, que al otro día tuvo que presentarse a declarar. Yo me pongo en el lugar de la familia. ¿Cómo le vas a hablar a la mujer? Imposible hablarle en un estado normal después de todo lo que pasó", opinó Ruffo, quien hizo un pedido de informes a la IMM por lo sucedido.

"Si bien hablamos con el director, esperemos que den respuesta a nuestro pedido de informes y que esto no ocurra más, porque es un poco macabro lo que ha pasado", concluyó.

Un arma en la casa mortuoria.

Susana Gásperi comentó que la noche en la que se hizo el velatorio de su hermano, en la sala 4 de General Flores 3824, pudo observar a una persona que ingresó armada a la casa mortuoria.

"Llegó en una moto y se le veía la culata de un arma de fuego en la parte de atrás del pantalón. Entró a una de las salas velatorias, creo que era la 2, pegó unos gritos y salió en la moto a todo trapo por General Flores hacia el Norte. Se ve que ahí nadie controla nada", indicó. "No se puede demostrar con palabras lo que sentimos. Fue indignación, mucha bronca. Le dije a la mujer (encargada del servicio fúnebre) que mi hermano no era ni un NN ni un ajuste de cuentas. Ella me dijo que ahí trataban a todos por igual. Y yo le respondí: sí, es un desastre con todos", agregó Gásperi.

"Se ve que están acostumbrados a que nadie reclame nada. Queremos que se haga justicia, es un atropello hacia las personas vivas y muertas", concluyó la edil de San José.

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