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Bomberos al ritmo de Beethoven

Son alertados por canciones según el riesgo de un incidente; muchas son falsas alarmas.

Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto
Bomberos trabajan día a día en decenas de episodios que no tienen que ver con los incendios, sino con rescates y aperturas de puerta. Foto: F. Ponzetto

El Cuartel Centenario es una pequeña ciudad en el corazón de Montevideo. Mientras algunos bomberos preparan el almuerzo y otros simulan operativos en una cancha a cielo abierto, cinco guardias hacen vigilancia a la espera de una alerta que, de un segundo a otro, puede llevar a salvar la vida de una persona.

Dentro del cuartel, donde están las oficinas administrativas y de la Dirección Nacional, funciona el destacamento del Cordón, uno de los 74 que hay en todo el país.

Ante un incidente, la advertencia no llegará con el sonido de un timbre o una campana, sino con la quinta sinfonía de Beethoven. "¡Bomba 1! 18 de Julio y Pablo de María", se escuchó por los altoparlantes del cuartel sobre las 10 de la mañana del miércoles pasado. Se trata del nivel de alerta más grave.

Los agentes que estaban en el comedor descendieron del primer piso a planta baja a toda velocidad deslizándose a través de un caño. "En menos de un minuto tienen que estar en la calle", señaló la vocera de Bomberos, Mariela Vivone. Los bomberos corrieron hacia los percheros donde estaba la indumentaria para combatir el fuego, se vistieron, subieron a un camión y salieron a destino.

"No creo que sea algo grave", pronosticó Vivone, quien atendía y realizaba llamadas cada cinco minutos. Una de ellas le rectificaba: "No es 18 de Julio; es Brandzen".

Una vez en el lugar, se confirmó la sospecha de Vivone: en una obra de un edificio, se sentía un fuerte olor a quemado. Eran los obreros que estaban haciendo un asado en uno de los pisos y habían quemado algunas maderas. "Hay muchísimas falsas alarmas. Hay días que no hay salidas y otros días que saltan cosas importantes", agregó Vivone.

Entre melodías.

Los bomberos que "viven" en esta pequeña ciudad —que cuenta con un odontólogo, sala de juegos con mesas de pool, un médico de guardia las 24 horas y hasta un psicólogo— conviven con otras melodías cuya reproducción llena de adrenalina y cierta dosis de temor a quienes están en el lugar. "El timbre o la campana era muy impactante durante la noche para salir al incendio. Por eso se pusieron estas melodías", contó Anderson Ferreira, integrante del equipo de Relaciones Públicas.

"La Cumparsita", creada por Gerardo Matos Rodríguez hace un siglo, es el segundo nivel de alerta descrito por la fuerza como Bomba 2. Es cuando hay un incendio de "mediano porte". "Ya no suena tanto", indicaron desde la oficina de prensa.

El que más suena es "Ojo de tigre", canción de la película Rocky III. Son alarmas de "menor porte", como quema de contenedores o de pastos. Es una camioneta que sale con una bomba con 500 litros.

Cuando hay que hacer un rescate —de una persona o animal— en pozos, alturas y agua, los bomberos son avisados con "La tarantela", la música del baile típico de Italia.

Si es un incendio "de largo aliento" cuyo trabajo demanda varias horas, suena "Tocata y fuga en re menor" de J. Sebastian Bach. Suele ocurrir cuando se incendia un predio de gran extensión, como una fábrica.

Tareas.

Para responder a esas alertas, los bomberos se capacitan todas las semanas. Rescate en altura, en el agua y en hogares, además de primeros auxilios, son algunas de las instrucciones que reciben. Todo conocimiento, dicen los bomberos, sirve para refrescar las técnicas, para "hacerlo mejor".

Tan importante es la capacitación que la falta de entrenamiento puede poner en riesgo a una persona. "Si actuamos mal, puede que se pierda esa vida. Y también puede que se pierda la nuestra. Si hacemos la cosas bien, vamos a tener mayor seguridad", indicó Ferreira.

Además de salvar vidas y capacitarse para ello, los bomberos deben ocuparse del mantenimiento de esta "ciudad". Y deben aprender conocimientos mecánicos, ya que revisan los coches para comprobar si no presentan fallas. También deben limpiar la cocina, el baño y preparar la comida. Realizan deporte como forma de garantizar el buen estado físico.

En el Cuartel también hay un psicólogo. "Hay algunos que deciden ir y otros pueden pasar toda la carrera sin asistir", comentó Ferreira. Quienes acuden pueden hacerlo por motivos personales o luego de vivir experiencias traumáticas de la profesión. "En un accidente de tránsito podés encontrarte con el pedazo de un brazo", anota.

De todas formas, la repetición de los hechos hace que la tarea pierda dramatismo. "La descomposición del cuerpo, o la deformación, ya no te va a impactar tanto porque no lo identificás como una persona", comentó Ferreira.

1.800 efectivos.

Uno de los departamentos principales es Certificación y Habilitación de Locales Comerciales, que verifica si un local tiene salidas de emergencia adecuadas, entre otros aspectos. Investigación busca determinar las causas del origen de un incendio y el Departamento Forestal previene, capacita y combate los siniestros forestales. Logística tiene como objetivo reparar y distribuir las herramientas de trabajo.

HISTORIAS.

Un museo que posee reliquias del siglo XIX.

El Cuartel Centenario también cuenta con un rincón turístico que posee carros, vehículos y fotografías que muestran cómo los bomberos se las arreglaban para extinguir incendios.

El lugar, por el que pasaron cientos de personas en las pasadas vacaciones de julio, tiene un segundo piso destinado al recuerdo de cuando los bomberos utilizaban carros que eran cinchados por ellos mismos. Si bien los primeros bomberos en Uruguay empezaron a trabajar en 1887, hay piezas de 1880.

En el primer piso están los vehículos utilizados durante el siglo XX, entre los que se destaca un coche donado por el gobierno británico. También uno incorporado en 1914, que fue el primero que traía sirenas y escaleras que se desplegaban en el techo.

El lugar también rememora algunos incendios famosos que ocurrieron en la historia del país como el del Palacio de la Luz en 1993. Y recuerda a los 33 bomberos fallecidos mientras cumplían con su tarea. El último deceso ocurrió en 2004, cuando un efectivo murió electrocutado.

Este año, en su 130° aniversario, la Dirección Nacional de Bomberos piensa hacer un festejo en la Plaza Independencia.

De León, el guardia que trabaja en su licencia.

Sebastián De León es uno de los bomberos más destacados por sus compañeros. Más allá de que en esta semana está de licencia, De León decidió ir a las jornadas de capacitación para no perder la práctica en operativos de emergencia en los que le puede tocar participar. "Esto lleva mucho tiempo de capacitación. Es como todo trabajo, hay gente que se dedica de manera mucho más profesional", indicó.

El episodio que más lo marcó en su carrera de nueve años fue el incendio del hogar de ancianos "La Época Dorada", en Millán y Cisplatina, barrio Atahualpa, donde fallecieron ocho personas. El lugar no contaba con habilitación de Bomberos para funcionar. Es decir, no tenía salidas de emergencia para evacuar en caso de incendio. "Éramos pocos trabajando. A lo largo de mi carrera he trabajado con muchos muertos, pero no con tantos juntos", indicó.

De León siempre supo que quería ser bombero. "Pienso que es la ilusión de todo niño. Solo que algunos la seguimos", comentó.

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