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Asi fue la Conrado Bierfest, la mejor fiesta del año

La fiesta organizada por Fábrica Nacional de Cervezas reunió a 10.000 personas, que disfrutaron de música en vivo, buena comida y propuestas bastante originales.

La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
La Rural fue decorada para recrear un pueblo cervecero, con luces y guirnaldas.
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La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.
La Rural del Prado fue decorada para recrear un pueblo cervecero.

Pasaron 150 años desde que Conrado Niding, un emprendedor y filántropo alemán inauguró en el barrio de Palermo la Cervecería Popular, la más moderna de América del Sur en su tiempo. Su empuje e imaginación llevaron a que hoy se lo considere el patriarca fundador de las Fábricas Nacionales de Cerveza.

Por eso, la campaña de los 150 años de FNC se centró en la figura de este emprendedor alemán, y la Conrado Bierfest, realizada el sábado pasado en la Rural del Prado, prometía ser uno de los eventos del año. Las 40 bandas en vivo en cinco escenarios simultáneos, una pista de música electrónica, dos museos, diversas ofertas gastronómica, charlas y una heterogénea selección de artistas auguraban una fiesta diferente.

Unas 10.000 personas asistieron a la fiesta, que empezó a las 4 de la tarde cuando los primeros invitados que entraban por la puerta de Buschental eran recibidos por un Conrado Niding disfrazado —uno de los tantos que paseaban animando y sacándose fotos — que daba la bienvenida con acento alemán. El clima fue el complemento ideal, y personas de todas las edades, desde jóvenes hasta cincuentones, pudieron disfrutar de esta fiesta multicultural.

La Rural fue acondicionada para recrear una feria de un típico pueblo cervecero alemán, con la calle principal decorada con coloridas luces y guirnaldas.

La fiesta se organizó en cinco espacios, inspirados en las marcas de la cervecería. El primero con que uno se topaba era con el espacio Patricia, que ofrecía una propuesta urbana y juvenil. Por su escenario pasaron artistas como Algodón, Alfonsina, Slow burning, Eté & Los Problems, Boomerang y Croupier Funk. Al igual que en toda la fiesta, el espacio ofrecía una serie de propuestas culturales, entre las que se destacaba una librería, una pequeña feria de discos de vinilos y Drap Art, una exposición de arte con materiales reciclados.

Cómo no podía ser de otra forma, las barras de cerveza abundaban por todos lados, y había una generosa propuesta gastronómica. La calle principal estaba repleta de restaurantes, así como stands de helados, pizzas, crepas y foodtrucks, con menúes para todos los paladares. Uno de los puntos destacados por el público era que no habían grandes colas, algo inusual en este tipo de fiestas masivas.

Siguiendo hacia el sur, el espacio Conrado recibía a todos aquellos que quisieran aprender sobre la cerveza y su historia. Allí se realizaron charlas gastronómicas a cargo del maestro cervecero Carlos Ghione y también de los chefs Jorge Oyenard, Ximena Torres y Lucía Soria. Todo esto mientras grupos de danza típicas —alemanes, rusos, lituanos— y diferentes artistas callejeros entretenían a quienes pasaban por la calle principal.

En el Museo de la Cerveza, los visitantes pudieron dar un paseo por el pasado de la fábrica, entre antiguos porrones de cerveza, instrumentos, máquinas e incluso camiones de reparto. “Están muy buenos, tengo ganas de robarme uno para casa”, comentó riéndose Agustina, que recorría el museo junto a una amiga, mientras señalaba un antiguo afiches de la marca Pilsen.

Mientras en el escenario de Norteña, los visitantes podían disfrutar de una parrillada y artistas vinculados al folclore y a la música popular, en el espacio Zillertal estaban las propuestas más originales de la noche. Allí distintos artistas plásticos presentaron sus catálogos, y algunos incluso realizaban sus obras en vivo. Fotografías, cuadros, arte corporal, graffitis y tatuajes despertaron la curiosidad del público, que se prestaba de modelo.

La moda también tuvo un lugar importante, a través de diferentes tienda y escuelas de diseños. En el stand de Peter Hammers Fashion Design School, el diseñador realizaba ilustraciones de moda en vivo, mientras el público diseñaba sus propios pañuelos o disfrutaba de los desfiles.

En el Salón de Juegos de Pilsen hubo ping pong, pool y futbolitos, y en el museo del fútbol, los interesados pudieron ver las fotos, copas y camisetas que hicieron a la historia de la selección.

El espacio Pilsen, ubicado en Plaza Prado, fue el más popular de la fiesta. Allí, en la tarde dominó el rock, con la presentación de La Tabaré, Buenos Muchachos, La Triple Nelson y el Colectivo Nosotros Estamos, y la noche dio paso a los adolescentes y los grupos de cumbia Los Golden Rocket, Vas, Vi-em y Mala Tuya, que obligaron a bailar durante toda la madrugada.

Luego del cierre de fuegos artificiales, los últimos resistentes se fueron retirando, dando por terminado una noche espectacular, de la que el propio Conrado estaría orgulloso.

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