Informe de qué pasa

Argentina vuelve a sufrir su condena

Aunque están acostumbrados a que las diferencias políticas se resuelvan apretando el gatillo, en Argentina son conscientes de que la de Nisman es una muerte particular.

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Ciudadanos argentinos reclaman justicia por la muerte de Nisman. Foto: Reuters

Llora Argentina. Llora al fiscal Alberto Nisman, pero sobre todo lamenta que en un momento clave de su historia vuelva a irrumpir la muerte para recordarle que su Justicia no es garantía, que su democracia permanece frágil y que no puede confiar en sus gobernantes. Emerge entonces la miseria institucional y política: el fondo de una muerte emblemática.

Como hoy, la política argentina cada tanto se hunde en sangre, barro y confusión. Algunos casos marcaron a fuego la historia, como la muerte del sindicalista peronista José Ignacio Rucci, la del hermano de Eva Perón, Juan Duarte, la del hijo de Carlos Menem, la del empresario Alfredo Yabrán o la del fotógrafo José Luis Cabezas.

La confusión en torno a la muerte de Nisman aumenta día a día, envuelta en la radicalización que enferma y hunde a Argentina. En un extremo cierran filas los defensores a ultranza del gobierno, entre los que se cuenta el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales o el diario Página 12, por ejemplo.

En el otro rincón brilla el diario Clarín y los medios que controla. La diferencia es tan abismal que, en ocasiones, parece que ambos bandos hablaran de asuntos diferentes.

Argentina parece condenada por sus instituciones. La explicación de cómo se llega a una situación así tiene que ver con un “ilegalismo sistemático” que es “característico del kirchnerismo como antes lo fue del menemismo”, dijo a El País el filósofo argentino Tomás Abraham.

La Justicia independiente es “el talón de Aquiles” en ese sistema, planteó el académico argentino Jorge Streb para El País de Madrid.
La seguridad pública y jurídica ya estaban cuestionadas antes de la muerte de Nisman.

Sin embargo, este caso tiene dos particularidades que llevan a que en su resolución esté en juego la credibilidad de Argentina: la sospecha de que el gobierno puede estar implicado, y el hecho de que la causa principal (el atentado a la AMIA, Asociación Mutual Israelita Argentina) es materia de preocupación internacional y lleva más de 20 años impune.

Consciente de ello, el periodista Carlos Pagni escribió en La Nación: “Para calibrar la dimensión de la crisis política parece más adecuada la distancia. Desde el exterior se atribuye al país un sistema institucional fallido”. Agregó que “la percepción del exterior es angustiante” ya que “se considera que la Argentina ya no está en condiciones de proveer justicia”. (Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

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