ENTRENADOS PARA ENFRENTAR CATÁSTROFES

Bombas, gas sarín y ataques incendiarios en Montevideo

Bomberos, Policía y ambulancias en el Puerto sorprendieron a los viajeros.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sorprendido, López Mena preguntó: "¿No se podía hacer a otra hora?". Foto: A. Colmegna

Un ataque con gas sarín y ántrax, artefactos explosivos que fueron rápidamente desactivados, y la presencia de un enfermo de ébola que viajaba a Montevideo en un barco de Buquebus, movilizaron ayer de mañana a todo el sistema de seguridad de la capital uruguaya: bomberos, ambulancias, policías y especialistas en ataques con armas químicas. El escenario alteró la vida cotidiana de los pasajeros que llegaban al Puerto y de aquellos que se preparaban a embarcar hacia Buenos Aires.

El efecto dramático duró poco. Rápidamente se extendió la noticia de que se trataba de un simulacro, con muchos actores "de reparto".

Entre los protagonistas, se destacó por su vívido papel un traficante que ingresaba pastillas de éxtasis y metanfetaminas "truchas" por la terminal de pasajeros y que fue detenido y esposado por efectivos de narcotráfico.

Todo eso pasó ayer en el Puerto de Montevideo en un lapso de apenas tres horas. El simulacro buscaba medir los tiempos de reacción y la actitud de todos los actores involucrados en la seguridad portuaria.

El Código Internacional de Protección de Buques e Instalaciones Portuarias de la Organización Marítima Internacional obliga a hacer cuatro ejercicios de estas características cada año; el de ayer fue el primero de 2016 en Montevideo.

Realismo.

La Prefectura detuvo a dos hombres jóvenes. El primero estaba sentado como cualquier viajante en la terminal de pasajeros. Antes de la salida del barco Francisco de Buquebus, ingresó un efectivo con un perro adiestrado de la Unidad de Apoyo Operativo (Unapo). Tras revisar la terminal el binomio detectó que el joven llevaba droga.

De inmediato aparecieron otros efectivos que detuvieron, revisaron y arrestaron al traficante. Lo llevaron a un baño y luego hacia una oficina contigua. Minutos después se vio salir al hombre con toda normalidad. Algo más tarde cayó preso otro hombre en las mismas circunstancias; tras la detención salió tranquilamente por el estacionamiento.

Ambos eran actores y en realidad llevaban en sus mochilas el principio activo de las metanfetaminas y el éxtasis para que fuera detectado por los perros. Los efectivos de Prefectura desconocían la identidad de los jóvenes, por tanto la detención se hizo con todas las precauciones de una situación real.

Una vez en la oficina de Prefectura, los detenidos exhibieron salvoconductos emitidos por la dirección del Puerto. De lo contrario, debían haber sido remitidos a la Justicia.

Los organizadores debieron tomar la precaución de emitir salvoconductos porque en un simulacro similar, desarrollado en el mes de agosto de 2015 en Paysandú, se detectó droga de verdad y un traficante terminó procesado con prisión.

Química.

De pronto alguien gritó que había un pasajero que estaba "haciendo una convulsión". Un hombre estaba tirado en el piso con espuma en la boca. Un oficial de Prefectura se acercó y de inmediato llamó a emergencias y a la ambulancia de la Administración Nacional de Puertos (ANP).

Un médico ingresó y observó una botella que tenía la inscripción "sarín". Volvió sobre sus pasos y solicitó apoyo de especialistas en toxicología. Minutos después llegó una unidad de la Armada con personal vistiendo trajes aislantes y máscaras especiales. Al rato, otro pasajero sufrió convulsiones y también fue atendido.

La Prefectura desalojó el espacio destinado a embarque y los sorprendidos pasajeros quedaron bajo el techo exterior de la terminal. "Me vengo a comer un ejercicio", murmuró un marino retirado mientras esperaba que terminara el simulacro para embarcar a Buenos Aires.

Mientras tanto, ingresó a la terminal de pasajeros el empresario Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus. Sorprendido por el operativo, preguntó a Carlos Obregón, de la empresa de seguridad Ketlark, a cargo del "operativo", si no era posible hacer todo ese movimiento durante la tarde.

Obregón explicó que se trataba de una actividad para colaborar con la seguridad y que eso redundaría en beneficios comerciales para todas las partes. "Está bien, tiene razón", respondió el empresario y se retiró a sus oficinas.

Mientras tanto, en otros sectores del puerto surgía un "incendio" al que acudían los bomberos y una "amenaza de bomba" que fue atendida por personal de Prefectura.

Evaluación.

Todo el simulacro fue seguido de cerca por observadores de distintos organismos de emergencias nacionales y departamentales.

Había técnicos del Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) y del Centro Departamental de Emergencias (Cecoed). Durante el mediodía se efectuó una primera reunión de evaluación, cuyos resultados se mantienen en reserva por razones de seguridad, contó Obregón.

Catástrofe.

Decenas de efectivos de Prefectura, Bomberos, personal de la ANP y técnicos privados participaron de un simulacro de incendio, ataque terrorista con químicos, una amenaza de bomba y transporte de estupefacientes. El operativo duró unas tres horas y fue seguido de cerca por técnicos de los organismos de emergencias nacionales y departamentales. Por otro lado, se incluyó actividades a bordo, puesto que en medio de la jornada apareció en un barco una persona que presuntamente estaba enferma de ébola.

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