Ecos del mensaje presidencial

Analistas ven desafíos pero no les inquieta el grado inversor

Vázquez lanzó alerta en cadena nacional y habló sobre efectos de perderlo.

La preocupación del presidente Tabaré Váz-quez por una eventual pérdida del grado inversor no es compartida por analistas extranjeros y locales. Igualmente, hay desafíos pendientes como la reducción del déficit fiscal o frenar la suba de precios.

Vázquez dedicó el martes una buena parte de su repaso del primer año de gestión a enumerar las fortalezas que tiene el país a raíz de diferentes políticas llevadas adelante por el gobierno.

Pero luego de varias alabanzas hacia la gestión realizada, lanzó el alerta: la preocupación por una posible pérdida del grado inversor que las calificadoras de riesgo le devolvieron a Uruguay luego de habérselo quitado en la crisis de 2002.

En su discurso, el mandatario no dudó en calificar al grado inversor como "el activo financiero intangible más importante que tiene Uruguay". Un concepto similar fue manejado por el ministro de Economía, Danilo Astori, que en un encuentro con inversores el 12 de noviembre pasado señaló que al grado inversor hay que "cuidarlo como una piedra preciosa".

Vázquez añadió el martes que "de perderse el mismo, los impactos indirectos sobre el sector real de la economía serían muy negativos. La confianza en el país se vería afectada y, con ello, la inversión extranjera directa, la cual ha sido uno de los pilares del crecimiento de los últimos años".

Asimismo, implicaría un aumento significativo en la carga de intereses de la deuda pública (que en 2015 representaron 3,5% del Producto Interno Bruto —PIB—) y aumentaría el costo del endeudamiento para todos los proyectos de inversión, tanto públicos como privados, lo que podría reducir el volumen general de inversiones y por tanto, impactar negativamente en el número de puestos de trabajo".

El último dato poco alentador fue el déficit fiscal en los 12 meses a enero, que se ubicó en 3,8% del PIB, el valor más alto de los últimos 13 años.

Además, el año pasado el déficit fiscal cerró en 3,5% del PIB, que fue un máximo para un año calendario desde 2002. La intención del gobierno es que el período finalice con un déficit fiscal de 2,5%.

A eso se suma la inflación (señalada como una de las mayores preocupaciones del equipo económico) que a pesar de mantenerse dentro de un dígito, incumple permanentemente el objetivo del Banco Central (BCU) de ubicarla entre 3% y 7%. En 12 meses a enero, la inflación fue de 9,68% (el dato de febrero será divulgado hoy).

La ineficacia para poder alinear ambos indicadores dentro de los objetivos podría convertirse en un elemento que hiciera tambalear la permanencia de Uruguay dentro del grado inversor.

Sin embargo, economistas consultados no observan esa posibilidad como un riesgo latente en el corto plazo.

La analista para Uruguay de la calificadora Standard & Poors, Delfina Cavanagh, dijo ayer a El País que Uruguay ya estaba en "investment grade" y el año pasado tuvo una suba de calificación. Ahora, se encuentra en BBB con perspectiva estable a dos escalones de salir del grado inversor.

"Esa suba de calificación refleja la mayor resiliencia que creemos tiene la economía uruguaya ante un contexto global más desfavorable", dijo.

Añadió que Uruguay consiguió una mayor diversificación comercial, económica o de inversiones. "Eso se liga también con todo el trabajo que se ha hecho en términos de manejo de deuda. Esas fueron cuestiones centrales que han permitido que Uruguay esté en una mejor posición para enfrentar un contexto global no tan favorable", expuso Cavanagh.

Indicó que la perspectiva estable que tiene el país en Standard & Poors indica que la calificadora espera que el actual gobierno continúe con sus "políticas económicas sustentables para mantener la macroeconomía de Uruguay saludable".

Igualmente, la analista identificó algunos desafíos que deberá tener en cuenta el equipo económico. En primer lugar se refirió al resultado fiscal.

"Uruguay ha venido teniendo déficit fiscal en los últimos años y esperamos a futuro que el gobierno logre gradualmente revertirlo y busque mayor sustentabilidad fiscal. Ese es uno de los temas pendientes de la agenda de este gobierno", señaló. Otro elemento mencionado fue la suba de precios. "Si bien está a un dígito no han logrado reducirla y siempre está cercana a los dos", remarcó. Por último, enumeró a la dolarización del sistema financiero.

A pesar de esos desafíos, Cavanagh sostuvo que Standard & Poors espera que "el gobierno gradualmente vaya trabajando sobre estos temas", aunque aclaró que "es difícil pensar que Uruguay de un día para el otro bajara dos escalones".

Por otra parte, la calificadora Moodys, en un informe divulgado semanas atrás expresó "es probable" que el gobierno tome "medidas para aumentar los ingresos fiscales y sustentar el esfuerzo de consolidación fiscal. No obstante, si las medidas de consolidación se quedan cortas en reducir el déficit, la deuda seguirá subiendo hacia el 50% del PIB en 2017, lo que socava la credibilidad de la polí-tica fiscal y debilita los indicadores crediticios de Uruguay en relación a sus pares de calificación".

La agencia indicó que el déficit fiscal de 2015 en Uruguay fue mayor al previsto y advirtió que "parece poco probable que el gobierno cumpla los objetivos de consolidación" este año "lo que amenazaría la credibilidad de su política fiscal".

A su vez, agregó que una consolidación fiscal menor a la necesaria, llevaría a un "debilitamiento de los indicadores crediticios de Uruguay en relación a sus pares de calificación".

En el plano local, el direc- tor del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM, Ignacio Munyo, dijo a El País que "la percepción del presidente (Vázquez) fue generar cierta alarma para poder controlar todos los desequilibrios que existen".

Parte de ese desequilibrio fue producto del deterioro de la cuentas fiscales desde 2012 hasta fines de la administración de José Mujica, donde el gobierno se planteó objetivos que no pudo cumplir, dijo Munyo.

En otro orden, el economista manifestó que "Uruguay todavía tiene niveles bajos de deuda. Lo que puede preocupar si la economía no crece, se empieza a estancar, es que la deuda se hace cada vez más pesada y más difícil de pagar".

Igualmente, sostuvo que esa preocupación no está en el corto plazo.

¿Para qué sirve tenerlo?

A Uruguay le llevó 10 años recuperar el grado inversor de su deuda, desde que Standard & Poors (S&P) fue la primera calificadora en sacárselo el 14 de febrero de 2002, hasta que fue también la primera agencia en devolvérselo el 4 de abril de 2012.

Actualmente las cinco calificadoras que evalúan a Uruguay, le dan el grado inversor. Dos de ellas, Moodys y Standard & Poors le asignan una nota que está un escalón por encima del mínimo del grado inversor (Baa2 y BBB respectivamente). En tanto, Fitch, R&I y DBRS le asignan el mínimo dentro del grado inversor (BBB-).

¿Para qué sirve tener el grado inversor? Por un lado hay una menor volatilidad en el precio de los bonos, frente a los que no lo tienen. Eso es positivo para los inversores. A su vez, permite pagar un interés menor cuando se emite deuda comparado con países que no ostentan esa nota. Adicionalmente, permite diversificar la gama de inversores institucionales que pueden comprar deuda uruguaya. Es que hay fondos de pensión estadounidenses y europeos que solo pueden comprar títulos de países con grado inversor. Algunos incluso requieren que las tres calificadoras "grandes" (S&P, Moodys y Fitch) lo otorguen.

También es una suerte de "sello" a la hora de atraer inversión extranjera directa.

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