HALLAZGOS EN SALTO

Arqueólogos critican sustracción de restos fósiles por aficionados

Denuncian que intervenciones como la de Salto destruyen información.

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Los arqueólogos critican que se haya intervenido sin tener autorización. Foto: M. Sosa

El trabajo de cinco investigadores de la ciudad de Melo que permitió hallar en Salto restos fósiles de una especie extinguida de perezoso gigante, entre ellos una columna vertebral casi completa, provocó una inmediata reacción negativa de la organización Arqueólogos del Uruguay Asociados (Arqua).

Los profesionales subrayan que cuando se efectúan sustracciones de materiales sin el adecuado registro por parte de un especialista titulado termina perdiéndose información y se destruye asimismo el contexto arqueológico.

En el comunicado recuerdan que por el artículo 14 de la Ley 14.040 es obligatorio solicitar autorización previa a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación para realizar cualquier tipo de intervención y excavación.

Los arqueólogos indican que la investigación en esta área "tiene unos procedimientos y metodologías específicas que son indispensables para la adecuada construcción de conocimiento sobre el pasado y para la no destrucción de un patrimonio que es frágil, para lo cual la Universidad de la República forma a los profesionales".

Controversia.

Como informó El País el pasado domingo, los melenses habían descubierto también más de doscientas piezas líticas o herramientas confeccionadas en piedra.

"Pudimos encontrar un gran número de piezas como raspadores, piedras lenticulares, pre-puntas y raspadores de sílex bifaciales", dijo Marcos Sosa Cantera, quien creó junto a Renzo Loggio, Gonzalo Fierro, Gonzalo Finozzi y Channick Hernández la Sociedad de Amigos de la Tradición Uruguaya, con el objetivo de realizar investigaciones arqueológicas y paleontológicas.

Soca Cantera es conocido en su Melo natal por haber conseguido colectar más de 1.000 piezas actualmente en exhibición en el museo de la capital arachana.

Los profesionales egresados de la Universidad de la República que salieron al cruce de su emprendimiento comprenden el gran entusiasmo que despiertan los hallazgos que hizo junto a otros aficionados y comparten "el interés por la construcción de conocimiento arqueológico y paleontológico en base a los materiales que, a lo largo de la historia, tantas personas han ido coleccionando, con gran pasión y esmero".

Pero aun reconociendo el aporte que se realiza a los museos nacionales desde distintos colectivos de aficionados, los profesionales argumentan que en la actualidad se vive una nueva etapa en el patrimonio arqueológico y se debe pues realizar las investigaciones, gestiones y estudios dentro del marco de la institucionalidad y de las leyes nacionales.

"Esto se aplica no sólo a las campañas, sino también a los emprendimientos y proyectos de inversiones, infraestructuras, empresas que están obligados por la ley a la realización de Evaluación de Impacto Arqueológico", afirman los universitarios en su comunicado.

Ciencia y aventura.

Sosa Cantera y otros integrantes de la Sociedad de Amigos de la Tradición Uruguaya definieron su primer trabajo fuera de los límites de Cerro Largo como "la aventura arqueológica y paleontológica más ambiciosa" que habían hecho hasta el momento.

Navegaron 80 kilómetros en kayaks por el río Arapey en busca de restos fósiles y también de herramientas de los antiguos habitantes de esas tierras.

Sabían que ese lugar era el elegido por los indígenas para sacar la materia prima para sus herramientas.

"La finalidad era recorrerlo en busca de restos paleoindígenas que algunos atribuyen al Hombre del Catalanense, una cultura prehistórica que habitó el territorio mucho antes que los charrúas", sostuvo Marcos Sosa Cantera, quien trabaja en el Museo de Historia Natural y Antropología de Cerro Largo.

Además de piezas arqueológicas de más de 8.000 años de antigüedad, ellos encontraron gran parte de una columna vertebral de una especie extinta, emparentada con el perezoso, y restos de otras especies de la denominada "mega-fauna" prehistórica, tales como el gliptodonte, un rinoceronte prehistórico, tortugas, roedores de gran porte y ciervos.

El yacimiento prehistórico en donde intervinieron tiene una antigüedad datada entre 30.000 y 85.000 años. Para los arqueólogos profesionales el accionar del grupo de Sosa Cantera es inadmisible se mire por donde se lo mire.

"Defendemos el patrimonio y estamos trabajando e investigando para darlo a conocer y para que la sociedad se pueda apropiar y ser parte", declaran los arqueólogos, quienes a la par dicen estar abiertos a recibir consultas y aportes "de todos aquellos interesados genuinamente por el patrimonio".

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