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Artigas, Oribe, Leandro Gómez, Paysandú

Cosas de la historia. Leandro Gómez nace el 13 de marzo de 1811. Apenas un mes antes, Artigas desertaba de las fuerzas imperiales, cruzaba el río llegando a Paysandú, adhería a la revolución de mayo e iniciaba lo que después llamaríamos la “admirable alarma”.


En 1815, el sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga llegaba a Paysandú y describía con estas palabras lo que entonces era un pueblo de ranchos de terrón: “tiene el honor de ser interinamente la Capital de los Orientales, por hallarse en ella su jefe y toda su plana mayor con los diputados de los demás pueblos “.

Cincuenta años más tarde, el lugar ocupado por ese caserío había a pasado a llamarse Plaza Libertad y sería el principal escenario de la heroica defensa encabezada por Leandro Gómez. Más tarde, el mismo lugar recibiría el nombre de Plaza Constitución. Todos esos nombres están bien, porque eran, y son, las cosas que allí se defendían.

En 1842, Leandro Gómez compra, con mucho sacrificio de su parte, la espada que la Provincia de Córdoba le entregara al Jefe de los Orientales en 1815. El arma se encontraba en una “casa de empeños” de Buenos Aires. Leandro Gómez fue uno de los primeros reivindicadores de Artigas en plena época de la leyenda negra. En noviembre de 1856 le manda la espada al presidente de la República, junto con una carta que empieza así: “Excelentísimo Sr. Presidente Don Gabriel Antonio Pereira: mi constante admiración por el ilustre Oriental Don José Artigas hízome adquirir esta espada de honor que le fue consagrada por la Provincia de Córdoba en gratitud a los eminentes servicios del campeón oriental…”.

En 1843 Leandro Gómez está junto a Manuel Oribe en el Cerrito. Durante la Guerra Grande será su ayudante particular, dirigirá la Aduana del Buceo, cumplirá misiones confidenciales. La reivindicación de Artigas ya no es solamente su causa personal sino la de todo un gobierno. En 1849, la calle llamada De la Restauración pasa a llamarse General Artigas.

En 1856, con motivo de la repatriación de las cenizas de Artigas, el entonces mayor Leandro Gómez publica en la prensa un extenso artículo en el que dice: “Debía ser calumniado, vilipendiado villanamente por los enemigos de todo lo que es Oriental, por aquellos cuya audacia enfrentó mil veces… Silencio, olvido profundo por una larga serie de años. Y esto en retribución a los méritos del esforzado libertador (…) que todo lo pospuso ante la salvación de la Patria”.

No por casualidad, entonces, Alfredo Castellanos afirma que Leandro Gómez era un “héroe redivivo de los tiempos de la patria Vieja”. Y recuerda la Proclama de noviembre 1864, cuando empezaba la epopeya: “¡Soldados del norte de Río Negro, Defensores de la Independencia Nacional! Las aguas del Río Uruguay se encuentran en estos momentos turbias por la presencia de las cañoneras del imperio brasileño… Pretende el imperio dominar a la Patria del inmortal Artigas; a la Patria de esos héroes (…) cuyos hijos somos nosotros; nosotros en cuyas venas circula la sangre altanera de nuestros antepasados, y en cuyas frentes hemos escrito con esa misma sangre, INDEPENDENCIA O MUERTE”.

Leandro Gómez ya no es un héroe partidario sino un héroe nacional. Las causas por las que dio su vida iban más allá de las luchas partidarias. Defendió a un Gobierno legalmente establecido contra la prepotencia de propios y ajenos. Encabezó un movimiento de Guardias Civiles conformado por los vecinos y vecinas, por el panadero, el herrero, el intelectual, las amas de casa, los profesionales.

Si divisa hay para su frente, no debe ser otra que “Defensores de las Leyes”. Esa es su cuna y es nuestro compromiso.

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