La columna de Pepe preguntón

El Ajuste

Lo prometieron. Está dicho, reiterado hasta el cansancio y por escrito. En un tercer gobierno del Frente Amplio no se aumentarían los impuestos. Para los referentes económicos del entonces candidato y hoy presidente electo, el doctor Tabaré Vázquez, el elevado déficit fiscal sobre el que la oposición tanto llamaba la atención no debía preocuparnos.

Todo estaba absolutamente bajo control. El déficit fiscal no solo no era desproporcionadamente alto, sino que por el contrario el país tendría margen, en el próximo quinquenio, para financiar incluso ambiciosos programas que suponían un gasto ciertamente elevado, como el Sistema Nacional de Cuidados.

Los que desde la oposición vaticinaban que sería necesario un ajuste fiscal para enfrentar los tiempos por venir estaban, para los referentes económicos del Frente Amplio, equivocados. O no evaluaban adecuadamente el problema desde el punto de vista técnico o decididamente estaban haciendo política y buscando asustar a los ciudadanos a cambio de votos.

Pero bien dicen que la única verdad es la realidad. No bien pasaron las urgencias electorales y ya no fue necesario mirar para un costado, el equipo económico (el actual y el designado, que tienen un mismo jefe y una integración ciertamente casi idéntica) comenzó a trabajar para corregir los graves desequilibrios que los mismos actores se habían encargado de negar durante la campaña.

Se entiende. Nadie capta votos diciendo que va a hacer un ajuste fiscal. Y menos cuando el gobierno que asume es del mismo partido que el que se va. ¿A quién echarle la culpa por lo que se ha gastado de más? ¿A uno mismo? Difícil, por no decir imposible.

Pero los números no mienten. Así que cuando bajó el petróleo, el gobierno entrante y el saliente acordaron, en primer lugar, demorar más de la cuenta una rebaja en las tarifas de los combustibles. Y luego, cuando se hacía evidente que había que bajar, decidieron que la rebaja fuera ciertamente menor a la que correspondía en función de la paramétrica. ¿Por qué? Porque había que hacer caja y recaudar. ¿Para qué? Para tapar una parte del agujero fiscal con el que asumiría el nuevo gobierno y aliviar el rojo en las cuentas de Ancap (uruguayos haciendo el futuro Uruguay, pero a costa de los bolsillos de uruguayos que pagan la nafta más cara del mundo). ¿Cómo se llama eso? Ajuste fiscal. ¿Y la UTE? Terminó subiendo bastante más de lo que se había anunciado y de lo que UTE planteaba. ¿Por qué? ¿Porque hay sequía? No. ¿Por qué hubo que prender la Central Bat-lle? Nada de eso. Solo porque había que hacer caja. ¿Y eso qué es? Un ajuste fiscal encubierto. Hasta el propio presidente José Mujica lo reconoció públicamente.

¿Y ahora? La OSE aumenta más que la inflación. ¿Y eso cómo se llama? Voracidad. Necesidad imperiosa de recaudar para que el rojo de las cuentas públicas sea menos rojo. Lo prometido es deuda. Pero las deudas se pagan con dinero. Y aunque nos dijeron que no, el ajuste fiscal llegó. Y vaya si llegó.

Y nadie nos asegura que haya terminado.

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