Los seis excautivos tomarán clases de español en Pocitos

Buscan acelerar la venida de la familia de refugiado

Aun mes de que llegaran a Uruguay los seis refugiados de Guantánamo, el gobierno acelera las tratativas para que pueda venir pronto al país la familia de Abu Wa’El Dhiab, el sirio de 43 años cuya esposa e hijos están en Turquía y que es el que se encuentra anímicamente más vulnerable.

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Ourey (el de más a la izquierda) dijo a El País que "hasta ahora está todo bien". Foto: A . Martínez

El sirio, que en una primera etapa se mostraba renuente a salir de la casa de Palermo en la que se encuentra junto a los otros cinco refugiados, comenzó a salir con la ayude de muletas. Ayer fue en un auto conducido por un funcionario del Ministerio del Interior de compras a un supermercado Disco de la zona, junto al refugiado sirio Abdel Hadi Faraj.

Fernando Gambera, encargado de Relaciones Internacionales del Pit-Cnt, dijo a El País que los seis refugiados están preocupados por sus familiares, aunque se comunican regularmente con ellos, pero que se da prioridad a El Dhiab porque es el único que tiene mujer e hijos que aspiran a reunirse con él.

Curso intensivo.

Los seis refugiados comenzarán esta semana un curso más intensivo de aprendizaje del español en un instituto ubicado en Pocitos, con lecciones de una hora y media diarias que complementarán las clases que les da una profesora por las mañanas. La intención es que al menos alguno de ellos comience a trabajar este mes. Los refugiados han tenido ofertas para trabajar en la construcción y manejando autoelevadores y, en el caso de Dhiab que ya ha trabajado en la gastronomía, en una carnicería.

Las actitudes de los refugiados hacia la prensa varían. Ali Hussein Shaabaan, dijo a El País en la puerta de la casa, con tono amable pero firme, que "no queremos hablar con periodistas". Sin embargo, el tunecino Abdul bin Mohammed Abis Ourey, se mostró simpático y locuaz. "Hasta ahora está todo bien. Después veremos", dijo en italiano. "Me resulta fácil aprender español porque es parecido al italiano, pero a mis hermanos (los otros refugiados) les cuesta más", señaló. Ourey dijo que le gusta Uruguay y la forma en la que los recibió la población y que ha ido a la playa. De hecho, los refugiados además de ir a la playa visitaron una estancia en Colonia. Dos de ellos salieron a correr ayer por la rambla de Montevideo.

Ourey tiene 49 años, trabajó en la construcción y fue encarcelado en Italia por dedicarse al tráfico de drogas. Según la inteligencia estadounidense, perdió un pulgar maniobrando con una granada. El País pudo comprobar que, efectivamente, le falta parte de su pulgar izquierdo. Por su parte, Faraj se mostró amable pero dio a entender que su conocimiento del español no le permite mantener aún una conversación fluida. Shaabaan lucía una remera negra que decía "Uruguay" en tanto que Faraj usaba una con el logo del Pit-Cnt y la frase "yo puse mis derechos a trabajar".

Los refugiados se manejan con creciente independencia. Cuando sobre las 15.30 llegó un policía de particular a la casa y tocó timbre, fue Ourey quien le abrió la puerta y le dio un beso a modo de saludo. El policía debió llamar insistentemente lo que hace presumir que los refugiados estaban durmiendo la siesta. Las ventanas de la casa estaban abiertas y la puerta entornada. A poco de llegar, el policía instaló un ventilador. "Están cada vez más independientes. Todo va con normalidad", comentó a El País.

Se "mimetizaron" con el barrio de Palermo


De remera, chancletas y bermudas, parados en la puerta de una casa cualquiera de Palermo, los refugiados podrían pasar perfectamente en estos días por uruguayos que salen a ver qué pasa en su barrio en una tarde de verano. Todos los vecinos saben que ellos están ahí pero la mayoría pasa con indiferencia frente a la casa pese a que alguno mira por las ventanas abiertas. Los refugiados saludan a los periodistas con la mano y sonríen. Alguno incluso promete hablar más "después, en otro lugar". Todavía no han recibido la visita del presidente José Mujica que espera que "pase un poco el circo", según dijo a El País Fernando Gambera, encargado de Relaciones Internacionales del Pit-Cnt.

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