DESDE EL CENTRO HASTA LA AGUADA

100 años del Rodó y el Miranda

Salvo historias, nada quedó de los edificios de 1916, uno en el Centro y otro en la Aguada.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Darwin Borrelli

Los dos liceos más antigüos de Montevideo cumplen 100 años, el Rodó y el Miranda. Este último realizó varias actividades celebratorias. Por ejemplo, la primera Bienal Nacional de Bachilleratos Artísticos, que reunió a más de 500 estudiantes de todo el país. Hubo muestras, flashmob, intervenciones, talleres y espacios de intercambio.

En el liceo de la Aguada, en Bacigalupi y Hocquart, las celebraciones incluyeron además una muestra de las actividades del área científica en los muy amplios laboratorios de biología, física y química, en donde se conservan piezas de museo.

Para los festejos también se formó una comisión encargada de gestionar un nuevo mural en sustitución del que estaba en la fachada, en condiciones de gran deterioro, por no decir casi extinto, al punto que esa parte de la pared frontal debió ser pintada con una base en blanco. La idea es llamar a concurso para concretar la iniciativa el próximo año.

El proyecto más ambicioso del liceo tiene que ver con la reutilización de un gran sector del subsuelo, en donde se encuentran las instalaciones originales de los vestuarios del gimnasio, desde las calderas enormes para el agua caliente de las duchas hasta los lockers.

Todo el espacio está clausurado y parece difícil su recuperación así como el subsiguiente mantenimiento. En cambio, se piensa que sería viable ganar ese lugar para que los talleres del bachillerato artístico hallaran su sitio en el liceo, en vez de deambular por las salas. El proyecto está pero falta financiarlo, dijo a El País la actual directora del Miranda, Nair García.

A corto plazo hay otras obras imprescindibles; existe un problema serio en los baños, en donde perduran las tazas turcas, y también en importantes tramos de la azotea.

En el Miranda hoy funciona el bachillerato, de 4° a 6° de la enseñanza secundaria. Hasta sus instalaciones llegan alumnos de otros liceos cercanos para prácticas en la terraza del observatorio astronómico.

Además de una gran sala de informática, el liceo cuenta con una biblioteca que también está equipada con computadoras y ofrece un clima cálido para que los estudiantes se congreguen no solo a leer sino a realizar trabajos en equipo o jugar al ajedrez.

En uno de los patios perdura al aire libre un mural en relieve, realizado en chapa y chatarra, que lleva la firma del Taller Torres García, y cuya autoría se atribuye a Augusto y Horacio Torres. Aquella escuela de artes plásticas influyó en la década de 1950 en la generación de jóvenes arquitectos que estaban actuando, como Acosta, Brum, Careri y Stratta, autores del proyecto del liceo Miranda, realizado en 1956, en una manzana de menores dimensiones a las tradicionales, con estructura en U en los primeros niveles, y en L en los pisos siguientes.

Los orígenes.

En 1908 se había creado por ley lo que se llamó la Sección Central de la Enseñanza Secundaria, en una reforma educativa que establecía un área liceal y otra de preparatorios para futuros estudios universitarios.

En 1912, entró en vigor la norma y desde entonces la cantidad de estudiantes en las aulas comenzó a tener un crecimiento más intenso de lo calculado.

En mayo de ese año, con el fin de descongestionar de estudiantes el edificio de la Sección Central, fue creada la Sección Femenina de Enseñanza Secundaria, iniciándose los cursos en abril de 1913.

En enero de 1916, con el mismo fin, otra ley definió la fundación de dos establecimientos de Enseñanza Secundaria que funcionarían por entonces junto a la Sección Central. En primera instancia se los denominó Liceos de la Capital, y en 1918 pasaron a llamarse "José Enrique Rodó" el N°1 y "Héctor Miranda" el N°2. Sus primeros directores fueron Miguel Lapeyre y Alfredo Samoneti. En ambos centros de estudio existían laboratorios, una pequeña biblioteca y materiales proporcionados por museos.

Al inicio de clases solo había grupos de 1° y 2° año; en el liceo Rodó la matrícula era de 288 estudiantes y en el Miranda llegaba a 381. En 1917, en éste ya se formó la primera Asociación de Estudiantes. Por la década de 1940, funcionó la primera asamblea de profesores que antecedió a las ATD.

Mural firmado por el Taller Torres García en la década de 1950. Foto: D. Borrelli
Mural firmado por el Taller Torres García en la década de 1950. Foto: D. Borrelli

FECHAS Y PUERTAS.

Casonas de los liceos que fueron demolidas.

El céntrico liceo Rodó, que hoy está en Andes 1180 y Canelones, nació en una edificación de la calle Colonia 925 casi Convención, demolida el 11 de mayo de 1981, cuando el bien quedó desafectado como Monumento Histórico Nacional, un nivel de protección máximo que se le había otorgado a mediados de 1976, en una extensa lista de inmuebles en la cual figuraba también el colosal IAVA que en su origen albergó a la Sección Central de la enseñanza secundaria.

El liceo Miranda ocupó por su parte una finca que fue reformada especialmente y se encontraba en la actual calle Fernández Crespo, ex Sierra 2268.

Las mesas de las aulas fueron encargadas a una fábrica de Indiana, Estados Unidos, dedicada a la creación de mobiliario para centros educativos.

Después el Miranda tuvo anexos linderos, en ex Sierra 2260 (desde el año 1932) y en ex Sierra 2274 casi Hocquart, próximo a la circunvalación del Palacio Legislativo. Allí se dieron clases de 2°, 3° y 4° hasta que fue habilitado el nuevo edificio en la década de 1950.

El último número de puerta mencionado pasó a ser el del Liceo N°17 Francisco Acuña de Figueroa; en 2014 las antiguas casonas del primer Miranda dejaron paso a un moderno y funcional edificio de tres plantas, con ascensor.

En las listas de las primeras generaciones de estudiantes que asistieron al Miranda hay nombres que se volvieron famosos. Por ejemplo, Juan Carlos Patrón, catedrático de práctica forense de la Facultad de Derecho y autor de obras teatrales como Procesado 1040.

En 1935, el escritor Mario Benedetti figura asistiendo a clases. Más acá en el tiempo, el maestro Óscar Washington Tabárez.

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